La fiscal mantiene la petición de 21 años de cárcel para el parricida de Portugalete

José Ángel G., acusado de matar a puñañladas a su madre de 92 años./Iñaki Andrés
José Ángel G., acusado de matar a puñañladas a su madre de 92 años. / Iñaki Andrés

La defensa pide su internamiento en un centro de rehabilitación o una condena rebajada. Un jurado popular decidirá su destino

MARTÍN IBARROLA

Quizá sin querer, el abogado defensor del parricida de Portugalete resumió en una frase el principal conflicto que ha conducido la cuarta sesión de este juicio por homicidio. «José Ángel quería a su madre con locura». Un jurado popular, compuesto por once ciudadanos, tendrán que decidir en los próximos días cuál fue la verdadera responsabilidad del portugalujo durante los hechos cometidos el pasado mes de enero.

En su alegato final, la fiscal reiteró su convencimiento de que el acusado era plenamente consciente de lo que hacía cuando asestó «de manera voluntaria» una puñalada mortal en el corazón de su madre. «Las forenses de la Audiencia, que son imparciales y no van a ganar dinero por su informe, descartan que José Ángel sufriera ningún trastorno capaz de alterar sus capacidades. Entendía perfectamente lo que significaba matar y lo hizo». La fiscal recordó que las peritos describieron la personalidad del homicida confeso como «inmaduro, compulsivo, subordinado siempre a figuras femeninas y problemático, a pesar de su apariencia sociable y complaciente».

También reprochó las supuestas mentiras vertidas por José Ángel durante el propio juicio. «Declaró que la había matado el 6 de enero y un forense dató la muerte de la víctima dos días más tarde. Dijo que había despedido a la cuidadora de su madre porque trataba mal a los ancianos y ésta declaró que le adeudaba más de 3.000 euros. Fue capaz de ofrecer información relevante sobre la venta de droga los agentes que acudieron a su casa con el cadáver de doña Elvira en la habitación de al lado». La fiscalía rebatió finalmente la idea de que el acusado acabó con la vida de su progenitora «por amor y porque no quería dejarla sola». «Después de apuñalarse a sí mismo y ver que no moría llamó a un matrimonio amigo que acudió inmediatamente. No estaban solos. Si me permiten la expresión, su madre se encontraba en el tiempo de descuento, ¿por qué no espero entonces?, nadie merece morir de manera tan cruel a manos de su hijo».

Dada la vulnerabilidad de la víctima, la fiscal pidió 21 años de cárcel, la pena más alta por homicidio voluntario con agravante de parentesco, pues entiende que estaba en plenos uso de sus capacidades y comprendía que matar a su madre era ilícito y podría haberlo evitado.

Un buen hombre que perdió la cabeza

El abogado defensor describió a José Ángel como «un buen hombre que, por circunstancias de la vida, un día llegó a perder la cabeza». «Adoraba a su madre y se encargó de su cuidado durante la época más difícil. A causa del alzheimer, doña Elvira requería una atención de 24 horas diarias. Y él siempre estuvo ahí». El letrado pidió al jurado que considerasen las declaraciones de los testigos, «que valoraron tan positivamente la dedicación con la que José Ángel cuidó de su ama», y recordó que no había en su historial ningún antecedente penal ni de violencia, «incluso su hijo se refirió a él como el mejor padre del mundo, hasta que cayó en las drogas».

De acuerdo con la defensa, el parricida se vio «abatido y sin salida» a causa de su constantes recaídas en las drogas, su angustia, su soledad, su abatimiento, la pérdida de su mujer y su hijo tras el divorcio, las deudas económicas y otros avatares vitales. El letrado se refirió a un suicidio ampliado y a un homicidio por compasión, pues «entendía que la vida de su madre y la suya eran una misma». La defensa consideró, por lo tanto, que su cliente estaba consumido por una grave depresión y la adicción a la cocaína y al alcohol, lo cual influenció directamente sus acciones. «Como él mismo relató, si llega a tener fuerzas para clavarse otra vez el cuchillo ninguno de nosotros estaría aquí. Estaba decidido a quitarse la vida». El abogado pide así una eximente completa y su ingresado en un centro de rehabilitación o una eximente incompleta que reduzca considerablemente la pena privativa de prisión.

José Ángel, sirviéndose de su derecho a la última palabra, lanzó una pregunta la jurado. «¿Qué beneficio saco yo matando a la persona que más quiero en el mundo? Delante de la tumba de mi padre le prometí que nunca la dejaría sola ni la metería en una residencia. Mi razonamiento en aquel momento es que nosotros también moriríamos en la misma casa donde falleció mi padre». Entre llantos sofocados, el acusado explicó que era toxicómano «desde los 17 años» y que su cerebro «no funcionaba bien y estalló por ahí». Ahora solo queda que el jurado popular se pronuncie. Su veredicto será la base de la sentencia que dicte el juez.

Contenido Patrocinado

Fotos

Vídeos