«A las gallinas es importante mantenerlas felices»

Sergio Tera sujeta un ejemplar de su granja. /Fernando Gómez
Sergio Tera sujeta un ejemplar de su granja. / Fernando Gómez

El guipuzcoano Sergio Tera ha sido designado como uno de los mejores criadores de estas aves, según el jurado del campeonato de Las Encartaciones

ENEKO PÉREZ

Ni el frío ni la fina capa de lluvia que cayó por momentos en Gordexola impidió que cientos de personas se acercasen un año más a la colorida feria de San Andrés. En torno a la plaza Molinar se reunió este domingo el ganado más selecto, la más variada artesanía y los mejores productos de los caseríos vascos. Allí, rodeados por la inmensidad de un frondoso bosque verde, también estaban los gallos y gallinas participantes en el II campeonato de Euskal Oiloak de Las Encartaciones, un evento organizado por la asociación Eoalak.

El medio centenar de ejemplares de esta edición cacareaba a deshoras. «Quizá sea por las jaulas», decía un hombre de avanzada edad que paseaba por la zona de exposición. La competición contó con seis categorías y Sergio Tera se llevó dos de los galardones. Modesto y muy conciso a la hora de dar explicaciones, este criador natural de Mondragón (Gipuzkoa) explicó que «más que un certamen de belleza, esto es un concurso de morfología. Gana el animal cuya figura se acerca más a los estándares estéticos determinados por los jueces».

Pero, ¿cuáles son esos principios que abanderan la perfección en las gallinas? Tera lo aclaró con mucha naturalidad: «El tamaño, el plumaje, la cresta y sus dientes, los tarsos, el color… Todo cuenta a la hora de que sean puntuadas». Hay algunas que, por ser demasiado pequeñas, quedaron eliminadas antes de tiempo. Un problema que no suelen tener los ejemplares más grandes, «porque la gallina del norte, la atlántica, es de por sí vistosa y tiene gran presencia». Entre todas las razas participantes, la que más asombro provocó, sin duda alguna, fue la ‘leposoila’ –cuello pelado en castellano–, una exótica gallina sin un solo pelo en su pescuezo.

Afincado desde hace un tiempo en el Condado de Treviño, Sergio lleva tres años en este mundillo, en el que entró porque es «un enamorado de la naturaleza y de los animales. Me he criado con cerdos, soy adiestrador de perros y ahora tengo que confesar que he cogido mucho cariño a esta especie. Les cuido muy bien y estos días no dejo que pasen mucho frío», bromeó ante la mirada vacua de su gallina gorria –roja– campeona, una especie mixta que suele poner unos 200 huevos al año. Con todo, el cuidado de estos animales exige un sacrificio digno de consideración. «Todos los días hay que estar pendientes de ellas. Les doy de comer pienso o sobras de verduras, les pongo el agua, les limpio su espacio y las dejo también a su aire», detalló. Ahora que llega el invierno, están empezando a perder plumas y los gallos ya no se les acercan tanto, por lo que «es importante mantenerlas felices, y por eso a veces les damos complementos vitamínicos».

Un mundo de hombres

Los hay que sienten tanto amor por las gallinas que hasta les ponen nombres. «No es mi caso, pero entiendo que hay algunas personas que viven esto a su manera», valoró Tera. A una de sus aves ganadoras, a pesar de haber quedado en primer lugar, los jueces le penalizaron un poco por tener los dientes de la cresta «algo irregulares». En este aspecto, sin embargo, no hay nada que hacer. «Es cosa genética, o le sale bien o le sale mal. Es como si eres alto o bajo», resumió el dueño.

Entre sus colegas de profesión había un amplio rango de edades. Desde un grupo de muchachos que no superaban los 18 años hasta criadores que rozaban los 70 años y que se conocen sus granjas mejor que la palma de sus manos. «Aquí no hay una edad concreta, lo único que tiene que haber es pasión, afición y un terreno digno para que los animales se sientan a gusto», destacó. No obstante, saltaba a la vista que no había ni una sola mujer entre los participantes. «Es cierto, suele haber muy pocas chicas y la verdad es que se les echa en falta. Ojalá tuviesen más presencia», admitió el criador guipuzcoano.

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