El metro declara la guerra a los globos de hidrógeno de los niños

Los carteles se han colocado este fin de semana en las estaciones situadas en los municipios de Barakaldo y Santurtzi. / Ivonne Fernández

Recuerda que están prohibidos porque llevan dentro un gas inflamable que podría causar un cortocircuito si toca la catenaria

JOSU GARCÍA

Cuestan entre tres y cinco euros. No hay fiesta en Euskadi en la que no se vendan. De diversos colores, tamaños y formas. La mayoría de los diseños están inspirados en personajes de dibujos animados. Los globos de helio (realmente están hinchados con hidrógeno), sin embargo, pueden suponer un problema de seguridad dentro de las instalaciones del metro. Por este motivo, están prohibidos en el suburbano. Cada año por estas fechas, cuando arrancan las celebraciones populares en la mayoría de los municipios de Bizkaia que cuentan con servicio ferroviario, la compañía de transportes que gestiona las Líneas 1 y 2 lanza una campaña para advertir a los usuarios de que no se permite el acceso a los andenes con este divertimento infantil.

LA CLAVE

Durante una hora: En diciembre de 2015, cinco estaciones del metro de Madrid quedaron fuera de combate por un globo

¿Cuál es el motivo? Algo en apariencia tan inofensivo puede llegar a paralizar por completo el ferrocarril subterráneo. «Estos globos tienen hidrógeno, que es un gas inflamable», explican desde Metro Bilbao. «Si a un niño o adulto se le escapara de las manos podría volar hacia la catenaria y provocar un cortocircuito», explica una portavoz de la entidad.

Los globos están hechos de una fibra que contiene material metálico. Actúan como un transmisor de la electricidad. Al tocar los cables por donde circula la energía que mueve los trenes, el recubrimiento del globo podría romperse, liberando el gas. Esto causaría un fogonazo o una pequeña llamarada, lo que, a su vez, desembocaría en un cortocircuito por la sobretensión generada. En consecuencia, podría producirse un pequeño apagón o una pérdida de tracción en las unidades que se encuentren próximas al lugar.

Incluso puede llegar a ser peligroso para los viajeros, aunque lo normal es que, de producirse, la única consecuencia sea la paralización momentánea del servicio. En Metro Bilbao nunca ha sucedido. Pero este escenario sí que se ha dado en suburbanos de otras ciudades. En Madrid, por ejemplo, en diciembre de 2015, un globo de hidrógeno abandonado en la terminal de Sol dejó fuera de combate cinco estaciones del centro de la capital durante una hora. Un contratiempo irritante para miles de clientes y un perjuicio económico grande para las arcas públicas.

En las expendedoras

Como viene haciendo ya desde hace unos años, Metro Bilbao ha colocado estos días carteles en Santurtzi y Barakaldo, municipios que disfrutan de las fiestas de El Carmen, en los que se recuerda la prohibición «por motivos de seguridad». La advertencia también se muestra en las pantallas de las Meat (máquinas expendedoras para sacar el billete). Ayer, en la localidad fabril, a más de un usuario le cogió por sorpresa el aviso. «Por seguridad, pero ¿por qué?», se preguntaba una madre. «Se agradecería que ofrecieran una explicación más detallada», añadía.

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