«Nos han negado el alquiler por ser musulmanas»

Carteles en recuerdo del mantero muerto en Madrid durante la manifestación. /jordi alemany
Carteles en recuerdo del mantero muerto en Madrid durante la manifestación. / jordi alemany

Una manifestación convocada por SOS Racismo aúna las voces de diferentes colectivos contra la xenofobia y la discriminación racial

MARTÍN IBARROLA

«Soy mujer, inmigrante y musulmana. Llevo nueve años en Bilbao y todavía sufro por esta triple carga», explicaba ayer Afaf El Haloui, una marroquí que acudió a la manifestación convocada por SOS Racismo. Uno de los organizadores, Omar Boudaaouir, aseguraba también que Bizkaia no está libre de la xenofobia. «Aquí todavía se ve el antigitanismo, como el caso de algunas familias de Bilbao y Vitoria; existe una clara islamofobia, como los actos contra la mezquita de Bermeo; y siguen los abusos policiales, sobre todo, con las identificaciones de perfil racial». Cientos de personas, muchas de ellas de diferentes etnias, marcharon desde el Arriaga hasta la plaza Corazón de Jesús de San Francisco para exigir, con una sola voz, «una ciudadanía plena».

Afaf El Holoui explica que después de desempaquetar las maletas en la villa se animó a fundar ‘Ahizpatasuna’, una asociación sociocultural que integra y protege a otras musulmanas. Alguna de ellas ni siquiera practican la religión, pero su color de piel o su vestimenta las vuelven vulnerables. «Existe un miedo generalizado hacia nosotras. Circulan rumores que nos describen como terroristas, ladronas y personas de mentalidad cerrada. Cuando entramos en las tiendas nos persiguen como si fuéramos a robar algo. Siempre pesa la sospecha».

Este colectivo lleva meses denunciando sus dificultades para acceder a una vivienda. «Algunos caseros e inmobiliarias nos han negado el alquiler porque somos musulmanas. Piensan que nuestras familias van a hacer ruido y a dejar todo roto». Estas mujeres son especialmente vulnerables, al estar «machacadas» por su propia cultura. «Muchos maridos conservan la mentalidad machista de otro siglo y les impiden ser libres».

Las frases

Afaf El Haloui - Asociación ‘Ahizpatasuna’
«Soy mujer, inmigrante y musulmana. Llevo 9 años en Bilbao y todavía sufro por esta triple carga»
Khadim Samde - Asociación de Manteros
«Ahora vender con la manta es un delito, no una falta. Y lograr papeles con un delito en el historial es muy difícil»
Aura Vázquez - Asociación ’Mujeres del mundo’
«Tuve suerte. Cuando llegué, mi familia ya estaba aquí. Otras hicieron ese proceso solas»

El Holoui señala a la Ley de Extranjería como uno de los principales obstáculos para avanzar. «El proceso para nacionalizarse tarda más de diez años y durante los tres primeros no podemos aspirar a un contrato legal. Ni siquiera nos dejan votar ni participar en la vida política. Realmente, no somos parte de la sociedad».

Khadim Samde tiene 32 años y practica el nomadismo por pura supervivencia. Ayer se unió a otros compatriotas africanos para defender sus derechos. «Vivo en Bilbao, pero viajo por todo el país buscando trabajo como vendedor ambulante». En la capital vizcaína es uno de los integrantes de la asociación de manteros ‘Mbolo Mooyedoole’. Samde explica que las autoridades les obligan a cotizar sobre una base de 800 euros, cuando antes era de 200, una cantidad «imposible». En una semana, dice otro compañero, pueden sacar 50 euros, una cuarta parte de lo que pierden cada vez que les requisan la mercancía.

El racismo suave

«Ahora, vender con la manta es un delito, no una falta. Y conseguir los papeles con un delito en el historial es muy difícil». Este senegalés reconoce que en Bilbao no ha sufrido ningún episodio racista, pero lamenta que no se regularice su oficio. «Estaría bien que se crease un mercadillo donde pudieran vender sus cosas. Lo de las mafias no es verdad, la mayoría compra todo en chinos. ¿Si no les dejan trabajar legalmente, cómo van a ganarse la vida?», cuestiona el secretario del colectivo senegalés de Bilbao, Barra Mgom.

Aura Vázquez acudió a la manifestación con varias compañeras de ‘Mujeres del mundo’, que agrupa todo tipo de historias y tonos de piel. Esta venezolana de 50 años explica que lo único que las une es «el feminismo y la lucha contra la desigualdad social». Vázquez lleva 20 años asentada en la villa, se confiesa bilbaína y no se considera un reflejo de las dificultades que conlleva la inmigración. «Cuando llegué, mi familia ya estaba aquí. Otras hicieron ese proceso solas». Además, Vázquez asegura que el racismo «varía según el tono de piel e incluso el habla. No es lo mismo una latina que un magrebí o una africana. Nosotras sufrimos un racismo más suave, por así decirlo».

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