«Soñaba con casarme en Santa Águeda»

Los baracaldeses Josu Otxoa y Lorena Álvarez se hacen un selfie delante de la ermita./PEDRO URRESTI
Los baracaldeses Josu Otxoa y Lorena Álvarez se hacen un selfie delante de la ermita. / PEDRO URRESTI

Pese a que el mal tiempo restó afluencia, cientos de fieles cumplieron con la tradición en la ermita del monte Arroletza

SILVIA OSORIO

Lo que Santa Águeda unió que no lo separe el hombre. «Nos casamos en la ermita y cada vez que subimos, nos trae muy buenos recuerdos. Es ya una cuestión familiar». Fue un 8 de septiembre de 2007 cuando la baracaldesa Silvia Ramos y el getxotarara Xabier Pérez, se juraron amor eterno en el santuario del monte Arroletza, en lo alto del barrio de Kastrexana. Este domingo desafiaron a la lluvia y emprendieron la ascensión para cumplir con la tradición de la romería de Santa Águeda, este año pasada por agua y menos multitudinaria.

«Siempre soñé con casarme en Santa Águeda. Además, mi madre dio a luz a mi hermana después de bajar de la romería», relataba la joven protegida con un chubasquero. «No fallamos ningún año. Da igual que llueva o nieve», aseguraba su marido. Como otros cientos de peregrinos, Silvia, ya desde cría, ha sido una gran devota de este ritual. Una jornada familiar y divertida que ha heredado de Claudio, su padre, que sube «desde hace cuarenta años ¡o más!». «Traemos el bocadillo, la bota de vino, echamos unos tragos y bajamos», afirmaba el hombre, «feliz» de ver que sus nietos -Maitane, Markel y Ander- siguen la tradición.

Ventas «nefastas»

Aunque hubo alguna tregua, desde primera hora cayeron chuzos de punta, lo que dificultó un poco una ascensión asequible para todas las edades. El mal tiempo restó afluencia, aunque hubo atrevidos que no dudaron en salir de casa. Entre ellos, una cuadrilla de jóvenes baracaldeses, que mantienen la costumbre de sus familias y les gusta subir entre amigos. «Ayer (por el sábado) no salimos para estar frescos», aseguraban en compañía de sus perros.

Más madrugadores fueron José Antonio Ferreira y su mujer Anabel, que acudieron con Enara, su pequeña, y ‘Fok’, su mascota. «Nos hemos llenado de barro, pero merece la pena», comentaban. Otros se estrenaron. Treintañeros y de Barakaldo, Josu y Lorena, llevaban tiempo con el gusanillo y finalmente, pese a la desapacible mañana, la pareja se animó a secundar la caminata. Y repetirán. «Queríamos conocer el ambiente y nos ha gustado mucho. Hay que convertirlo en una costumbre. Nunca es tarde», señalaban mientras se hacían un ‘selfie’.

Quienes más notaron la falta de los ríos de peregrinos de otros años fueron los vendedores de rosquillas, dulces y cordones de San Blas. El menor trasiego de excursionistas hizo que las ventas fueran «nefastas, peores que el año pasado», cuando ya se constató una caída importante. «Como han anunciado tanta agua y tanto frío, la gente ya no se anima», lamentaba Lourdes Sancho mientras preparaba bolsitas de almendras garrapiñadas.

Contenido Patrocinado

Fotos

Vídeos