La solidaridad no se paga con dinero en Santurtzi

Julia González y Roberto Machón donan los pintxos que sobran a personas necesitadas. / Y. FERNÁNDEZ
Julia González y Roberto Machón donan los pintxos que sobran a personas necesitadas. / Y. FERNÁNDEZ

Vecinos del municipio ofrecen ayuda y donan enseres y comida a través de la iniciativa Banco del Tiempo y Trueque, que tiene casi un millar de miembros

SILVIA OSORIO SANTURTZI.

En el hogar de Mariví Pérez, vecina de Santurtzi, las cosas han empeorado y cuesta más llegar a fin de mes. Su hijo Arkaitz ha pegado el estirón, como otros tantos críos de su edad, y para el curso que viene, el uniforme se le ha quedado pequeño. Comprar uno nuevo supone asfixiar un poquito más la cartera y, por ello, la madre de otro niño del colegio al que acude el muchacho le ha donado un pantalón que ya está en desuso. Una aportación que ha sido posible gracias a una iniciativa de carácter altruista que se ha cocinado a través de Facebook y que ha sido bautizada con el nombre de Banco del Tiempo y Trueque de Santurtzi.

«Mi marido tiene trabajo, pero lleva varios años con el sueldo congelado. Toca apretarse el cinturón e iniciativas como estas están muy bien para ayudarnos unos a otros. Este año también le robaron la chaqueta del chandal y la misma persona me la ha regalado. Yo también he dado libros a una señora para su nieto», cuenta la mujer. Otros, en cambio, echan mano de este grupo para ayudar y no recibir nada a cambio. Es el caso de Julia González y Roberto Machón, el matrimonio que regenta la Cafetería JR, ubicada en la calle Juan XXIII. Cada día, antes de echar la persiana, donan los pintxos que no han despachado durante el día a personas necesitadas del municipio que se pasan por el local para poder cenar.

Mariví, con un uniforme.
Mariví, con un uniforme. / Y. F.

En Santurtzi la solidaridad no se paga con dinero. Prueba de ello son estas formas de aportar un granito de arena y sacar de un apuro a quienes están atravesando un bache económico y les cuesta tirar hacia delante. «Hay familias que lo están pasando mal. Por eso, se nos ocurrió esta idea. Depende del día, sobran más o menos pintxos, pero lo importante es que no se tiren a la basura y alguien los pueda aprovechar», señala la hostelera.

Entre las personas que se pasan al final del día por su negocio hay de todo, pero sobre todo le ha tocado la fibra una pareja que tiene a su hijo en casa con dos niños de corta edad. «Yo no quiero que me lo agradezcan: lo hago de corazón», añade. La iniciativa surgió hace algo más de un mes de la mano de la escritora santurtziarra Mónica Iglesias, que angustiada con los problemas económicos que sufren algunos de sus vecinos, puso en marcha esta manera virtual de poner en contacto a personas que necesitan ayuda y a otras que desean aportarla. «No tenemos un local físico ni lo vamos a pedir. Ni, por supuesto, se pide dinero. La gente contacta a través de Facebook y se ponen de acuerdo para quedar», explica Iglesias.

Puestos de empleo

Desde entonces, con este grupo, que cuenta con casi un millar de miembros, ha sido posible que escolares reciban libros de texto prestados, que un fontanero acuda de manera desinteresada a arreglar un grifo a un hogar en el que no hay recursos suficientes, se ha organizado un mercadillo de prendas de segunda mano para intercambiar por otras...

Y también hay, incluso, personas que han encontrado un puesto de empleo, que tal y como están los tiempos -y más en Santurtzi, con una tasa de paro que continúa siendo sangrante-, no es moco de pavo. A través de este grupo, tres vecinos se han desapuntado de las listas del paro. «Hemos colgado en varias ocasiones un tablón de anuncios de trabajos. Hemos conseguido cosas bonitas. Es nuestro único objetivo», zanja Iglesias.

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