El mercado de la droga en Bilbao cambia la calle por el Whatsapp

La calle San Francisco, en Bilbao, en una fotofrafía tomada hace unos días./Luis Ángel Gómez
La calle San Francisco, en Bilbao, en una fotofrafía tomada hace unos días. / Luis Ángel Gómez

El menudeo de Las Cortes cede terreno ante las nuevas tecnologías, mientras los camellos trasladan su centro de operaciones a zonas como Rekalde o Santurtzi

MARTÍN IBARROLABilbao

Un joven con capucha levanta el alcorque de un árbol en la calle Mena, desentierra una bolsa con cierre hermético, se acerca a un coche con el motor encendido y apoya sus manos sobre la ventanilla del conductor. Es una de las muchas escenas a las que se han acostumbrado los vecinos de San Francisco, que observan las rutinas del trapicheo desde la discreción de sus balcones. Este barrio, junto a Otxarkoaga, sigue siendo un lugar de referencia para los consumidores de droga. Un ertzaina de servicio, con casi 20 años de experiencia en estas calles, explica a EL CORREO que el menudeo ha descendido considerablemente mientras no quita ojo a lo que sucede a su alrededor. «Antes deteníamos a ocho personas a la semana sin dificultad. Ahora, para pillar a uno vendiendo una lágrima (dosis de heroína envuelta en papel) hace falta un seguimiento de horas. El mercado de la droga está presente en el barrio, pero el intercambio no siempre sucede aquí».

El ambiente cada vez más joven y cultural de San Francisco no ha acabado con los reductos donde persiste la marginalidad. Recientemente salió a la luz un piso del portal 51 de la calle principal donde supuestamente se trafica a plena luz del día. La comunidad no puede más. Dos residentes, pendientes de una orden de desahucio que se ejecutará el próximo mes, reciben visitas de consumidores a altas horas de la noche. Como la vivienda carece de telefonillo, aporrean el portal o gritan desde la calle a uno de estos sujetos, al que llaman ‘el Conde’. Otros adictos calman el ‘mono’ en pisos más apartados del control policial, como el que desmantelaron la semana pasada en Barakaldo, acuden a zonas donde «se sabe» que venden ‘chismes’ de mayor pureza, como el barrio bilbaíno de Rekalde o Santurtzi, mandan un whatsapp al camello para quedar en puntos acordados o encuentran lo que necesitan en las páginas más oscuras de internet, que después envían la mercancía por mensajería en pequeñas dosis. El incremento en la variedad de las sustancias ha creado un nuevo abanico de medios para conseguirlas.

Sustancias más consumidas

Cannabis (marihuana y hachís)
La droga ilegal más consumida en Euskadi. Su pureza suele ser alta y los adulterantes son vegetales y poco tóxicos (con excepciones). El gramo ronda 5 euros.
Anfetaminas: speed
Su pureza media es del 50% (con grandes diferencias, según la dosis). El gramo cuesta 25 euros y suele estar mezclado con cafeína.
Cocaína
Tiene una pureza media del 30% (con cada vez más casos del 80%). El gramo cuesta 60 euros y suele ‘cortarse’ con levamisol.
Heroína
Su pureza habitual ronda el 5% (con peligrosas excepciones). El gramo vale unos 50 euros y se adultera con paracetamol y cafeína.
Nuevas drogas psicoactivas
Alfa PVP, Metilona, 2-CB... Las nuevas drogas cambian su composición molecular tan rápido que ni siquiera se pueden fiscalizar.

De todas las ilegales, las que más abundan en la calle son la marihuana y el hachís. El cannabis se ha vuelto, según confirman los expertos, en el rey del menudeo en Bizkaia. El Departamento de Salud del Gobierno vasco recuerda en sus últimos informes que Euskadi encabeza los mayores consumos de toda Europa, aupado por lo que definen como «una percepción social de inocuidad».

La ‘maría’ y el costo son ahora la tercera droga con mayor número de dependientes en tratamiento, por detrás del alcohol y la cocaína. «Entre los 15 y los 21 años es cuando se desarrolla la parte más importante del lóbulo frontal del cerebro. Sin duda, un momento clave para la educación. Los adolescentes están sometiéndose a un proceso gravísimo de deterioro precoz por cannabis y alcohol todos los fines de semana y, sin embargo, parece no haber una alarma social al respecto», critica el neuropsiquiatra Javier Aizpiri, doctor en el Instituto Médico Burmuin y especializado en drogodependencias.

Superman y la ketamina

La asociación Ai Laket!! acostumbra a viajar con un servicio ambulante de información por las fiestas de Euskadi y analiza las drogas que facilitan los propios consumidores. «En una noche podemos recibir dos dosis de una misma droga cuya pureza varía del 10% al 100%. Muchas veces los usuarios no saben qué se están metiendo, por eso estas pruebas evitan riesgos mayores», explica Unai Pérez de San Román, coordinador de la iniciativa.

Sus registros se vuelven además un buen baremo de las nuevas tendencias del mercado ilegal en nuestro territorio. Ai Laket!! forma parte de Sistema de Alerta Temprana de la Unión Europea, que divulga la aparición de sustancias desconocidas hasta la fecha. Según Pérez de San Román, 2017 sido «bastante tranquilo» en ese aspecto, aunque recuerda que en años anteriores vivieron casos preocupantes como el PMMA, una peligrosa droga que se presentaba con un logo de Superman y que provocó al menos una sobredosis en Euskadi; o la tiletamina, un anestésico utilizado en veterinaria que se vendía como Ketamina.

En su contexto

5.335
sustancias se analizaron en Euskadi tras 2.371 decomisos realizados por diferentes fuerzas policiales. Cannabis, cocaína y heroína siguen a la cabeza, con purezas cada vez más altas. Además, se incautaron 130 kilos de ‘khat’, una cocaína africana popular entre los piratas somalíes.
La narcosala del andén
Bilbao y Barcelona son las únicas ciudades con narcosalas. ‘El andén’, regentada por Gizakia en la calle Bailén, cuenta con un amplio programa de reinserción. Atiende a más de 400 usuarios politoxicómanos y en grave exclusión social.
Falso repunte de heroína
A pesar de la «sensación» que se comenta en la calle de un repunte de heroína, policías, médicos y asociaciones asistenciales no ofrecen datos que lo avalen. En EE UU sí se ha confirmado una crisis grave de los opiáceos debido a la adicción a los fármacos.

«Las nuevas sustancias psicoactivas suelen imitar los efectos de drogas conocidas -explica-. Los laboratorios que las fabrican cambian su composición molecular tan rápido que las autoridades no tienen tiempo para fiscalizarlas y estas acaban vendiéndose de manera alegal. Este mercado se ha vuelto una carrera entre la legalidad y la química».

Un alto cargo de la Unidad Antidroga de Bilbao, que el año pasado realizó 47 operaciones y 49 detenciones, recuerda que «somos animales de costumbres y, más allá de las modas, existen unas drogas habituales». Los estudios oficiales confirman que la segunda más consumida en Euskadi es la anfetamina conocida como speed, una peculiaridad identitaria ya que en el resto de España prima la cocaína. La misma fuente descarta un repunte de la heroína, sobre el que se ha rumoreado mucho en los últimos meses. «El tráfico en el mercado ilegal sigue siendo residual, pero se mantiene estable».

Confesiones de la ‘farla’

En los decomisos y operaciones diarias también han observado un perfil diferente al «toxicómano de la vieja guardia, que sobrevivió a los 80. Hay un prototipo de varón de mediana edad con trabajo, apariencia normal y que inhala o fuma heroína». El daño, eso sí, es el mismo. En general, muchas adicciones se alejan de la marginalidad «tradicional». «Ha aumentado el consumo de ocio y la variedad del catálogo».

Un hombre de 47 años detalla a cambio del anonimato su tormentosa relación con la cocaína. Hass, seudónimo que adopta, se alegra de llevar más de un año sin probar la ‘farla’. «Mi vida ha sido un fogonazo, y siempre me recuerdo enfadado». Este vizcaíno se dedicaba al interiorismo, una profesión que le hizo ganar mucho dinero en muy poco tiempo. «En un solo día podía gastarme 3.000 euros en cocaína y prostitutas de lujo. Lo más triste es que ni siquiera follábamos. Me quedaba seco». Consumió hasta 10 gramos de ‘grasa’ diarios, lo que se traduce en 600 euros. «Celebrábamos los cumpleaños dibujando ‘felicidades’ con rayas y usábamos cocaína a modo de ‘aftershave’. Su pata negra eran las ‘alitas de mosca’, una piedra de ‘farla’ tan pura que al desmenuzarla surgían tiras finas que simulaban las alas de un insecto. El momento más bajo, «cuando robé las joyas de mi ama. Si necesitas una raya, no paras hasta conseguirla. Cuando te ha atrapado, ya no hay escapatoria».

La cocaína fue su amante durante más de 20 años. «No he pasado tanto tiempo seguido con ninguna persona. Solo he podido despedirme de ella gracias a la familia y a los amigos». Después de purgar el síndrome de abstinencia en un psiquiátrico y pasar una temporada internado en la fundación Gizakia, tantea la incertidumbre de una vida normal. El se confiesa católico, aunque huye de los curas. «Solo voy a la iglesia cuando está vacía. Tengo una lista de gente que murió mientras yo no estaba. Les rezo a todos y me piro».

El disolvente se populariza entre los jóvenes extranjeros
La Policía practica un arresto por narcotráfico.
La Policía practica un arresto por narcotráfico. / Luis Calabor

Los que se colocan con disolvente suelen hacerlo de dos maneras. Con el método ‘bagging’, es decir, esnifando los vapores de una bolsa rellena con este producto, o con el ‘huffing’, empapando una prenda en acetona o sustancias similares e introduciéndosela en la boca.

Si bien ya se conocían consumidores habituales en los aledaños de la plaza Indautxu de Bilbao, en los últimos años también parece haberse popularizado entre los ‘jenas’ (jóvenes extranjeros no acompañados). Profesionales de los servicios sociales de Bilbao se muestran especialmente preocupados con esta nueva tendencia, dada la toxicidad del hábito y la frecuencia con la que lo practican.

Koldo Callado, profesor de Farmacología de la UPV/EHU, asegura que un adicción prolongada puede causar daños irreversibles en dos años. «Los efectos son parecidos a los de una borrachera rápida. Básicamente altera el funcionamiento del sistema nervioso central y pierden la conciencia de prácticamente todo. El hambre, el frío, el sueño, la concentración, la memoria... Desconectan de la realidad por completo». Los daños, dice, son muy graves. «Algunos gases, como el tolueno o el butano, pueden provocar desde ceguera o pérdida auditiva hasta una muerte súbita».

Esta variedad de disolventes son baratos y legales. Un joven o incluso un menor puede comprar acetona, pegamento, quitaesmalte o productos similares en una tienda sin levantar ninguna sospecha. Después de adquirirlo, lo inhalan por zonas como Zorrozaurre, San Francisco y Solokoetxe.

Esta tendencia comenzó a extenderse hace ya más de dos años. Manuel González de Audikana, director del Instituto Deusto de Drogodependencias, recalca el carácter comunitario del consumo: «Se pone de moda en su entorno y lo imitan», aunque asegura que está más extendido en Estados Unidos y otros países europeos.

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