El Correo

Multa de 80 euros a los padres de un niño de 11 años por lanzar petardos en Sestao

Material pirotécnico a la venta legalmente en una tienda con licencia para ello.
Material pirotécnico a la venta legalmente en una tienda con licencia para ello. / J. A.
  • Vecinos de la localidad recogen firmas para que el Ayuntamiento impida el uso de esos productos

El estruendo de los petardos ha vuelto a retumbar un año más en navidades en la Margen Izquierda. Tras el incidente ocurrido en el acto de despedida de Olentzero en Sestao el 24 de diciembre, en el que resultaron heridos dos menores a causa de un fallo en el lanzamiento del material pirotécnico, que hizo que saliesen disparados hacia el público congregado en la plaza del Kasko, vecinos de la localidad fabril han iniciado una recogida de firmas. De momento han reunido medio millar y solicitan al Ayuntamiento que haga cumplir la ordenanza municipal, que impide el uso de estos artefactos en el municipio.

Y es que la Margen Izquierda ha vuelto a convertirse en terreno abonado para los amantes de la pirotecnia. Y no sólo en Nochevieja y Año Nuevo, momento predilecto para el lanzamiento de cohetes, bengalas y hasta fuegos artificiales; sino durante el resto de las fiestas, para disgusto y preocupación de quienes conviven con una mascota, tienen niños pequeños o sufren alguna enfermedad.

Eso sí, lanzar un petardo no siempre sale gratis. El Consistorio sestaoarra multó con 80 euros a los padres de un crío de 11 años que manipulaba uno en la plaza San Pedro. Asimismo, durante estas fiestas, decomisó una mochila llena de material pirotécnico de unos chavales que se encontraban en el mismo lugar y que salieron corriendo al ser amonestados. De forma complementaria, la Policía Municipal llevó a cabo inspecciones en los establecimientos susceptibles de vender este material, aunque no fue necesario incautar ningún artefacto defectuoso o ilegal, advirtieron.

Inspecciones en Portugalete

En Portugalete, el Ayuntamiento apuesta por «la pedagogía» en vez de la «represión», a pesar de haber registrado 23 llamadas de vecinos realizadas entre el 13 y el 31 de diciembre quejándose de ruidos y molestias provocadas por personas, en su mayoría menores de edad, que lanzaban petardos. Aunque no hubo que lamentar heridos, sí se produjeron daños materiales valorados en más de 1.200 euros. Un contenedor de plástico ardió en Nochevieja en la calle de El Ojillo a causa de la colocación intencionada de pirotecnia en su interior, lo que obligó a llamar a los bomberos.

La Policía Municipal jarrillera realizó 18 inspecciones en establecimientos para comprobar si contaban con licencia para vender este tipo de material y si este se encontraba en buen estado. No se detectó venta ilegal ni tampoco productos en mal estado, según indicaron fuentes municipales, que detallaron que ocho locales solicitaron autorización para expender artículos de pirotecnia de categoría F1, los de menor potencia y nivel de ruido.

Colaboración ciudadana

En Santurtzi no se registró esta Navidad ninguna incidencia por el manejo de productos pirotécnicos, pero la Policía Local sí tuvo que retirar de un local unas cien cajas de petardos que se estaban vendiendo a menores. «El decomiso de este tipo de material no es muy habitual dentro de las actuaciones de la Guardia Urbana. Suele haber alguna de carácter puntual, pero no se suele tratar de grandes cantidades», explica Iván López, concejal de Seguridad Ciudadana del Ayuntamiento marinero, quien recuerda que en estos casos es fundamental la colaboración ciudadana: «Este tipo de hechos se suelen descubrir gracias a ciudadanos que alertan de ventas no permitidas».

En Barakaldo estas fiestas los petardos tampoco han dado pie a ningún incidente reseñable, ni han desembocado en ningún decomiso por parte de la Policía Local. La mayor actuación en el municipio se produjo en la Nochevieja de 2012, cuando un operativo puesto en marcha con agentes de paisano requisó 170 kilos de material pirotécnico ilegal en varios bazares. Tres meses después, una operación similar permitió incautar otros 11 kilos de cinco establecimientos en los que permanecía oculto bajo cestas de mimbre y otros productos.

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