«En Masustegi hicimos la bilbainada de comprar el barrio entero a la cantera»

El Consistorio lanzó sin éxito una oferta similar a vecinos de Betolaza, y la mantiene a otros de Altamira y Zurbaran

J.D.

Asier Abaunza asegura que en Bilbao nunca se ha desarrollado una actuación urbanística tan ambiciosa contra la infravivienda que llegó de la mano de la gran expansión de mediados del siglo XX. «Lo más parecido, y a mucha menor escala, hace menos de una década en las calles Claudio Gallastegui y Saralegi (Miribilla)», subraya. Pero el concejal de Planificación Urbana matiza que eso no significa que no se haya intentado en otros barrios y, sobre todo, que no se vaya a seguir proponiendo.

Es el caso del centenar de familias que viven encaramadas en la ladera del monte Arraiz, en Betolaza. Abaunza explica que «en el avance de la revisión del Plan General de Ordenación Urbana es propusimos una operación similar a la de Iturrigorri con diferentes escenarios y grados de derribo y realojos». Incluso los responsables municipales organizaron dos «sesiones monográficas» con los residentes, que se negaron en redondo. «El compromiso es dejar las cosas como están y dentro de ordenación, aunque cuando vean cómo queda Iturrigorri igual se lo piensan», puntualiza.

La misma propuesta se les ha transmitido a los dueños de las casas dispersas que hay en la zona de Landetabidea, en Zurbaran, que ahora están fuera de ordenación. Y el edil apunta que un proceso similar se va a seguir para buscar soluciones a las empinadas escaleras de Arestizabal, en Altamira.

Las intervenciones en los barrios, en cualquier caso, han resultado cuando menos curiosas en otras ocasiones. En la actualidad, el Ayuntamiento estudia la posibilidad de eliminar las barreras arquitectónicas en Masustegi con rampas o ascensores, aunque hace apenas un lustro las preocupaciones eran otras bien distintas. Los vecinos tenían las escrituras legales de sus casas en orden, pero ninguno era dueño del suelo, propiedad todavía de la cantera de Miguel de la Vía, que había dejado a los vecinos construir sus casas tras desistir de la idea de explotar esa ladera. «Hicimos la bilbainada de comprar el barrio entero por 1,5 millones y luego fuimos vendiendo a cada propietario la parte de suelo que le correspondía», recuerda.

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