Ingenio y solidaridad

La mayoría de proyectos se desarrollan en África y Sudamérica. / E. C.
La mayoría de proyectos se desarrollan en África y Sudamérica. / E. C.

ERLANTZ GUDE LEIOA.

El colectivo Ingeniería para la Cooperación-Lankidetzarako Ingeniaritza nació en 1995 a través de la unión de varios ingenieros que decidieron apoyar con su talento a personas desfavorecidas de cualquier lugar. Concretamente, la idea fue alumbrada por profesionales vinculados al Colegio de Ingenieros Industriales de Álava, y de ahí dio el salto a los otros territorios. Han pasado más de veinte años e IC-LI cuenta con sedes en las tres capitales y más de 400 socios. Suma más de 170 proyectos finalizados con una inversión superior a 25 millones, principalmente en el África subsahariana y Sudamérica, y en el ámbito de la educación, la salud, las infraestructuras y la mujer.

El protagonismo de los ingenieros sigue siendo evidente, pero representantes de otras disciplinas han ido ganando peso en el proyecto. Cabe destacar la presencia de profesionales de la Margen Derecha. Uno de los casos más significativos es el del bilbaíno afincado en Getxo Enrique Cárdenas. Cuando se jubiló en 2004 encontró en IC-LI un modo de estar ocupado, y nada más entrar le integraron en la directiva.

Su implicación pronto quedó fuera de toda duda, y con el tiempo la ha ido reafirmando en un colectivo donde no se abonan salarios, y sí, en cambio, como en el caso de Enrique, hay quien pone dinero para costearse los viajes o facilitar que sus iniciativas lleguen a buen puerto. No son pocos lo que se acercan a IC-LI pero descartan participar cuando ven el grado de exigencia que pueden requerir sus trabajos. «Hay que dedicarles muchas horas, conocer y permanecer en contacto con los países en los que se va a cooperar», anota. Él, que empezó participando en el diseño de cinco pozos de agua en Guinea Ecuatorial, ha trabajado en diversos países y señala como aspecto fundamental la necesidad de adaptarse a las ventajas y limitaciones de los lugares en los que se va a cooperar. Al margen de los condicionantes lógicos de maquinaria y personal, «en países de África es complicado justificar las subvenciones, teniendo en cuenta que mucha gente funciona con el trueque», esgrime.

Congo, Ruanda o Sestao

La corrupción se aprecia con más facilidad que en Occidente, y Enrique Cárdenas destaca la particular confianza que deposita en los religiosos, a quienes no deja de ensalzar por la impagable labor que desempeñan en estos países. IC-LI busca generar empleo en las comunidades locales, y, al margen de la implicación de trabajadores en las obras, Enrique subraya que construyeron una fábrica en Congo para integrar a personas que padecen epilepsia, y que son discriminadas por su entorno.

Pero este vecino de Getxo recuerda que la pobreza está presente de distintas formas en cualquier sitio. Tras haberse involucrado en proyectos solidarios desde Ruanda a Perú, la necesidad, incide, también golpea a nuestro entorno, y, por ello, ayuda con IC-LI a niños de familias azotadas por la crisis en Sestao. En el marco de un proyecto impulsado con colegios y una parroquia, el colectivo acondicionará un local para alejar a los pequeños de la marginalidad. Para Enrique, mejorar la vida de personas en situación desfavorecida compensa ampliamente su contribución personal.

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