Iñigo Ortuzar: «Fue traumático, pero estamos mejor solos»

Iñigo Ortuzar ayer en la playa de La Arena. / FERNANDO GÓMEZ

El alcalde galipo recuerda cómo vivió el pueblo la desanexión con Abanto, de la que se cumplen 25 años el domingo

ENEKO PÉREZ ZIERBENA.

El domingo se cumple el 25 aniversario de la independencia de Zierbena sobre Abanto. Una efeméride redonda que los vecinos disfrutarán con el sonido de la trikitixa, la tradicional izada de la ikurriña y una parrillada, entre otras actividades. Quien lo vivirá de una forma especial será el jeltzale Iñigo Ortuzar. El ahora alcalde de la localidad galipa ya formaba parte de la Corporación de entonces.

- Zierbena se hace mayor...

- Ya ha llovido, sí. Pero todos estos años han servido para refrendar que estamos mejor solos, sin nadie que se tenga que hacer cargo de nuestros problemas. La gran pregunta que tiene que hacerse la gente es cómo andaríamos ahora si no nos hubiéramos independizado.

- ¿Diría que peor?

- Creo que sí. Ahora somos un pueblo con unas cuentas perfectamente ordenadas, con un polideportivo, con ayudas a entidades deportivas, con subvenciones escolares, con saneamiento en los hogares, etc. Hubiera sido mucho más difícil lograr todo esto.

- ¿Por qué apostaron por la desanexión?

- Nos sentíamos un poco abandonados por Abanto. Nos tenían olvidados, no se interesaron por construir las infraestructuras adecuadas y, encima, tenías que pasar toda una odisea para llegar hasta el Ayuntamiento, en Gallarta, por ejemplo.

- Su municipio es diferente.

- Y no solo a nivel sociológico o político. Estamos en un enclave totalmente natural, con mucho monte, un puerto pesquero, ganadería e incluso una playa maravillosa, La Arena. Hasta hace poco teníamos 7 pastores. Eso en la Margen Izquierda ya no lo ves.

- Ese sentimiento de desarraigo no fue flor de un día, ¿no?

- Venía de antes. Nunca nos sentimos a gusto siendo parte de algo que notábamos extraño y ajeno. El primer intento de independencia fue en 1878, tras la tercera Guerra Carlista. El segundo, en 1941, poco después de la Guerra Civil.

- Y a la tercera fue la vencida.

- Yo era concejal de Abanto. Fueron tiempos muy difíciles, incluso diría que traumáticos. Fue un proceso complicado, con muchas trabas judiciales y demasiados temas políticos de por medio. Resultó desagradable, pero luego mereció la pena. Luchamos por una causa en la que el pueblo creía ciegamente, algo que se pudo comprobar en los resultados del referéndum, donde solo se mostraron en contra el 5,8% de los votantes.

Nada que ver con Cataluña

- El 15 de octubre de 1992 lo recordará siempre.

- Es uno de los días más especiales de toda mi vida. Fue una jornada muy emotiva. Teníamos unas inquietudes que nos llevaron a pelear hasta conseguir nuestro propósito. Tocamos muchas puertas de diputados y nos pasamos bastante tiempo en las Juntas Generales.

- En Cataluña anda en ello también.

- Pero no tiene nada que ver. Es una dimensión totalmente distinta. Es más, a nosotros las empresas no se nos fueron tan deprisa, de hecho, llegaron más (risas).

- ¿Cómo es el trato con Abanto?

- Estupendo. Aquello fue un tema político y ya está olvidado, hubo discrepancias, pero el tiempo todo lo cura. Entre los vecinos hay muy buen rollo. ¡Hasta yo estoy casado con una de Sanfuentes! (risas). Además, las relaciones institucionales son exquisitas.

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