«Disparan al aire y nunca sabes qué pasará»

Lareki, durante los días que pasó en el Mediterráneo ayudando a rescatar refugiados. / OPEN ARMS
Lareki, durante los días que pasó en el Mediterráneo ayudando a rescatar refugiados. / OPEN ARMS

Un agente de Barakaldo colabora durante 15 días como voluntario con los equipos de rescate que socorren a refugiados en el mar

SERGIO LLAMAS BARAKALDO.

Este verano, Iñigo Lareki cambió las calles de Barakaldo por las aguas del Mediterráneo, su coche de patrulla por una embarcación semirrígida de ocho metros, y a su compañero canino, un malinois de nueve años llamado 'Travis', por un grupo de voluntarios socorristas procedentes del mundo de las emergencias. Colgó su placa de policía local en Barakaldo y durante 15 días se embarcó en el 'Open Arms', un antiguo remolcador reconvertido en barco de rescate. Con él de nave nodriza, y como patrón de una lancha de apoyo (una rib de 115 caballos), ayudó a los refugiados procedentes de Libia que se habían adentrado en el agua con la esperanza de alcanzar costas europeas.

«En el tiempo que estuve allí sacamos dos pateras con 140 personas incluyendo mujeres embarazadas y madres con bebés», detalla Lareki, de 42 años. Hace 17 que forma parte de la Unidad Operativa Especial de la policía local de Barakaldo y unas dos décadas que es voluntario en la Cruz Roja como rescatador marítimo. «Esta ha sido mi primera misión humanitaria», señala.

El año pasado ya dio un primer paso al organizar una gala benéfica en el Teatro Barakaldo y una jornada de actividades acuáticas en la ría con las que recaudar fondos para Salvamento Marítimo Humanitario.

Con todo, Lareki admite que ninguna experiencia ha sido como la de ayudar de manera directa a los refugiados en el mar. «Viajan en condiciones dramáticas. Te los encuentras a la deriva porque ni los motores que llevan ni las condiciones mecánicas son nada buenas. A veces, la gasolina se les escapa de los depósitos, se mezcla con el agua y les produce quemaduras», detalla. Las ONG, como Proactiva Open Arms, con la que él ha colaborado, sólo pueden actuar cuando se alejan más de 12 millas de la costa de Libia y pasan a aguas internacionales. Para entonces muchos llevan ya un día en el agua y están deshidratados.

Su misión desde las lanchas consiste en proporcionarles chalecos salvavidas y llevarles en grupos de 15 ó 20 personas hasta el barco nodriza. «Cuando te acercas es un momento delicado porque, si llegara a cundir el pánico, podrían hundir nuestro barco. Lo que se suele hacer es aproarse por popa y, sin fijar ningún cabo por si tenemos que alejarnos, hacer la entrega de los chalecos. Luego, vamos sacando a la gente: primero mujeres y bebés, y más tarde los hombres», detalla. Una vez en el 'Open Arms', un médico y una enfermera que viajan a bordo les hace una primera revisión y, si desde Roma no se les dice lo contrario, los llevan a puerto para que las autoridades itialianas se hagan cargo.

Momentos de tensión

En estas patrullas no faltan los momentos de tensión. A las largas jornadas sobre las lanchas, inspeccionando las coordenadas que se les proporciona, se le unen los encontronazos con las patrulleras libias. «Nos lanzaron una ráfaga al aire y nos dijeron que no podíamos estar en la zona. Es algo intimidatorio, pero nunca sabes si van a pasar el límite o no», admite Lareki. Peor parte se llevaron los compañeros del barco 'Golfo Azurro', de la misma ONG, a quienes unos guardacostas libios retuvieron durante casi dos horas en aguas internacionales.

Aunque su trabajo le prepara en parte para estas situaciones, el agete reconoce que la experiencia marca. También de regreso en casa. «Cuando vas ya sabes lo que te puedes encontrar, pero la vuelta se hace dura porque ves cómo llegan sin nada a Europa, pensando que aquí van a triunfar, y se encuentran con unas circunstancias completamente diferentes. Mientras los países de la Unión Europea no se impliquen, el tema va a seguir así», lamenta.

Esta no será la última vez para Lareki. La pasada semana habló con uno de los responsables de la organización y es probable que pronto se vuelva a embarcar. «El apoyo de la familia es muy importante. Estoy soltero y por el momento no tengo que rendir cuentas a nadie», confiesa. Le quedan días libres y ha organizado un viaje para cruzar Cuba. «La idea es ir de vacaciones, pero tal y como están las cosas por allí, en las zonas más afectadas por el huracán probablemente acabe haciendo alguna cosa. La mochila siempre va preparada», asegura.

PROACTIVA OPEN ARMSRescates.
Desde su creación hace dos años, la ONG lleva salvadas 33.000 vidas tanto en aguas del Egeo como en el Mediterráneo.
Voluntarios.
En este tiempo, la agrupación ha sumado la labor de más de 220 voluntarios que dejan su vida durante varias semanas.
Donantes.
45.000 peronas han ayudado a la ONG, que también ha realizado charlas de sensibilización con más de 15.000 estudiantes.

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