Alta cocina al volante

Sayuri Nishime / Pablo del Caño

Carlos Martín, del restaurante alavés Aletegi, logra el primer premio en el concurso de recetas en food truck ‘Cooking the street’

SERGIO LLAMAS barakaldo

En los 'food truck', las cocinas viajan por carretera y los pedidos se entregan al momento, pero eso no significa que allí se sirva ‘comida rápida’. Diez chefs han competido esta tarde en la final del concurso ‘Cooking the street’, patrocinado por San Miguel y celebrado en el marco de la feria profesional dedicada al sector que el BEC cierra esta tarde. Allí han demostrado que la calidad, el sabor y la originalidad no está reñida con el encanto de estas furgonetas y caravanas gastronómicas. Carlos Martín, del restaurante Aletegi, en el parador de Argomániz (Álava), se ha llevado los 2.000 euros del primer premio gracias a una ‘rosquicreta’.

«Es una reinterpretación de la croqueta tradicional a la que he dado forma de rosquilla. Lleva rabo de toro y una salsa 'sweet chile' que preparamos en el restaurante y que le aporta picor y dulce, para darle contrastes y matices más interesantes», ha detallado el ganador, que llegó a la idea de su receta al comprobar que la mayoría de los platos que se sirven en estas instalaciones no están pensados para ser compartidos. Esta tarde todavía no sabía el destino que le dará al premio. «Aún no lo he asimilado, pero lo cierto es que esto se hace por el prestigio», ha añadido.

El ganador Carlos Martín.
El ganador Carlos Martín. / S. Llamas

El ganador del pasado año, Benji Rodríguez, también ha participado en la edición de este año con una propuesta diferente. En lugar de un plato o una bandeja, su comida se sirve en botella. «Es una sopa castellana de ajos con ingredientes completamente orgánicos. La idea es coger un plato tradicional como éste y darle una vuelta de tuerca», ha explicado el cocinero que, junto a un socio (Mauro Paz), dirige ahora el restaurante Mune Gorri en la Alameda de San Mamés. Eso no ha hecho que desaparezca su pasión por los food truck. «Tengo una furgo y planeo transformarla», ha añadido.

Ésa es la misma pasión que David Atero, de ‘Craftsman Food Truck’, le ha puesto a su negocio. Este joven de Tarragona ha logrado el tercer puesto en el concurso gracias a un bocadillo gourmet de pollo teriyaki. “La salsa es de receta propia y también lleva mahonesa de avellana y crujiente de maíz tostado”, ha detallado su creador, que lleva casi un año con el proyecto de la gastroneta. “Cuando se celebró esta feria el año pasado no pude venir porque ya estábamos con a punto de abrir. Lo más complicado es encontrar los eventos bien organizados a los que acudir”, ha advertido.

Originalidad y presentación

Rosquicroquetas.
Rosquicroquetas. / S. Llamas

El jurado ha estado compuesto por Daniel García, del restaurante Zortziko; Ricardo Pérez, del Grupo Yandiola y subcampeón de España Jóvenes Chefs; Igor Ozami, responsable de cocina en la Escuela de Hostelería de Bilbao y Beñat Ormaetxea, del restaurante Jauregiberria y campeón de España de jóvenes cocineros. «Aquí se tienen en cuenta la originalidad del concepto que proponen, la presentación, porque es un mercado en el que se valora mucho lo visual, y que sea sostenible para preparar en una furgoneta. También tiene que llevar ingredientes económicos para buscar la máxima utilidad», ha detallado este último.

Con esos elementos, y también con un guiño hacia las tierras vascas, el madrileño Félix Galán, de ‘Pultarius’, ha presentado un txangurro con guacamole, aliño de yogurt, cebolla, cilantro y ralladuras de lima. «Es un crabcake, una especie de hamburguesa de cangrejo que nació en la zona noroeste de los Estados Unidos. Son platos que llevan mucha pre-elaboración», ha explicado el cocinero, que lleva desde 2014 a bordo de un food truck. «Lo peor es que los Ayuntamientos ponen muchas pegas, y eso que estas cocinas son mejores que las de muchos bares y restaurantes», se ha lamentado. En la misma línea se ha manifestado la malagueña Beatriz Salomón Pérez, de ‘La vida es Wonderful’, que ha presentado un arroz thai con leche de coco, pollo y mango, en el que no faltaban las verduras de temporada. «Es un mercado complicado. Cuesta trabajar en las calles porque no lo ponen fácil. Nos dicen que es por la presión de los hosteleros, que nos ven como a una competencia aunque hacemos cosas diferentes», ha razonado.

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