Alubiada histórica con aires de charlestón

Los cofrades se disponen a servir la comida.
Los cofrades se disponen a servir la comida. / ASIER ANDUEZA

Los años 20 toman la comida de hermandad de la Cofradía de Udiarraga en el último día de las fiestas patronales de Ugao

ASIER ANDUEZA UGAO-MIRABALLES.

Los vecinos de Ugao-Miraballes se despidieron ayer de sus fiestas en una jornada en la que la gastronomía se convirtió, como cada año, en la invitada de honor. La Cofradía de la Virgen de Udiarraga reunió a 144 personas en la tradicional comida de hermandad. Coincidiendo con el día del disfraz, el Chicago de los años 20, con los gángsters y el charlestón como protagonistas, tomó la tradicional cita, que atesora casi cinco siglos de historia.

Pese a su antigüedad, todavía suscita algunas confusiones que los cofrades se aprestan a despejar: «No es correcto llamarle alubiada al día de la Cofradía, es la comida de hermandad. Tenemos que tener en cuenta que en el siglo XVI ya se sentaban nuestros antepasados a comer, beber y reír. Con buen rollo, sin envidias. Las fiestas de Ugao existen por esta comida, es el origen».

Lo que es innegable es que las alubias fueron, como siempre, el plato fuerte del menú; tanto de la comida de los cofrades como de las que programan en txokos y establecimientos hosteleros las familias y cuadrillas de la localidad. La de ayer fue la primera vez que el encuentro se desarrollaba bajo una carpa en la plaza de la ermita (en ediciones anteriores las mesas se disponían en el mismo lugar pero sin un techo o en el polideportivo). «Conseguimos así resguardarnos de la lluvia y poder celebrar la comida en la misma querida ermita, algo que queremos hacer el resto de años», apuntaba el presidente de la Cofradía, Ernesto Fernández. Como antaño, cuando el centro de la villa acogía los banquetes.

Renovación generacional

El evento se remonta a 1599, época en la que se servía un becerro cocinado en la tradicional caldera, aunque dejó de celebrarse en 1890. La segunda etapa se prolongó entre 1958 y 2008. Tras dos años de ausencia, regresó en 2011, año en el que se produjo además uno de los mayores hitos: la aceptación de mujeres, quienes en cada edición son más. Entre las asistentes se encontraban, vestidas de charlestón, Inma Ibarrondo, Lines, Rafi, Carmen, Ana, Sofía y Blanqui. Fieles al almuerzo, la primera de ellas celebraba que «hace años era gente más mayor la que participaba, pero ahora se ve gente joven, hay una regeneración».

Esta cuadrilla no era la única en dar cuenta del copioso menú, que además de alubias rojas con sus sacramentos incluía bacalao con pimientos y un hojaldre de postre, platos que se afanaban en servir una docena de cofrades. Mari Cruz Cervino, Julio Fernández, Mari Jose Valerio y Carmen Almagro, de la Asociación de Donantes de Sangre, saboreaban las delicias de «una comida -apuntaban- que es para pasarla entre amigos y así seguir conservando la tradición».

Fotos

Vídeos