«Me he quitado las manías, demuestran debilidad»

El deportista, durante un entrenamiento en un gimnasio del barrio bilbaíno de Bolueta. / PEDRO URRESTI
El deportista, durante un entrenamiento en un gimnasio del barrio bilbaíno de Bolueta. / PEDRO URRESTI

Ibon Larrinaga tratará el viernes de revalidar su título de campeón mediterráneo del Consejo Mundial de Boxeo en peso supergallo frente a Aritz 'Chulito' Pardal

GABRIEL CUESTA GETXO.

Cuando Ibon Larrinaga (Romo, 1991) se ajustó por primera vez los guantes se sintió más vivo que nunca. Por eso le llaman ‘Pura vida’. Porque el boxeo le hace sentir «esa adrenalina» que nunca antes había recorrido sus venas. «El mote creo que también me representa. Soy muy dinámico. Hago mucho movimiento de piernas», explica el joven púgil de Romo, que suelta un suspiro cuando se le pregunta cuánto tiempo echa al día en el gimnasio. Jornada completa en su ‘hogar’. ‘Larri’ se pasa ocho horas al día entre sacos. Cuatro bajo las órdenes de Txutxi del Valle en Deusto, el mismo tiempo que gasta en dar clases en un centro de Bolueta.

Su sacrificio se ha visto recompensado con un comienzo espectacular en el boxeo profesional. Invicto en sus nueve combates, dos de ellos ganados por KO. Un ligero tono morado en sus párpados inferiores delata el esfuerzo que le ha supuesto dar el gran salto. «No estaba acostumbrado a que contactasen», confiesa. Eso sí, lo ha llevado bien. «He sabido recibir golpes duros».

El de Romo puede presumir de haber conseguido su primer título en mayo, cuando se proclamó en La Rochelle (Francia) campeón mediterráneo del Consejo Mundial de Boxeo (WBC en inglés) del peso supergallo ante el boxeador local Georges Leroy. Le hizo morder el polvo al galo, invicto hasta esa fecha. «Fui sin miedo a perder. Ahora es diferente. En casa tienes apoyo, pero a la vez tienes la presión de querer hacerlo bien». Y es que le tocará el próximo viernes (21.00 horas) defender su cinturón en Miribilla, ante el valenciano Aritz ‘Chulito’ Pardal. «Va a ser un combate duro. Es un pegador, hay que tener cuidado en los primeros asaltos», advierte. ‘Larri’ vaticina que puede ganar «antes del límite» porque se ve «más rápido y fuerte que nunca. Lo ideal es que sea una pelea larga. Es cuando más cómodo estoy. Hago mella en el rival cuando se cansa». Será el entrante de una velada que tendrá como plato principal la pelea entre Andoni Gago y Víctor ‘El Vikingo’ Terrazas. En los últimos meses ha subido el listón.

«He dado la talla»

Primero, con su viaje a Ucrania para hacer de sparring junto al excampeón europeo Oleg Yefimovych. Después se desplazó a Barcelona para guantear con Juli Giner, campeón nacional en 2013 y europeo hace dos años. «He dado la talla ante pesos superiores. Me llevo buena imagen. Ese es el camino», apunta ‘Larri’, que reconoce que se «obliga» a descansar porque «pasar de estar en un pico a hundido es muy fácil».

El de Romo sigue con las ganas intactas desde que empezara por pura afición en el polideportivo de Erandio. Fue durante la recuperación de una rotura de tibia y peroné que sufrió mientras jugaba a fútbol. Estuvo en las filas del Arenas, Leioa e Iturgitxi; pero el contratiempo le obligó a operarse en tres ocasiones y a estar seis meses escayolado. «Es el boxeo el que saca mis ganas de evolucionar. Yo no me quedaba haciendo horas de más tirando faltas, pero sí lo hago velando el saco», reconoce. En Erandio despertó el interés de Kerman Lejarraga. Uno de los emblemas del boxeo vizcaíno le llevó a entrenar a su gimnasio de Deusto. Ahora es el santuario en el que se curte.

«Me animó a entrenar junto a él mano a mano hasta llegar a profesional. Él y Txutxi me dieron la fuerza. Después de más de ochenta peleas amateur aquí estoy». El principal ingrediente en la dieta de Larrinaga es la báscula. «Peso todo para no pasarme. Hay que ser muy estricto sobre todo cuando queda poco para el combate», confiesa. Es un púgil poco supersticioso y sin manías antes de subirse al ring. «Cuando empecé me gustaba salir en la esquina roja o escuchaba ‘Ojalá’ de Silvio Rodríguez porque me tranquilizaba. Pero me quité esas costumbres porque son sinónimo de debilidad. Si entrenando me dejo la piel sin ningún rito, el día del combate tiene que ser igual».

También le costó ‘jubilar’ sus primeras zapatillas. «Las guardo de recuerdo junto a mis primeras vendas. Son mis raíces», reconoce. Lo que no conserva son sus primeros pantalones: «Me los regaló Kerman y a mí me apetecía hacer lo mismo. Se los he dado a Lander Campo»·. Después de defender título le gustaría dar el salto a nivel europeo. ‘Pura vida’ no quiere dejar de soñar.

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