Munoa, un palacio congelado en el tiempo

La casa esconde auténticos tesoros. /Silvia Osorio
La casa esconde auténticos tesoros. / Silvia Osorio

La joya oculta de Barakaldo abrirá sus puertas por primera vez el domingo a 80 agraciados en un sorteo con 2.300 participantes

SILVIA OSORIO BARAKALDO.

No se oye ni un alma. Casi sobrecoge. Un majestuoso palacio burgués que permanece congelado en el tiempo. Todo está intacto. Aparadores y vitrinas que desprenden un olor a madera noble. Viejos tapices y visillos que ornamentan paredes y majestuosos ventanales. Hasta los reclinatorios de la pequeña capilla mantienen la huella de quienes sobre ellos se posaron durante años para orar a Dios. Todo está como lo dejó el magnate bilbaíno, Horario Etxebarrieta, cuya última residencia antes de su muerte en 1963 fue el Palacio Munoa de Barakaldo. Y Ese es su gran valor.

La joya oculta de la localidad fabril, declarada en 2017 como Conjunto Monumental y reformada por Ricardo Bastida en 1916, se abrirá al público por primera vez este domingo. El palacio no ha sufrido ningún tipo de restauración. El Consistorio baracaldés solo ha realizado pequeñas reformas, como la instalación de un sistema de luminarias led, para facilitar la visita. De esta manera, los 80 vecinos agraciados en el sorteo -en el que participaron 2.300 personas- podrán recorrer la planta principal del inmueble, que mantiene su aspecto original.

Les espera un viaje en el tiempo. Una placentera travesía para conocer los secretos de este hasta hace poco desconocido palacete de estilo afrancesado, pero puesto en valor desde que en 2015 fue adquirido por el Ayuntamiento baracaldés. Y también para conocer los entresijos de la vida de una familia adinerada de la época.

Obras en el tejado

La historia de cómo la finca Munoa acabó siendo la morada de Horacio Etxebarrieta es, precisamente, el arranque de la visita, que tendrá lugar en el exterior, junto a la entrada principal, enclavada en un porche con una balaustrada de piedra caliza gran belleza.

Después, se abrirá el portalón de entrada y ante la mirada aparecerá la majestuosa escalinata de madera, con una colosal vidriera al fondo, que conduce a la planta superior, en la que se aposentan las habitaciones y baños, uno para cada dos. Por el momento, tal y como anunció la alcaldesa fabril, Amaia del Campo, no se podrá acceder debido a las obras que se realizarán a mediados de junio en el tejado, fundamentales para conservar este tesoro patrimonial del municipio.

Horacio Etxebarrieta fue uno de los hombres más poderosos de la provincia, de manera que no podía poseer un palacete cualquiera; quería que su residencia estuviese a su altura y, por ello, no escatimó en gastos. Bastida se encargó tanto del diseño exterior como interior. Marquetería de gran calidad, detalles ornamentales como las mésulas doradas en los techos... Muestras de que sus propietarios vivieron con el máximo esplendor de la época. «Se aprecia la suntuosidad de una familia burguesa», explica Iratxe Gandarias, educadora del centro CIHMA.

Después de admirar el 'hall' de entrada, el recorrido continúa por los dos salones públicos del inmueble, en los que sus moradores recibían a los invitados. De ahí, se pasa al gran salón privado en el que se observan más elementos que denotan riqueza, como una gran chimenea de madera de roble, un piano de 1860 y un gran órgano de principios del siglo XX con dos puertas laterales para efectuar los arreglos correspondientes. «Era una parte integrada en la estancia, no se hizo a posteriori. Ya aparecía en los planos de Ricardo Bastida, algo poco habitual», detalla la guía.

El despacho y una capilla

La siguiente parada es una estancia muy privada del dueño de la casa, el despacho de Horacio Etxebarrieta. En este espacio destaca el techo con un artesonado que no se verá en otras estancias y que está formado por 18 cajetones, además de la caja de seguridad y una vidriera en la ventana, algo que se repite en los espacios de este lateral de la casa. Uno de los grandes descubrimientos cuando el Ayuntamiento fabril adquirió el inmueble fue la capilla de estilo neomedieval ecléptico, ya que las cruces son griegas y las coronas de las lámparas bizantinas. La planta baja la completan un gran comedor, un office con un baño y un cuarto de costura.

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