Las obras de Ibarbengoa, un «foco de problemas» para los vecinos

Un camión ocupa la totalidad de uno de los caminos de Tosu. / T. I.
Un camión ocupa la totalidad de uno de los caminos de Tosu. / T. I.

Las quejas de los residentes a la Policía Local por la obstrucción de los caminos, los ruidos y la suciedad son constantes

T. IZAGIRRE GETXO.

La asociación de vecinos de Andra Mari carga contra las obras de construcción del parking disuasorio de Ibarbengoa porque «es un foco de problemas». Las cinco familias residentes en la zona más afectada -en la estrada de Tosu- confiesan que están «hartas» por un cúmulo de ruidos, suciedad, desperfectos en arquetas y camino, obstrucción del paso a su casas, horarios de obras y demás.

Este tranquilo espacio rural se ha convertido en un hervidero que les ha llevado a presentar quejas, llamadas a la Policía Municipal y denuncias para que se trabaje de otra forma «sin hacernos la vida imposible», como protesta Javi Iturregi, portavoz de la agrupación vecinal y afectado.

«Aquí las carreteras no las limpia nadie. Está todo lleno de barro». Iturregi requiere que mangueen la zona y las ruedas de los camiones porque las lluvias constantes han convertido en un barrizal el exterior de la valla donde se construye el aparcamiento disuasorio 304 plazas. «Pensarán los políticos que los zapatos son más baratos para quienes vivimos en Tosu, o que aquí tenemos katiuskas de toda la vida», afirma con sarcarsmo.

Pero ésa tan solo es una de las molestias sufridas, ya que el gran tonelaje de los vehículos causa desperfectos tanto en el firme como en las arquetas de abastecimiento de aguas. «La mía ya ha desaparecido por el peso de los camiones», asegura el portavoz de la asociación, que mañana presentará una denuncia al respecto en el Ayuntamiento de Getxo. «¿Esto quién nos lo paga esto a nosotros?¿Va a salir de nuestros bolsillos?», se pregunta.

Iturregi incide en que la obstrucción del paso por la invasión de estos vehículos parados en la estrada «son constantes y hasta de hora y media de duración». Eso les obliga a dar un rodeo por caminos que muchas personas desconocen, como le sucedió la otra vez con un vehículo médico. «Si cualquier día hay una urgencia, qué nos pasará?», se cuestiona un vecino que quiere mantenerse en el anonimato y que apunta a un caos porque ni se señaliza la zona ni se indica qué hacer a los automovilistas.

Encima la faena diaria arranca antes de lo esperado. «Empiezan a las siete de la mañana, cuando tienen permiso para empezar una hora después, a las ocho», asegura. Excavadoras y vehículos pesados inician la tarea, mientras se pone en marcha un generador para proporcionar la electricidad precisa. «Solo el generador provoca una vibración que me tiembla hasta la puerta de casa», lanza Iturregi. Aunque augura que lo peor está por llegar: «No quiero ni pensar qué pasará cuando empiecen la perforación de la roca. ¿Aguantará el edificio?”»

Los residentes de la zona se quejan porque las molestias les obligan a llamar la atención a pie de obra cada jornada. «Día a día nos encontramos algo nuevo y tenemos que ir a llamarles la atención sin que nos hagan el más mínimo caso». El portavoz de los vecinos de Andra Mari hasta denuncia la forma en que han arreglado un problema en una tubería de saneamiento averiada. «Han hecho un empalme 'trafullero', embutiendo un tubo dentro de otro y ya está», protesta, antes de reclamar que las obras respeten a las pocas familias que viven en la zona.

Por último Iturregi incide en que «falta un estudio medioambiental de impacto en esa zona donde hay acuíferos».

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