La plantilla de Servasa deja en suspenso la huelga de hambre hasta reunirse con el Ayuntamiento de Santurtzi

La nave está precintada y bajo vigilancia policial, algo que desagrada a la plantilla. / H. RODRÍGUEZ
La nave está precintada y bajo vigilancia policial, algo que desagrada a la plantilla. / H. RODRÍGUEZ

El encuentro entre los trabajadores, que suman su sexto día de encierro, y el Consistorio se producirá mañana, dos días más tarde de lo previsto

HELENA RODRÍGUEZ SANTURTZI.

Los 10 trabajadores de la empresa Servasa, ubicada en Santurtzi y precintada por el Ayuntamiento por carecer de licencias de ocupación y actividad, han decidido dejar en suspenso la huelga de hambre que tenían previsto comenzar mañana. La plantilla, que cumple su sexto día de encierro en la sede de la firma, quiere esperar a reunirse con los responsable municipales antes de dar el drástico paso. Eso sí, ayer confirmaron a EL CORREO que la decisión de emprender el ayuno se hará efectiva si el encuentro no desbloquea la situación.

El conflicto salió a la luz el pasado jueves, cuando un patrulla de la Policía municipal precintó la empresa, especializada en neumáticos, por carecer de los permisos preceptivos. La obtención de ambos documentos sería un mero trámite de no ser por la existencia de varias denuncias y sentencias entre Servasa y el dueño de la parcela vecina.

Los primeros desencuentros se remontan a 2013. Después un rosario de quejas del propietario ante el Consistorio, los responsable del taller le llevaron a juicio «para aclarar si invadíamos o no», recuerdan. En primera instancia, el Juzgado de Barakaldo estimó que la instalación se extralimitaba en algo más de 37 metros cuadrados. Por ello, les condenaba a pagar casi 10.000 euros. La parte contraria recurrió y el pasado mes de abril la Audiencia Provincial de Bizkaia declaraba nula la decisión anterior y condenaba a la empresa «a la demolición de la obra ejecutada». Como quiera que la empresa no dispone de licencias, la parte contraria «ha exigido al Ayuntamiento que nos precinten o, si no, les denuncia por prevaricación», anuncia el gerente, Javier Simó.

Fuentes municipales recordaron que «en su momento no se concedió permiso de primera ocupación por distintos incumplimientos -incluida la invasión de parcela- y, en consecuencia, no se les concedió el de actividad!». «Como el juez ha ratificado que la no concesión de la cédula de primera ocupación es conforme a derecho, ahora no procede reclamar licencia sin haber obtenido previamente el permiso de primera ocupación», detallaron.

«Historia sin fin»

Simó admite ese extremo. «Acatamos la sentencia, pero al anular la anterior no queda claro cuánto terreno invadimos. Hemos pedido a un topógrafo que averiguara ese dato y nos dice que son 20 metros cuadrados», describe. Con esta cifra dilucidada, han encargado el proyecto de derribo de la rampa invasora «para acabar con todo esto». Pero «tampoco les sirve a los servicios municipales porque apelan a aquella primera sentencia hablaba de 37 metros. Es una historia sin fin»», lamenta con desesperación.

Con las posiciones totalmente bloqueadas, ambas partes tenían previsto reunirse ayer, pero una serie de malentendidos frustró el encuentro, que finalmente será mañana. De lo que ocurra, dependerá el futuro inmediato de los diez empleados. Los dos becarios que realizaban sus prácticas en el taller se fueron a sus casas el viernes. Los responsables de Servasa calculan que el cierre les ha supuesto unas pérdidas de alrededor de 6.000 euros, «a lo que hay que añadir los 100.000 euros del proyecto de derribo que no nos admiten, la mala imagen con los clientes y el incalculable coste personal que esto nos supone a todos», enumera Javier Simó.

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