El muro de hormigón de cuatro metros del Puerto de Bilbao no frena a los polizones del ferry

Aspecto que ofrece el muro, aún por rematar con una verja./F. GÓMEZGráfico
Aspecto que ofrece el muro, aún por rematar con una verja. / F. GÓMEZ

Los inmigrantes utilizan escaleras y cuerdas y acceden por los puntos débiles de la infraestructura

David S. Olabarri
DAVID S. OLABARRI

El muro de hormigón de cuatro metros de altura construido por el Puerto de Bilbao no ha conseguido evitar que los polizones sigan colándose en el ferry y en los buques que unen Bilbao con Inglaterra. A falta de unos pequeños detalles para que se termine la pared con la que se pretende blindar el punto crítico de las instalaciones portuarias -sólo falta levantar una pequeña verja metálica en la parte superior-, el parking en el que los remolques aguardan su turno para ser embarcados en el navío sigue siendo objeto de decenas de incursiones de personas que tratan de esconderse en los containers con el objetivo de cumplir su sueño de llegar a Reino Unido.

¿Cómo lo hacen? Según fuentes portuarias, actúan en grupos organizados de tres o cuatro personas. Muchas veces varios grupos realizan las entradas al mismo tiempo, cada uno por un sitio distinto, lo que limita la capacidad de respuesta de los vigilantes. Utilizan escaleras, cuerdas y todo aquello que les permita superar los cuatro metros de altura de la tapia. Y, sobre todo, buscan los puntos débiles de la construcción, que son básicamente la rampa por la que acceden los camiones a los buques de carga y por el tejado de la terminal del ferry, que está conectado con el parking de remolques y que no es tan alto como el muro.

Es cierto que las fuerzas de seguridad no detectan últimamente tantos ‘saltos’ como hace un par de meses -en algunos momentos llegaron a interceptar a más de 100 polizones por jornada-, pero los expertos lo relacionan sobre todo con el brusco empeoramiento de las condiciones meteorológicas de las últimas semanas. Sospechan que, en cuanto el tiempo amaine, volverá a incrementarse el número de polizones. Básicamente, porque no tienen dudas de que estas personas que quieren llegar a Inglaterra están «perfectamente dirigidas» por individuos que les cobran por llevarles hasta Portsmouth.

La fuentes consultadas consideran que la verja que se está construyendo en lo alto del muro puede reducir algo el número de incursiones, pero recalcan que no va a bastar para atajar un fenómeno que se ha convertido en un problema importante para todas las instituciones implicadas. Pero los campamentos siguen ahí y los saltos siguen produciéndose prácticamente a diario, según explican fuentes portuarias. El propio alcalde de Zierbena, Iñigo Ortuzar, reconoció a este periódico que, después de varios meses en los que la situación se ha estancado, «hay malestar en el pueblo» por el gran número de personas que están acampadas en las inmediaciones de la localidad, pero insiste en que hacen «todo lo que pueden por desalojar» a estos chicos quitando las tiendas en las que aguardan su oportunidad de subir al ferry.

EN SU CONTEXTO

1.885
personas fueron interceptadas por la Guardia Civil dentro del Puerto en los primeros nueve meses de 2017, un 409% más que en 2016.
Coste del muro
230.000 euros costó aproximadamente el muro, cuya construcción está todavía pendiente de culminar. Sólo falta levantar una pequeña verja metálica en la parte superior de la tapia.
2.200
euros debe abonar la naviera Brittany Ferries cada vez que las autoridades británicas descubren a un polizón a bordo. Sin embargo, para ellos el verdadero problema lo constituyen las mercancías. Varios clientes no quieren trasladar su carga desde Bilbao por el deterioro que sufre.
Preocupación
El alcalde de Zierbena, Iñigo Ortuzar, reconoce que hay «malestar» en el pueblo después de meses con la situación enquistada.

Medidas insuficientes

La propia naviera francesa Brittany Ferries, que gestiona los tres servicios que unen cada semana Bizkaia con Reino Unido (dos de los navíos llevan pasajeros y camiones mientras el tercero está dedicado en exclusiva a las mercancías), ha llegado a replantearse públicamente su permanencia en el País Vasco por este asunto. Cada vez que un polizón pone pie en Inglaterra, la compañía tiene que abonar una multa de unos 2.200 euros y, además, está obligada a devolverlo a España. También tiene que abonar el coste del billete de regreso en avión del agente que acompaña a cada extranjero en su entrega. Pero para ellos el verdadero problema son las mercancías. La naviera asegura que varios clientes ya han empezado a pedir el embarque de sus contenedores en Santander o en alguno de los siete puertos de Francia donde la compañía hace escala. «No quieren arriesgarse a venir a Bilbao y perder su carga», reconoció uno de sus directivos hace un par de meses.

El mal tiempo ha provocado un descenso en el número de 'saltos' en los últimos días

Las cifras son contundentes. Sólo en los nueve primeros meses del año pasado la Guardia Civil interceptó a 1.885 personas, un 409% más que en 2016. Se empezó por aumentar el número de cámaras de seguridad, los sistemas de sensores de movimiento y reforzar las verjas. El muro -que ha costado unos 230.000 euros- empezó a construirse el pasado octubre, cuando se comprobó que las medidas de seguridad que se habían establecido hasta entonces eran insuficientes para tratar de impedir que los inmigrantes, en su mayoría de nacionalidad albanesa, accediesen al recinto portuario. El Gobierno vasco defiende la construcción por que el Puerto es «una infraestructura crítica» en la que «hay que asegurar la seguridad de los trabajadores y las mercancías». Un argumento que no convence a las organizaciones sociales y muchas lo han calificado ya como «el muro de la vergüenza». Mientras tanto, los que trabajan en el Puerto o viven en las inmediaciones temen que acabe produciéndose una desgracia en forma de accidente.

«Los 'saltos' se siguen produciendo con relativa normalidad»

Portavoces de la Delegación del Gobierno en el País Vasco reconocieron a este periódico que los ‘saltos’ de polizones se siguen produciendo «con relativa normalidad». Estas fuentes aseguran, en todo caso, que hay que esperar a que el muro esté totalmente terminado para saber el efecto real de la tapia, aunque asumen que seguirá habiendo zonas vulnerables para los inmigrantes que quieren colarse en el ferry.

Además, insisten en que la seguridad del Puerto es una cuestión que atañe a diversos agentes y que la edificación de la tapia es responsabilidad de la Autoridad Portuaria, extremo sobre el que este organismo no quiso realizar comentarios. La naviera Brittany Ferries tampoco quiso hablar sobre temas relacionados con la seguridad ya que, según explicaron, estos asuntos se tratan de forma coordinada.

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