Mastines contra lobos en Carranza

Doce explotaciones ganaderas del valle ensayan un plan para prevenir ataques con perros de defensa, vigilantes y localizadores para las reses. En dos años y medio se han registrado 59 casos

Eder Santisteban cuida del medio centenar de ovejas que componen su rebaño a dos kilómetros del barrio de Concha con ayuda de dos mastines. «Es bueno tener perros», reconoce. / Fernando Gómez
IZASKUN ERRAZTI

Seis de la mañana. Empieza la jornada para Eder Santisteban Llaguno, un ganadero de Carranza que antes de que le salieran los dientes ya andaba entre animales. Las veinte vacas, la yegua y el tractor que tenían sus padres fueron reclamo suficiente para despertar su vocación. Sólo en él, porque sus cuatro hermanos «no quisieron saber nada del tema», recuerda el joven, de 34 años. La cosa empezó cuando tenía ocho, con una cordera que compró por mil pesetas. «La crié a biberón». Hoy cuida de 59 ovejas carranzanas de ‘cara rubia’, 289 vacas lecheras de raza frisona, 9 cabras y 39 yeguas. Y está tranquilo, al menos más que hace tres años, cuando el lobo, que reapareció en Bizkaia hace dos décadas, hizo alguna que otra escabechina en el valle carranzano y sus alrededores. Los últimos datos hablan de 59 ataques desde enero de 2015 hasta el día de hoy, el 89,9% de ellos en esta zona.

La de Santisteban es una de las doce explotaciones encartadas que desde mediados del pasado año participa en una experiencia piloto que busca la convivencia entre la actividad ganadera y la fauna salvaje. Una iniciativa «innovadora» auspiciada por la Unión Europea y el Gobierno vasco que combina el uso de mastines, vigilantes y localizadores GPS y que concluirá en diciembre de 2018.

Un año antes de que el proyecto empezara siquiera a perfilarse, la Diputación, que lleva años aplicando medidas relativas a la predación del lobo, estrenaba legislatura con un nuevo ataque al ganado. «Fue el 31 de enero, recuerda Lucía Isla, directora de Agricultura. «Carranza era un polvorín. Los ganaderos estaban muy enfrentados por el tema, y en enero se organizaron dos batidas». La conflictividad social se disparó entonces. «Había que hacer algo», admite. En ello estaban los responsables forales cuando cayeron en la cuenta del decreto de ayuda a la cooperación que cada año saca el Gobierno vasco y decidieron ponerse en marcha, «llamar a varios agentes a sentarse y trabajar en un proyecto común».

«Teníamos que aprender a convivir, como en otros lugares. Porque ni pueden ser eliminados unos ni otros», razona Isla. Con esa filosofía surgió el denominado ‘Grupo Operativo (GO) Ganadería-Lobo’ y su plan de actuación, que fue subvencionado con 125.000 euros, el 75% procedente de fondos europeos. Cuatro socios están detrás de él: Consultora de Recursos Naturales SL, que por su experiencia -ha coordinado el 70% del censo nacional del lobo- ejerce como líder, con Mario Sáenz de Buruaga a la cabeza; Neiker-Tecnalia, entidad pública adscrita al departamento vasco de Desarrollo Económico y Competitividad; Lorra Sociedad Cooperativa, que aglutina a más de 4.000 productores vizcaínos; y Enkarterrialde, asociación de desarrollo rural de Las Encartaciones, con Txus Gómez como portavoz.

Josu Galdós, el vigilante, con ‘Laika’ en brazos.

Centrado en la prevención y con el objetivo de bajar la vulnerabilidad de la ganadería extensiva -animales criados en libertad- en Carraza y su entorno, el GO trabaja a pleno rendimiento desde julio de 2016 y «ahora estamos en pleno crucero», describe Sáenz de Buruaga.

Tres son las líneas maestras. La primera, la introducción de perros de defensa para el ganado, en este caso mastines. «Puros, de trabajo, que vienen de la Montaña leonesa ya impregnados y saben bien lo que tienen que hacer», detallan desde la Diputación. Como ‘Neska’, de cuatro meses, y ‘Laika’, de ocho, que trabajan con Eder y su rebaño de ovejas en Manzaneda Sierra, a dos kilómetros del barrio carranzano de Concha.

400 euros por perro

Los catorce mastines ya comprometidos para el programa, valorados en 400 euros cada uno, se quedarán en sus nuevos hogares. Eso sí, siempre que los ganaderos cumplan su compromiso de poner en manos de otros colegas los cachorros de al menos la primera cría. «No van a evitar el 100% de los ataques. Eso lo tengo claro», advierte Santisteban. «Pero es bueno que la gente ponga perros. Aunque si se ponen muchos va a haber un problema». ¿Por qué? «Porque aquí no se respeta al ganado. La gente se mete entre los animales, van con sus chuchos, los dejan sueltos...», lamenta.

Josu Galdós Herboso, otro carranzano de pura cepa, de 42 años, representa la segunda línea de trabajo ligada al ensayo. El es uno de los cuatro vigilantes que, contratados con cargo al programa, ayudan a los baserritaras del valle divididos en dos áreas: la de Ordunte y la de Armañón. Su jornada, de ocho horas, empieza con una ronda por las zonas de paso más habituales del lobo «para rastrear huellas». Además, hay que controlar la presencia de buitres, «porque te delatan un posible ataque o la caída de alguna res durante la noche», añade este antiguo comercial, un «apasionado de la naturaleza» que se conoce «palmo a palmo» los montes de Carranza. «Burgüeño, Ordunte, el Zalama, que con 1.335 metros es el más alto del valle...», detalla sin perder de vista las ovejas que Eder Santisteban tiene «porque me gustan, porque no dan más que pérdidas», dice el propio ganadero. Ni siquiera el queso que elabora con su leche le compensa. «No hago más que 400 kilos al año para la familia y los amigos», apunta.

Localizadores para las reses.

Collares con GPS 14

vacas llevan ya collares con localizadores para controlar sus movimientos. Pronto se marcarán seis más y ocho mastines.

El vigilante, que por la mañana ha sido testigo de la berrea del ciervo en la sierra cercana, piensa que con la incorporación de esta figura los baserritarras tienen «un poco más de tranquilidad». «La ganadería extensiva va ligada a que el ganadero pueda hacer otras cosas. ¡No puedes estar desde las seis de la mañana vigilando a tus ovejas!», indica Mario Sáenz de Buruaga. De ahí, la importancia de estos refuerzos, que llevarán «emisoras» para dar alertas, retirar a los animales...

A las dos medidas impulsadas por el ‘Grupo Operativo Ganadería-Lobo’ se ha sumado una tercera a propuesta de la Diputación. Se trata de la instalación de collares con GPS, en dos reses por rebaño, para hacer «un seguimiento de las ganaderías colaboradoras. De cómo se mueven sus animales y cómo los perros están trabajando con ellos», informa el director de Consultora de Recursos Naturales SL. Catorce vacas disponen ya de estos localizadores, que pronto lucirán otras seis y ocho mastines.

«Ganaderos y lobo tienen que aprender a convivir, porque ni pueden ser eliminados unos ni otros» Equilibrio

Las cuatro entidades que sustentan el innovador proyecto se muestran convencidas de que la prevención es la línea a seguir para garantizar la convivencia entre la actividad ganadera y el lobo. Sobre todo si se tiene en cuenta que las medidas aplicadas hasta la fecha por la Diputación en relación a la predación de este cánido a la ganadería han estado dirigidas, sobre todo, a paliar el daño económico a través de un sistema de indemnización por pieza perdida y al control del lobo, del que existe una manada reproductora en Bizkaia, formada por ocho o nueve miembros.

Un momento «tranquilo»

«Los cambios cuestan», reconoce la directora foral de Agricultura. Pero los ganaderos están respondiendo al nuevo plan de actuación. «Lo más importante era su colaboración, y la tenemos. Esto al principio parecía ciencia ficción, pero poco a poco vamos avanzando y ves que la gente se implica», destaca Txus Gómez, de Enkarterrialde.

El territorio vive, además, un momento «tranquilo» en lo que a ataques se refiere, con el último registrado el pasado 30 de abril. Ya no hacen falta batidas, que siempre eran motivo de tensión y conflictividad social. «Tendría que cambiar muchísimo la situación para retomarlas», asegura Saénz de Buruaga.

La jornada avanza. Es la una de la tarde. Pero a Eder Santisteban aún le queda faena. «Yo antes de las once de la noche nunca acabo», detalla tras dejar a sus ovejas a resguardo del sol el ganadero carranzano, que compagina su actividad en el campo con la presidencia de Bizkaia Esnea, la marca que engloba a 35 caseríos del valle. «Yo no valía para estudiar», concluye.

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