Arrankudiaga y Llodio festejan 266 años de paz tras delimitar su frontera

Miembros de la Corporación de ambas localidades y varios escolares acudieron a la ceremonia, que se ha convertido en una tradición.
Miembros de la Corporación de ambas localidades y varios escolares acudieron a la ceremonia, que se ha convertido en una tradición. / LEIRE PÉREZ

Los alcaldes de ambas localidades acudieron ayer a las campas de Aranzazu para recordar el hito que acabó con sus enfrentamientos

LEIRE PÉREZ ARRANKUDIAGA.

Las relaciones al aire libre, sin la rigurosidad que imponen los despachos, son beneficiosas para estrechar lazos entre municipios. Que se lo digan a Arrankudiaga y a Llodio, dos localidades vecinas que cada año desde hace más de doscientos aprovechan el día de Santa Ana para rememorar la historia con un tono de hermandad. Lejos precisamente de los enfrentamientos territoriales que tuvieron lugar en el siglo XVIII entre el municipio vizcaíno y el alavés. El segundo de ellos quiso expandir su poder más allá de los actuales lindes y ocupar buena parte de lo que hoy en día es propiedad del vizcaíno, pero el más pequeño no dudo en iniciar una lucha como la de David contra Goliat y contener el avance del municipio alavés. El resultado: los habitantes de Arrankudiaga se impusieron y la Real Chancillería de Valladolid ordenó colocar un mojón para visualizar hasta dónde llegaban las posesiones de uno y otro ayuntamiento.

Ayer, precisamente en la campa en la que tantas crueles batallas se anotaron, los alcaldes de ambos municipios, Itziar Duoandikoetxea por la parte vizcaína y Natxo Urkixo, por el municipio alavés, volvieron a sellar su amistad y a fundirse en un fuerte abrazo para dejar constancia de que los enfrentamientos entre ambas localidades han pasado a la historia.

A las 9.30 horas de la mañana Duoandikoetxea, acompañada de miembros de la Corporación municipal, inició la subida a la campa desde la zona de Atxeta.

Igual que el año anterior llegó antes de que lo hiciera su homólogo en la localidad vecina, que estuvo arropado de concejales y de un nutrido grupo de chavales, que aprovecharon lo soleado del día para subir al monte. Urkixo se dirigió al lugar por el barrio de Areta. Y la mandataria de EH Bildu no dudó en ponerse al frente de la comitiva y recibir a su compañero de partido tocando el txistu y el tamboril.

Clavar los chuzos

Posteriormente, dejaron cada uno de ellos la makila encima de la piedra y clavaron sus respectivos chuzos, unos palos medievales con punta de plata que representan a cada uno de los dos pueblos y que están grabados. «Con este acto le pedimos permiso simbólicamente a Laudio para que podamos pasar durante el año», explicó la alcaldesa de Arrakundiaga. «Es un acto protocolario, de recuerdo en esta campa de Aranzazu donde antaño se erigía la ermita de Santa Ana. El mojón servía para separar la mitad alavesa y la vizcaína y que los residentes de uno y otro municipio se sentasen en su lado dentro del centro religioso», añadió el mandatario alavés.

El acto está enmarcado en las fiestas por Santa Ana del barrio de Areta, una festividad que se remonta al siglo XVII cuando entonces un alcalde de Llodio, llamado Juan Bautista de Otxoaren, incluyó en el programa una visita al centro religioso. Allí, se preparaba una romeria por todo lo alto.

Los tiempos han cambiado. Hoy ni hay centro religioso ni tampoco los vecinos de uno y otro municipio están separados por las fronteras. Todos juntos celebran el día como ayer volvieron a demostrar en la campa degustando unos pintxos, que este año corrieron por cuenta de las arcas municipales de Llodio. El año pasado le tocó pagar a Arrankudiaga. «Cada año lo traemos uno de los dos ayuntamientos», comentó la regidora. A las once de la mañana se celebró una misa y el centro de mayores de Areta, que lleva el nombre de Santa Ana, invitó por último a comer a los dos mandatarios.

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