«Todo lo que se ha hecho en Bilbao en los últimos 40 años lo he inaugurado yo»

Mikel Bilbao, con el galardón de Txirene del año./JORDI ALEMANY
Mikel Bilbao, con el galardón de Txirene del año. / JORDI ALEMANY
Mikel Bilbao - Txirene of the year 2017

El txistulari «oficial» de la villa y su compañero Josetxu Jáuregui reciben en el Arriaga el galardón que entrega anualmente Bilbao Historiko

MARTÍN IBARROLA

Mikel Bilbao confiesa que comenzó a tocar el txistu «dando la tabarra» a sus vecinos de Solokoetxe. Este vizcaíno de 73 años fue galardonado ayer con el premio Txirene of the year 2017 por Bilbao Historiko. Rodeado por los ‘sospechosos habituales’ de la villa, asegura que no hay lehendakari o alcalde al que no haya acompañado con el tamboril al hombro. Le entró el gusanillo escuchando a la Banda Municipal de Txistularis que marchaba los domingos desde el Ayuntamiento hasta San Antón, aprendió música con los franciscanos de Irala y se jubiló oficialmente en 2009. Desde entonces no ha frenado el ritmo: actos, bodas, funerales, reuniones, fiestas...

- ¿Con qué personalidad se ha sentido más a gusto tocando el txistu?

- Recuerdo con cariño cuando recibí al Dalai Lama en Gernika. Me regaló una bufanda que todavía guardo en casa como oro en paño. Pero me costaría elegir a una sola persona, todo lo que se ha hecho en Bilbao en los últimos cuarenta años lo he inaugurado yo.

Por mucho que ahora sea oficialmente el Txirene del año, no parece que esta declaración sea una fanfarronada. Hermano Mayor Honorario de la Cofradía de Begoña, Zaranbolas del carnaval, Villano de honor, Académico del cerdo, Txikitero de honor, pregonero del Centro Extremeño o txistulari de la Gota de Leche son algunos de los títulos que ha acumulando poniendo música a los cantones de la villa. Aunque Mikel también trabajó durante mucho tiempo en una carpintería. De esos años le ha quedado la amputación de dos dedos y unas palmas gruesas.

«Vi cómo lanzaban la piedra que dejó ciego de un ojo al alcalde Robles después de las inundaciones»

- No puede usar el anular y el meñique de la mano izquierda, como el guitarrista Django Reinhardt.

- De joven metí la mano donde no debía y me quedé sin estos dedos. Acoplé una anilla adaptada para poder sujetarlo con la mano mala y ya no he vuelto a tener problemas.

Amante de los paseos por el monte, reconoce que no está como para escalar ochomiles. «¿Y el Pagasarri?». «No te pases. Me conformo con subir a Artxanda. Piensa que no pude acudir a la inauguración del Guggenheim porque me operaron del corazón». Parece que solo causas mayores como esta han conseguido que se pierda un acto oficial. Mikel es un testigo directo de la historia de la ciudad. «Después de las inundaciones, el alcalde Robles fue a dar una vuelta por las siete calles y unos ganorabakos le lanzaron piedras. Lo vi porque estaba tocando a unos metros de distancia. Lo dejaron ciego de un ojo». También rememora su adolescencia, cuando un sargento de la Guardia Civil de Villaro le dio «un par de hostias, me tiró el txistu y me metió en el calabozo». Había tocado una parte del Eusko Gudariak.

- Hay quien no soporta el sonido agudo del instrumento.

- Está afinado en fa sostenido, medio tono más de lo que canta la gente normalmente. La garganta es el instrumento más perfecto que existe y se puede adaptar a cualquier cosa, pero hay a quien que no le gusta cambiar...

Mikel Bilbao cree que la música vasca está «más fuerte que nunca», de hecho sus dos hijos están decididos a seguir sus pasos con el txistu: «Lo que verdaderamente falta no son canciones, sino empleos». Este txikitero profesional reconoce que tocando es cuando «más a gusto» se encuentra. Es la misma pasión por la que también galardonaron a Josetxu Jáuregui, otro txistulari que comenzó con 14 años y aún conserva fuerza en sus pulmones. Cuando le pidieron que «dijera dos palabras», hizo gala del premio humorístico que acababa de recibir. «Bueno, pues si son dos, eskerrik asko». Y abandonó la tribuna.

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