Una vecina de Muskiz de 67 años denuncia la ocupación ilegal de su casa

La vivienda ocupada esta semana en el barrio de La Rabuda. /S. Llamas
La vivienda ocupada esta semana en el barrio de La Rabuda. / S. Llamas

El Ayuntamiento califica la situación de «diabólica» y explica que otro domicilio también fue tomado hace mes y medio

Mari Carmen Laiseca tiene 67 años y desde este lunes no puede entrar en su casa, ubicada en el barrio muskiztarra de La Rabuda. Varias personas, con niños pequeños, se han instalado en ella sin su permiso. El domingo la mujer descubrió que la puerta del domicilio, al que acudía a diario para tareas como lavar su ropa o ducharse, y en el que mantiene sus pertenencias, había sido forzada, y que parte del mobiliario se encontraba apilado. También el acceso a la vivienda de su hermana, en la planta baja, había corrido la misma suerte. Cambiaron las cerraduras y acudieron a la policía. Al día siguiente, por la tarde, se encontraron con que la aparte de arriba había sido ocupada. Ya lo han denunciado en la Ertzaintza.

«Me he quedado con lo puesto. Es que hasta la denuncia que puse el domingo la tengo dentro» se dolió la mujer, que ayer acudió al Ayuntamiento para reunirse con los servicios sociales. «Normalmente entran en viviendas deshabitadas o donde no vive gente de forma habitual. La única forma de proceder es poner una denuncia y seguir los trámites jurídicos para desalojar a esas personas de la propiedad. Es una situación que parece diabólica», reconoció el alcalde, Borja Liaño. Él explicó que desde hace mes y medio hay otra vivienda ocupada en el municipio. Está en el barrio de Memerea y los representantes legales de los propietarios estudian declararla en ruina.

«Con lo puesto»

No es el caso de Mari Carmen, que sigue pagando la luz y el agua de su casa, aunque no pueda utilizarla. «La abogada dice que no podemos cortarla porque a la hora del juicio sería una incoherencia», explica. «También me ha dicho que hasta diciembre no sale la sentencia para echarles y estoy con lo puesto. A ver qué hago», se dolió la mujer.

Josefa, su hermana, también tiene una huerta junto a la casa y varios animales que ya ha trasladado. Cuando fueron a sacar el ganado vieron que uno de los jóvenes, que andaba por la zona «con una vara», se alejaba para regresar al rato con otros dos compañeros. «Vino la Ertzaintza y se metió al patio. Tenían los colchones, las sábanas... todo allí tirado», relató la mujer, que criticó que no se pudiera actuar cuando reventaron las cerraduras el domingo, cuya reposición les costó más de 200 euros.

«Vaya disgusto tiene la mujer. ¿Para quién hay justicia», se dolió una familiar de la afectada, Mari Fernández, quien explicó que su prima acudía a diario al hogar. «Una vida entera trabajando, ¿ahora para qué?», se lamentó Mari Carmen.

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