«Ella era una mujer muy elegante y él, muy trabajador»

El yerno fue quien encontró a sus suegros sin vida./LUIS CALABOR
El yerno fue quien encontró a sus suegros sin vida. / LUIS CALABOR

Vecinos y allegados del matrimonio asesinado destacan su carácter «reservado» y las rutinas diarias que seguían «a rajatabla»

JOSÉ DOMÍNGUEZ

Lucía tenía 87 años, «pero nadie lo diría». Siempre bajaba a la calle «impecable, muy elegante con su abrigo, peinada como de peluquería. Y su hija, igual». Maite Iglesias dice que llamaba la atención al pasar. Rafael, el marido, también, aunque a su manera. Los vecinos reconocen que con la misma edad estaba algo más «cascadillo», pero que sus problemas físicos -una invalidez parcial por un accidente laboral, según explican-, no habían mermado su energía vital. «No paraba», subraya su vecina de descansillo, Juana Coello. La edad no era suficiente razón para mantenerles encerrados en casa.

«Cumplían sus rutinas a rajatabla y raro era el día que no salían a la calle», remarcan en la pescadería Pili. Así lo atestigua Sergio López desde el otro lado del mostrador: «Lucía pasaba sí o sí por delante a las nueve o nueve y cuarto, de punta en blanco y con su carrito de la compra, aunque le gustaba ir más al mercado de la plaza». Como muy tarde, regresaba a casa «a media mañana».

Juana Coello apunta que Rafael también salía sobre esas horas. «Solía bajar la basura antes de traer el pan y algún otro recado», recuerda. Intentaba hacerlo todo antes de las diez para ayudar a su yerno, que regentaba Decoraciones Lumi en la plaza Kepa Enbeitia. «Se quedaba en el tienda si su familiar salía a medir un encargo u otra cosa», remarca. Había cogido esa costumbre, aunque ya no tuviese obligación, porque desde el verano el negocio está cerrado.

Las claves

Costumbres fijas
«Lucía siempre salía a la calle a las nueve, de punta en blanco y con su carrito de la compra»
Carácter íntimo
«No eran de alternar, ni cuando eran jóvenes, y en casa nunca se ha oído una palabra más alta que otra»

Más alto que Lucía -«le sacaba igual la cabeza», recuerdan sus vecinos-, Rafael huía de los convencionalismos en el vestir y apostaba por el chándal. «Le gustaba estar cómodo», asegura Juana. Porque, aunque ella era más «de quedarse a la tarde en casa», él si podía volvía a salir.

«Lo que les ha sucedido nos deja sin palabras, porque mi mujer y yo estamos igual, solos en casa», confiesa Delfín Fernández. Compartían portal desde hace más de medio siglo, «y el vacío y el miedo que nos queda es muy grande». Delfín relata que su vecino «trabajó en el montaje de líneas de alta tensión, pero tuvo un accidente grave». «No eran de alternar, ni de jóvenes, y en su casa nunca se ha oído una palabra más alta que otra», resume Juana.

José Luis del Hoyo, desde la carnicería Txanpi, confirma el «carácter prudente y reservado» de la pareja. «Nos conocemos de toda la vida y siempre han sido muy amables, pero muchas conversaciones se limitaban a hola, gracias y adiós», reconoce.

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Lucía y Rafael vivían solos «desde hace al menos 30 años, porque esa debe ser la edad de la nieta». En cualquier caso, los vecinos subrayan que la familia estaba muy pendiente de ellos. «Venían a diario y siempre hablaban por teléfono», dice Coello.

Esa era su forma de vida de septiembre a junio. No así en verano, cuando cambiaban Otxarkoaga por la localidad natal de ella, Pajares de Lampreana. «Su hija compró aquí una casa hace un año para no venir de alquiler», subraya desde este municipio zamorano María Miguel, prima de la víctima. El pueblo, reconoce, se encuentra «consternado por lo ocurrido». «Todos los conocíamos, aunque ella había emigrado a los 15 años para trabajar, que es lo que ambos han hecho toda su vida», remarca María Salvador desde el bar Yoryo. El Ayuntamiento castellano-leonés ha emitido un comunicado para expresar su «dolor» por el crimen y mostrar sus condolencias a la familia.

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