Monitorizando

La implantación de la OTA se complica

Una joven pagando la OTa desde la aplicacion movil, en Bilbao./JORDI ALEMANY
Una joven pagando la OTa desde la aplicacion movil, en Bilbao. / JORDI ALEMANY
Pablo Martínez Zarracina
PABLO MARTÍNEZ ZARRACINA

El cobro por el aparcamiento ha cambiado mucho. Acuérdense de los parkings de las playas. Bastaba con equipar a un paisano con una silla plegable (para que se sentase) y un sombrero de paja (para que no muriese) y encargarle el cobro campechano pero inflexible de lo establecido a cada coche. Antes de la OTA, funcionaba el OTI, siempre que el paisano encargado del estacionamiento y la exacción respondiese por Otilio.

Hoy el bilbaíno que se maneja con soltura por el lado cibernético de la vida puede descargarse en el telefonito la ‘app’ de la OTA y olvidarse de buscar parquímetro: tiene uno en su pantalla. Esto sucede desde el verano, es imponente y ha dado muchos problemas. Solo en septiembre se recibieron más de dos mil quejas. El concejal de Movilidad compareció ayer para explicar que el sistema se engrasa y las quejas remiten. También quiso aclarar su origen. Según Alfonso Gil, algunos de los problemas han tenido que ver con el ‘software’ de los parquímetros y ya se están resolviendo. Un técnico municipal dijo que vigilan a la empresa «con rienda corta». Otros problemas serían más inevitables: los de cualquiera cuando estrena televisor o cámara de fotos: ese desconcierto tecnológico que aminora con el tiempo hasta desaparecer.

Aun así, el Ayuntamiento ha expedientado varias veces a la empresa que se encarga del servicio. Y se ha encargado de que aumente su capacidad para atender al usuario. Alfonso Gil insistió en que la elevación de la OTA a la categoría futurista está siendo muy compleja (el traspaso de poderes con la empresa anterior fue «horroroso», según el concejal), pero merecerá la pena. Lo hará al parecer de un modo decisivo. Por la comodidad para el ciudadano y por el control que adquirirá el Ayuntamiento sobre el tráfico y el estacionamiento. El objetivo es «monitorizarlo» todo, lo que enlaza con la idea de la ciudad inteligente. Los tiempos van como locos: el hijo de Otilio trabaja con impresoras 3-D que funcionan solo en la realidad virtual. Ayer, en distintos actos, el lehendakari Urkullu y la consejera Tapia avisaron de que la «Cuarta Revolución Industrial» ya está aquí. Tiene que ver con el internet de las cosas y la digitalización industrial; causa un inevitable temor panóptico. Pero hay que estar a la altura de esta Cuarta Revolución. Incluso quienes no sabemos en qué consistió exactamente la Tercera.

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