El parricida de Portugalete es inmaduro, impulsivo y dependiente, según los psiquiatras

José Ángel G., acusado de matar a puñañladas a su madre de 92 años./IÑAKI ANDRÉS
José Ángel G., acusado de matar a puñañladas a su madre de 92 años. / IÑAKI ANDRÉS

Los expertos no coinciden en el diagnóstico del trastorno que padecía el acusado cuando apuñaló a su madre

MARTÍN IBARROLA

Al ser detenido el pasado enero, José Ángel G. reconoció haber matado de una apuñalada a su madre, una anciana de 93 años que sufría un grado avanzado de alzhéimer. Lo hizo, en sus propias palabras, «por amor». Lo que no quedó tan claro fue si el acusado era plenamente consciente de sus actos así como algunos detalles que rodeaban al homicidio. Las peritos forenses especializadas en psiquiatría que declararon este martes durante la tercera sesión del juicio consideraron que el parricida portugalujo «padecía una hipotimia crónica, es decir, un estado de ánimo depresivo que no habría afectado a sus capacidades normales».

Describieron su personalidad como «inmadura y dependiente», con rasgos impulsivos que se traducían en su adicción a las drogas y una ludopatía incontrolada. «La segunda vez que nos vimos me confesó que no había tomado ninguna decisión en su vida. Siempre había estado subordinado a otras personas», relató una de las psiquiatras que lo trató poco después de que ocurrieran los hechos. «Por fuera puede parecer sociable y complaciente, pero su mundo interior es muy problemático». De acuerdo con las psiquiatras, su comportamiento no corresponde a una persona que sufre una depresión grave. «Alguien deprimido que pretende suicidarse y ha matado a un ser querido no piensa en algo accesorio como denunciar a unos camellos. Además, tampoco padecía una psicomotricidad lenta ni dificultades cognitivas...». También señalan que los diferentes suicidios frustrados que protagonizó tras el homicidio podría indicar que «no había una intención clara de morir».

«La mató dos días más tarde»

Los psiquiatras particulares consultados por el abogado defensor contradicen esta valoración, pues consideran que el acusado sí padecía una depresión grave que habría influenciado su comportamiento. «Él no ganaba nada con este homicidio, ¿cuál era su móvil? Existen diferentes modelos depresivos y no todos se muestran a través de la apatía o la melancolía. ¿El intento de suicidio no es el mayor indicador de un trastorno severo?», se preguntaban los expertos, que recordaron que a día de hoy el acusado está medicado con antidepresivos. Las peritos de la Audiencia matizaron que «lo importante es determinar su estado mental antes y durante los hechos, dado que su situación en octubre puede ser diferente a la de enero». Los psiquiatras particulares indicaron que «la clínica depresiva, camuflada por las drogas, es la única manera de explicar los hechos cometidos».

Por otro lado, los forenses desataron nuevas incógnitas sobre los días previos a la detención de José Ángel. Según la versión relatada por el acusado, el pasado 6 de enero escribió tres cartas de «perdón», llamó a la Policía para ofrecerse como confidente y apuñaló a su madre. Después trató de quitarse la vida consumiendo pastillas, un litro y medio de vino y dosis altas de cocaína. Al no conseguirlo, convivió cuatro días con el cadáver hasta que se clavó dos veces un cuchillo en el estómago. Sin embargo, la autopsia realizada sugiere que la cronología es errónea. «Clínicamente no se puede confirmar que la matara el 6 de enero». Los forenses apuntaron, en cambio, que la puñalada mortal se asestó dos días más tarde. Otro de los peritos aclaró que la causa de la muerte de la progenitora fue una única apuñalada que alcanzó el corazón de la víctima y provocó una hemorragia interna de «varios minutos». José Ángel se cubrió la cara mientras se mostraban fotografías de la escena del crimen al jurado popular, que este miércoles volverá a las nueve y media de la mañana a la Audiencia de Bizkaia.

Fotos

Vídeos