«Me hubiera gustado ser yo quien decidiera cuándo me jubilo»

Ángel Asensio ha sido director ejecutivo del Teatro Barakaldo desde julio de 2010. / BORJA AGUDO
Ángel Asensio ha sido director ejecutivo del Teatro Barakaldo desde julio de 2010. / BORJA AGUDO

Ángel Asensio se prepara para dejar la dirección del Teatro Barakaldo tras 8 temporadas en las que la crisis ha dañado el sector

SERGIO LLAMAS BARAKALDO.

Tras ocho temporadas al frente del Teatro Barakaldo, Ángel Asensio Miranda dejará pronto el cargo. Sin embargo, este licenciado en Filosofía y Ciencias de la Educación, que ha ejercido de profesor, gestor cultural y técnico en Sestao, además colaborador de medios, difícilmente romperá sus vínculos con las artes. «Son 45 años empeñado en mejorar y hacer crecer este entramado sociocultural que nos humaniza, enriquece a diario y nos hace querer a la gente y a la vida que nos toca», afirma.

- ¿Es una despedida agridulce?

- Es una despedida normal en la que prima el agradecimiento a los baracaldeses, a mis compañeros, al medio, a las amistades y a la familia. Me queda un punto agridulce porque me hubiera gustado terminar la temporada o que el Consejo de Administración no hubiera decidido unilateralmente mi cese. Me hubiera gustado ser yo quien decidiera cuándo me jubilo, pero resulta evidente que el 24 de noviembre de 2017 soy cesado y el hecho de que he cumplido la edad de jubilación es una razón como otra cualquiera.

«Me ha tocado trabajar con cierta precariedad, pero no me pilla de nuevo»

- ¿Qué ha sido lo mejor del cargo?

- Coger el testigo de este emblemático teatro es un privilegio profesional que agradezco. Ver funcionar la maquinaria de producción escénica, participar y compartir las satisfacciones y emociones del público y de los profesionales... son muchos intangibles de gran valor.

- ¿Con qué experiencia de estas ocho temporadas se queda?

- Son muchos momentos cautivadores, pero la experiencia rutinaria de escuchar y sentir la algarabía infantil cuando los grupos y colas de los escolares se acercan al teatro no tiene precio. Es el auténtico momento escénico y laboral para mí.

- ¿Y qué le ha faltado hacer o qué le hubiera gustado conseguir?

- Garantizar el desarrollo de las líneas musicales que han perdido fuerza en la programación por falta de presupuesto; consolidar una plantilla laboral acorde con el nivel de desarrollo del teatro; un presupuesto anual en las cuentas municipales, ya que en estos momentos depende exclusivamente de sus propios ingresos por taquilla, subvenciones públicas cada vez más escasas, cuotas de socios y alquileres; y la puesta a punto del teatro con la mejora del aislamiento del edificio y la renovación de la climatización y del equipamiento técnico. Un teatro tiene que estar en permanente renovación, con un plan de inversiones sistemático. Me ha tocado trabajar con cierta precariedad, pero no me pilla de nuevo.

- ¿Seguirá vinculado al teatro?

- Por supuesto, pero desde otra posición. Más como usuario, como siempre lo he estado desde su reapertura en 1991. Por oficio e interés profesional siempre he estado vinculado a la sociocultura que desarrollan y han desarrollado Barakaldo, Sestao y los municipios y gentes de la Margen Izquierda.

Menos recursos

- Han sido años de crisis y subida del IVA. ¿Cómo ha sido la gestión?

- Desde 2012 a 2016 hemos pasado unos años de recesión escénica incontestable. Entre el 25 y el 30% de los públicos, profesionales, empresas e ingresos en taquilla se han ido al garete. Nuestro teatro no ha sido ajeno. La gestión ha tenido que capear la coyuntura con menos recursos, recortando programaciones, subiendo moderadamente los precios y, en ocasiones, cerrando líneas de programación. Afortunadamente, desde finales de 2016 se ha notado una cierta recuperación, aunque nada va a volver a ser como en 2008.

-¿Cuál es su deseo y recomendación para el Teatro Barakaldo?

- Tras los años de dificultades hay que recuperar el buen ánimo, ser un poco más ambiciosos y apostar por unos presupuestos públicos más acordes. Mantenerlo como espacio de programación escénica estable y convertirlo con audacia en espacio acompañante de proyectos y residencia de creadores. Hay que dotarlo del personal suficiente, cualificado, bien valorado y pagado para acometer nuevas líneas de trabajo, o consolidar algunas de las actuales, un tanto agonizantes. El teatro se lo ha ganado después de 28 años de brega.

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