Los plataneros vuelven a dar guerra a los vecinos de Negurigane

Diecisiete frondosos árboles causan «molestias y suciedad». / E. GUDE

Sus raíces estropean el pavimento y sus hojas ensucian una propiedad particular. El Gobierno local asegura que la poda «elevaría el peligro de caída»

ERLANTZ GUDE LEIOA.

Vecinos de Negurigane siguen molestos por los perjuicios que les genera el estado de los diecisiete plataneros que adornan el paseo peatonal entre los chalés del número 38 y los pisos de los números 30, 32, 34 y 36. Integraban una finca privada, en buen estado, pero cuando pasaron a vía pública se espació su conservación por parte del Consistorio de Leioa, al punto de alcanzar su tamaño actual. Desde el Ayuntamiento, se ha deslizado la posible tala o dejarlos como están, ya que la poda, aducen, elevaría el peligro de caída. Actualmente se estudia una solución. En la urbanización de pisos denuncian que las ramas se adentran hasta tres metros en su propiedad. No obstante, en ambas los residentes deben costear la retirada de las numerosas hojas que se desprenden de los plataneros, y basta ver cómo incluso en estos días estivales la piscina y el jardín se llenan de ellas, «para entender cómo será el otoño», anotan.

La situación se ha agravado en los últimos tiempos. «Los árboles son de enormes dimensiones, impropios para un paseo peatonal, llevan mucho tiempo sin podar, sus raíces continúan deteriorando el pavimento de un terreno particular y sus ramas invaden la urbanización por encima del linde. Esto es irregular y denunciable», asegura.

Otro residente anota que en su caso los árboles, «que están algo enfermos, pueden colapsar los canalones de desagüe» y apunta que a un vecino se le inundó la vivienda, como consecuencia de la ineficiente evacuación de agua al estar bloqueado el canalón. El trabajo para el jardinero, prosigue, es «infinito». Por mucho que se invierta en limpieza, «los filtros de la piscina pueden quedar tocados», esgrime. Y como mal menor apela a la pérdida de horas de sol. Este vecino aboga por «una poda razonable, en lugar de la tala». Asimismo, en los chalés dicen sentirse especialmente vulnerables porque, «si se produjese una caída, el árbol se precipitaría por el viento sobre nuestras viviendas».

Desde 2001, aducen, el Ayuntamiento dejó de cuidarlos con la regularidad que venía haciéndolo la década anterior. El dinero adicional que han de invertir en el mantenimiento de sus propiedades y el peligro de caída de los árboles son los argumentos en los que más hacen hincapié. Las reclamaciones de los afectados se remontan a 2005.

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