Medio siglo de fiestas en Romo

Los festejos del barrio arrancarán este año antes, el 30 de julio, y después se reiniciarán el 1 de agosto hasta el día 6. / MANU CECILIO

Las comisión presentará hoy un libro conmemorativo y habrá eventos especiales en unos festejos marcados por la «unión de un barrio»

TXEMA IZAGIRRE GETXO.

Hace 50 años que se puso al frente de los festejos de Romo la primera comisión. Para conmemorarlo, el barrio se sumerge de lleno en unas fiestas muy especiales que miran a esas personas que se fajaron para el disfrute del jolgorio general y también propio. Aparte de un programa tan creativo como otros años, en 2017 la agenda se abre antes, con eventos especiales en este barrio unido que amalgama a todos los grupos, hosteleros, comerciantes y vecinos para formar una piña con la vecina Pinueta.

Este año incluso editarán un libro recopilatorio sobre la historia de Romo, con fotos antiguas que tendrán a los festejos y las comisiones como principales protagonistas, pero en el que tampoco faltará el negro recuerdo de las inundaciones que asolaron el barrio. Lo presentarán hoy, a las 20.00 horas, en Gobelondo. «Hemos hecho la historia con nombres de las comisiones de fiestas y se explican los orígenes del barrio». El miembro de la comisión Jagoba Agirre explica que saldrán a la calle 500 unidades que se venderán a un precio sin fijar para cubrir los gastos de edición. Lo más probable es que se puedan adquirir en bares, librerías y en la oficina de la comisión, que forman 18 personas.

«El libro va a ser una cosa bonita que va a gustar a todo el mundo», predice, para incidir en el apoyo general que les ofrecen a los organizadores en el barrio. «La gente, cuando pides una ayudita, siempre está ahí». Porque en Romo, más que de barrio, tiene alma de pueblo. Los vecinos son una piña que supera las fronteras municipales y absorbe a Pinueta, perteneciente a Leioa. «Por cuestiones legales, son de Leioa pero la gente se considera de Romo», indica.

Por ser una cita especial, este año los festejos arrancarán antes, el 30 de julio, con una feria agrícola y con la intervención de un grupo de grafiteros que pintarán con sprays unos paneles para exponer en las calles durante todos los festejos. Aunque será el 1 de agosto, a las 19.30 horas, cuando se lanzará el chupinazo con los integrantes de la propia comisión de fiestas como pregoneros. Se bailará el aurresku, habrá animación de txalaparta, se juntarán quienes han pertenecido a comisiones anteriores y se recordará a quienes no pueden estar porque fallecieron.

Actualmente son conscientes de lo que les han aportado los anteriores. «Es emocionante. Vemos que tenemos un rico legado y queríamos hacer un homenaje. Porque las fiestas de Romo no serían hoy lo que son sin la participación de esas personas», comenta Agirre.

Transgresores

Él está convencido de que en este pueblo son «transgresores. Nos gusta hacer cosas que nadie hace o que son políticamente incorrectas. Un ejemplo son las goitiberas. En vez de hacer una bajada, hacemos una subida». Luego recuerda aquel concurso de eructos causante de una gran polémica en los medios. Agirre está convencido de que se vivirá ese ambiente sano, divertido, carismático y atractivo que hace de esta barriada un punto de atracción durante todo el año.

«La gente hasta viene a potear a Romo porque, en ese sentido, somos un referente en cuanto a ambiente». Y si Agirre lleva desde 2001 en la comisión, Iñaki Loizaga, integrante de la cuadrilla Uda Gorri, lleva cuatro. Este joven hace una comparación de a qué tenían que enfrentarse los organizadores de los festejos hace años y en la actualidad. «Antes las cosas se hacían más a las bravas. No es como ahora, que todo es burocracia, sobre todo porque la exigencia de seguridad en los eventos es altísima. Eso supone muchos problemas». Papeleos, seguros e inspecciones técnicas, entre otras cuestiones, multiplican el trabajo. Loizaga respalda las palabras de Agirre al indicar que «a lo largo de la historia, la comisión siempre ha estado apoyada por los grupos; siempre ha sido un movimiento muy popular». A eso añade que «los colectivos que montan las txosnas aportan mucho a la jaia y encima dan a la comisión parte de sus beneficios».

Y mira adelante, a pocos días vista para asegurar que, «a nivel de pueblo, se afronta con expectativas de que sea algo grande. Cuando lleguen las jaias se darán cuenta de que es algo muy especial. En el pueblo se masca el 50 aniversario». Es que se espera que unas 25 cuadrillas se metan de lleno en el ajo en el jolgorio para demostrar esa unión especial y ese compromiso que se respira en Romo. Porque Loizaga admite que la comisión se faja, pero no le faltan apoyos y entregas de todos para satisfacción general. «Al final es fabricar con tus manos, con tu esfuerzo, con tu sudor, lo que disfruta todo el mundo, y tú también disfrutas muchísimo por ello».

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