El reino de la ilusión toma Getxo

Siete vistosas carrozas coparon todas las miradas. /MANU CECILIO
Siete vistosas carrozas coparon todas las miradas. / MANU CECILIO

Los Reyes y su cortejo conquistan el corazón de los txikis a su paso por la localidad con una Cabalgata algo deslucida por la lluvia

TERRY BASTERRA GETXO.

Para los más bajitos de Bizkaia, ayer fue un día más que señalado, de esos que resisten en la memoria el paso del tiempo. Era 5 de enero y tras atravesar infranqueables desiertos de las mil y una noches, Sus Majestades de Oriente se dieron un refrescante baño de masas en Getxo, un municipio en el que se les ama y aclama y que conquistaron con su ejército de cuento por unas horas. Vinieron los Reyes Magos, como su propio nombre indica, cargados de magia. Y de esperanza. «¡Ya vienen, ya vienen!», certificaban los pequeños de la localidad según se iba acercando la comitiva real. La espera había acabado y los pequeños por fin iban a poder ver el paso de las carrozas y de Melchor, Gaspar y Baltasar. Entre ellos Jorge, de seis años y de Las Arenas. La misma mañana de ayer le había entregado a Baltasar la carta en mano para que no tuviese duda sobre qué regalos ha pedido exactamente para este año.

Por la tarde estaba en Andra Mari, de donde partió la primera de las dos comitivas que recorrieron la extensa localidad para ver el paso de Sus Majestades. En ningún momento dejó de saludar junto a su hermano pequeño Álvaro, de cuatro años, a los tres monarcas. «Lo mejor es ver que ya han llegado», aseguraba tras esperar treinta minutos con su familia y varios amigos la llegada de la Cabalgata. Y aunque la persistente lluvia hizo que tuviese una menor afluencia que el año anterior y los asistentes tuvieran que verla paraguas en mano, no evitó que estos dos hermanos y cientos de niños disfrutasen de una de las noches más mágicas del año. Y por si eso fuera poco también volvieron a casa con los bolsillos rebosantes de caramelos.

Dos toneladas de caramelos

De repartirlos se encargaban los duendecillos que rondaban junto a la última de las carrozas que componían la Cabalgata. La comitiva la abría la estrella fugaz, seguida por un Belén Viviente y sus pastorcillos. A partir de ahí era el momento de los seres mágicos de la tierra de Nunca Jamás, con un malvado Capitán Garfio y un intrépido Peter Pan. No faltaban tampoco los Niños Perdidos, las hadas ni otros seres mágicos. Mickey y Minnie Mouse presidían otra carroza a la que seguían un montón de pequeños ratoncillos.

Para Martxelo, la de ayer también era una noche especial. «Gaspar es el que más me gusta. Me ha mirado y saludado», relataba tras el paso de los magos. Junto a él estaba su hermana Kattalin, más pequeña y todavía con cierta expresión de temor en el rostro. «Los Reyes a principio me han dado un poco de miedo. Prefiero el hada del principio», confesaba. Estos dos hermanos y Nicole, la pequeña de la familia, habían llegado desde Sopela con sus padres Noemí Fernández y Koldo Atxutegi. «Somos más de Olentzero, pero la Cabalgata no nos la perdemos. Es tradición. Y la Getxo es la que mejor se ve», explicaban.

Más de 200 personas formaban parte este año de la comitiva, que realizó dos recorridos, el primero por Andra Mari y Algorta y el segundo por Las Arenas y Romo. Estaba compuesta por siete carrozas, dos más que en la edición anterior, en respuesta a las quejas de la pasada edición que criticaban que la Cabalgata de 2017, tildándola de «pobre». En esta edición, según indicaban ayer fuentes municipales, el Ayuntamiento ha invertido cerca de 20.000 euros en el alquiler y decoración de las carrozas, así como en la compra de las más de dos toneladas de caramelos que se repartieron, algunos de los cuales volaban desde la parte final de la comitiva. Muchos padres aprovecharon para dar la vuelta a sus paraguas y hacerse con el mayor número de dulces. Una escena que se repetía en algunos balcones de los pisos más bajos, como en las viviendas situadas en la Avenida del Ángel.

Esta edición ha contado con numerosos pajes colaboradores. Se trata de miembros de la asociación Ziztu Bizial y de Eskubeltz Eskaut Taldea, además de alumnas de los cursos de gimnasia rítmica de Getxo Kirolak y voluntarios de Cruz Roja. Todos ellos se encargaban de animar y dar color y movimiento a una Cabalgata que llenó de ilusión y emoción a los pequeños. Como la que tenía un debutante Gaspar, que pese a confesarse «un poco nervioso», no paraba de saludar desde su carroza a quienes gritaban su nombre.

«Es impresionante la cara de los niños. Los más pequeños se quedan un poco asustados al principio al verme, pero no paran de mirarme», aseguraba este mago de Oriente minutos antes del inicio de la Cabalgata, preparado ya para visitar las casas de los pequeños en esa noche tan especial. En otras localidades, la lluvia impuso cambios en las Cabalgatas. En el barrio erandiotarra de Altzaga, se canceló el desfile, aunque sí hubo recepción. En Sopela, se acortó el recorrido.

El desfile salió desde la iglesia en lugar de Larrabasterra, para que los caballos no tuvieran que subir una pronunciada cuesta y evitar así cualquier posible resbalón. El resto del itinerario se mantuvo con el recibimiento a Sus Majestades en la plaza del Ayuntamiento. En Gorliz y Plentzia, las comitivas y los belenes vivientes avanzaron con normalidad pese a la lluvia. Y no faltó el chocolate caliente para reponer fuerzas y hacer entrar en calor a reyes, pajes, niños y padres.

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