El Correo

«No te explicas cómo se podía trabajar sin material»

Antiguos y nuevos alumnos comparten los festejos del aniversario. / PEDRO URRESTI
  • El colegio público de Abanto festeja sus bodas de oros este fin de semana con música, pasacalles y una comida popular con antiguos profesores y alumnos

Una fructífera unión. Este es, sin duda, el balance de la intensa relación vivida entre el pueblo de Abanto y el Colegio El Casal, que ha arrancado este viernes, y por todo lo alto, la celebración de sus bodas de oro. El 16 de octubre de 1966 abrió por primera vez sus puertas este centro en el barrio de Gallarta. Por aquel entonces, Susana Plasín y Benjamín Muñiz se ocupaban de dos grupos de alumnos, de 47 y 54 respectivamente, con edades comprendidas entre los 7 y 14 años. Maestros y pupilos llegaron desde las escuelas ubicadas en la barriada de San Fuentes donde permanecieron otras dos profesoras al cuidado de un centenar de críos. En aquella época, «se enseñaba mates, lengua, historia y todo», explica el hombre, ya jubilado, que con el tiempo llegó a dirigir la escuela y que este viernes se enorgullecía de ver el resultado de todo el trabajo. «No te explicas cómo se podía trabajar sin material y tenías que arreglarte con todos esos chavales juntos», se ríe.

Hoy, el panorama es algo diferente. «La educación unitaria tradicional ha dado paso a las comunidades de aprendizaje que otorgan gran importancia a la familia y el entorno», señala la actual directora de El Casal, Sandra Viota, que subraya que «se ha apostado mucho a la hora de colaborar. Tenemos voluntariado que dinamiza pequeños grupos de alumnos dentro del aula como refuerzo para que los críos afiancen lo aprendido en clase», mientras que otros aitas y amas «se ofrecen para hacer talleres, como delegados de familia o participan en comisiones mixtas con el profesorado y los alumnos».

La conclusión es, clara: «Somos una escuela abierta donde todos aprendemos de todos». Además de la reducción de las ratios, otro cambio evidente es la transición de la enseñanza en castellano hacia el modelo D, en euskera, llevado a cabo durante el curso 2003-2004. Sin olvidar, «la integración total y la buena convivencia» que se respira por doquier gracias a «la implicación del profesorado y de las familias». Algo que no siempre fue sobre ruedas. Carlos Quintana, presidente de la primera asociación de padres (APA), creada en 1976, apunta que los primeros padres y madres que engrosaron sus filas apostaron «por cuidar la escuela pública, que entonces era algo marginal». Y con empeño y apoyo institucional lo lograron. «Incluso llegamos a parar la Gran Vía de Bilbao para lograr una ampliación de las instalaciones en los ochenta», enfatiza. Hoy pueden sentirse orgullosos de su esfuerzo. El Casal ha llegado a los cincuenta en muy buena forma y con excelente salud.

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