«Esto no es normal que pase en Getxo. Podían haberme matado»

El hombre fue agredido en este punto de Romo./Pedro Urresti
El hombre fue agredido en este punto de Romo. / Pedro Urresti

Un vecino denuncia una agresión a la salida de un bar de Romo en la madrugada del Viernes Santo. Le golpearon la cabeza contra el suelo

TXEMA IZAGIRRE

Madrugada del Viernes Santo. Ricardo B., de 56 años y vecino de Las Arenas, regresa de tomar unas cervezas. La última para en un establecimiento hostelero situado en una zona «a la que hacía años que no iba de Romo». Dentro, «unas 20 personas en total, algunos de ellos bailando salsa». Entabla conversación con un cliente. Le invita a una caña. Acaba su consumición y se marcha para casa. Hasta ahí todo normal. Pero apenas había andando unos metros cuando al llegar a la intersección entre las calle Santa Eugenia y Amalloa le agreden por la espalda.

Primero nota una fuerte patada a la altura del tobillo y, casi a la par, le agarran fuertemente del brazo izquierdo y le tiran contra el suelo. Se golpea la cabeza y la cara. Los atacantes le mantienen inmovilizado contra los adoquines. «Mientras un hombre me sujetaba el otro me vació los bolsillos y se llevó el teléfono móvil y la cartera», relató este vecino a los agentes en la comisaría de la Ertzaintza en la que interpuso la denuncia. Aunque los efectivos de la policía autónoma vasca le aseguran que «esa zona es insegura» a este vecino de Las Arenas, días después de sufrir esta agresión, le sigue resultando incomprensible lo ocurrido. «Esto no es normal que pase en Getxo, pero estoy seguro que no soy la única víctima. Las personas a las que les pase algo parecido deben denunciarlo. Yo no tengo miedo, pero es que esto me ha pasado a 35 metros de distancia de la boca del metro. Un sitio por donde pasan mis hijas cuando vuelven de ir a la discoteca a Bilbao», advierte.

Los atacantes le robaron la cartera con 300 euros en metálico, las tarjetas y se llevaron también su móvil

Ricardo B. tiene claro que las personas que le agredieron para robarle estaban en el bar en el que tomó la última cerveza. De hecho hasta cree que uno de ellos pudo ser el hombre al que invitó a una caña. «Al pagar me vio los 300 euros que había retirado un poco antes de un cajero para los gastos familiares de Semana Santa. Y aunque cuando estoy fuera suelo tomar precauciones, ese día no lo hice», confiesa.

El resultado es una agresión y el cuerpo policontusionado. «Tengo el tobillo como una bota, dolor en las costillas, el brazo morado y la marca de las gafas porque se me empotraron en la cara y todavía no se me ha quitado del todo», relataba ayer a este diario. Días después hay una idea que no le abandona. «Podían haberme matado, como le pasó estas pasadas navidades a aquel chico en Bilbao. Si me hubiese dado un mal golpe en la cabeza al caer contra el suelo al caer quizás habría muerto, como le pasó a 'Urren'».

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