Los motores de los autobuses parados «desvelan» a los vecinos de Garellano

Las obras de Termibus y las de la cuarta torre complican la circulación a primera hora de la mañana./M. Cecilio
Las obras de Termibus y las de la cuarta torre complican la circulación a primera hora de la mañana. / M. Cecilio

Los residentes se quejan de los ruidos de los vehículos estacionados por la noche, mientras el Consistorio asegura un seguimiento «férreo»

OLATZ HERNÁNDEZ

El pasado lunes los ecos de las obras de Termibus llegaron hasta el alcalde, Juan Mari Aburto, a través de la pregunta de un oyente en Radio Bilbao. «Hemos cumplido un año de la puesta en marcha de la estación provisional. Un año que para los residentes de los edificios de Garellano se ha convertido en una pesadilla. Los autobuses no apagan los motores en las dársenas, los guardas no se lo exigen a los conductores y el Ayuntamiento no sanciona a las compañías que no cumplen. Todas estas son medidas anunciadas por el señor Barkala», lanzaba enfadado el vecino.

Desde el comienzo de las obras, el Ayuntamiento de Bilbao diseñó un plan de choque para frenar las molestias a los 1.500 vecinos de la zona de Garellano y creó un equipo en el área de Obras y Servicios para estar en contacto con los residentes. «Cada día entran y salen mil autobuses. El primero a las cinco y media de la mañana y el último a las dos de la madrugada», explica Javier Muñoz, presidente de la Federación de Asociaciones de Vecinos de Bilbao.

Ante esta situación, el Consistorio se comprometió a garantizar que los autobuses apagaran el motor al entrar en la dársena. El área de Obras y Servicios sostiene que se le ha exigido a la concesionaria el cumplimiento de esta medida. «Hemos abierto un expediente de sanción por incumplimientos en dos ocasiones», detallan. Dos veces al día, todos los días de la semana, un inspector -técnico del área- se encarga de hacer un «seguimiento férreo» y comprueba que los conductores apagan el motor al aparcar los vehículos.

«Se cumple depende del día, a veces sí y otras no. Durante el día, el estruendo se solapa con el resto de ruidos. Vivo en el primero y es insoportable, ya tengas la ventana abierta o cerrada», se queja un residente del portal número 13 de Garellano, uno de los más afectados por situarse justo encima de la estación. «La comunidad está muy enfadada. Si les reclaman a los conductores, estos les dicen que van a estar solo cinco minutos. Al final pasan un montón de tiempo haciendo ruido y contaminando», traslada Begoña Vivanco, presidenta de la Asociación de Vecinos de Basurto.

LA CIFRA

1.000 autobuses entran y salen de la estación cada día. El primero a las 5.30 horas de la mañana y el último a las dos de la madrugada.

Ruido «multiplicado»

¿Ese autobús parado tiene el motor encendido? Al minuto da marcha atrás y desaparece. Falsa alarma. Durante el día, las señales acústicas se mezclan y es difícil encontrar su origen: pitidos, golpes, tráfico... «El ruido no se suma sino que se multiplica exponencialmente», apunta Javier Muñoz.

Sin embargo, a la noche el motor de un solo autobús puede llegar a quitar el sueño. «Nos sentimos engañados. Estamos hartos de palabras huecas. No poder descansar en tu propia casa es muy triste», lamentaba el vecino que interpeló al alcalde en la radio.

«Se exige el cumplimiento a la concesionaria. Hemos abierto un expediente por dos infracciones»

«Yo no puedo más que pedirles disculpas por las molestias que se están generando», respondió Aburto, al tiempo que manifestaba que se está intentando dar cauce a las quejas de los vecinos para «paliar esas molestias sabiendo que no las podemos eliminar del todo».

En pocos metros se concentran en San Mamés la estación provisional de autobuses, las obras de Termibus y la construcción de la cuarta torre de Garellano. Lo que deriva en más problemas. Sobre las siete y media de la mañana confluyen en la calle Luis Briñas los autobuses, los camiones y los usuarios de las 1.500 plazas de garaje de las viviendas próximas. «Intentamos reducir la afección lo máximo posible. Hay un señalista que va dando paso a los vehículos. Los camiones con tierra de la obra de Termibus salen directamente al semáforo de Luis Briñas con Zunzunegi y estamos acondicionando una nueva salida en Gurtubay, en la zona más alejada de las viviendas», explica el Ayuntamiento.

«Se pasan un montón de tiempo haciendo ruido y contaminando. La comunidad está enfadada»

A pesar de las quejas, los vecinos conservan la esperanza de que la nueva Termibus traiga mejoras a largo plazo. La estación contará con cuatro plantas subterráneas y dará servicio a más de cinco millones de viajeros al año. «Si la obra es para bien, se entiende que es algo que hay que pasar. Con la nueva estación los autobuses saldrán por una calle que no es Briñas. Irán por Gurtubay directamente a la A-8. Eso será una ventaja», concluye Javier Muñoz.

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