Travesía en vela contra la ELA: «Iñaki contagia su espíritu positivo»

Iñaki Elorriaga, en el 'Pottoka' junto con Unai Basurko, fue recibido por las autoridades de Getxo. / P. URRESTI
Iñaki Elorriaga, en el 'Pottoka' junto con Unai Basurko, fue recibido por las autoridades de Getxo. / P. URRESTI

El carácter del afectado por la ELA cala en el 'Pottoka' de Unai Basurko, que ayer llegó a Getxo tras regresar de Finisterre

TXEMA IZAGIRRE GETXO.

Con el viento en contra a la ida y a la vuelta terminará hoy en San Sebastián la iniciativa solidaria 'Tras la ELA en vela: Desafío cabo Finisterre'. El tiempo no ha acompañado en esta travesía hasta Galicia que encantó tanto a sus protagonistas, que están dispuestos a repetirla. «Tuvimos dificultades, es cierto, pero Iñaki nos contagió sus ganas, su espíritu positivo». El que así habla Unai Basurko, marinero profesional y patrón del 'Pottoka'. Se refiere a Iñaki Elorriaga, a quien diagnosticaron Esclerosis Lateral Amiotrófica (ELA) hace unos años. A sus 71 años este hombre se embarcó en su primera aventura marinera. Lo hizo después de hacer de joven las prácticas necesarias para que le dieran el título de ingeniero de máquinas de la marina mercante.

¿Cómo arrancó toda la aventura? Pues con mucho meneo, como suele ser habitual al partir en un velero con temporal a la vista. «Empezó el barco a moverse. Unai se abrió hacia arriba, hacia el norte, y allí a 'pantocazo' limpio», narraba ayer Elorriaga tras amarrar en el Puerto Deportivo de Getxo. «En tierra había unas tormentas horrorosas, así que íbamos escapando de ellas», relataba.

Antes de partir habían dado cuenta de una tortilla de patatas «maravillosa» que cocinó la hermana de Elorriaga, adornada con pimientos verdes fritos y acompañada con otros asados. Todos iban con la barriga llena. Claro que es imposible sortear todas las tormentas. «Nos cogió una curiosa. Y ahí arrancó el asunto de que el estómago te empieza a decir: '¡hola que hay! Te 'atontonas' bastante también por el movimiento, así que entonces, personalmente acabé no digiriendo la tortilla». Elorriaga siempre concluye en positivo. «Fue una cosa maravillosa porque los peces comieron unos nutrientes de Primera División. Y creo que nos siguieron toda la travesía por si había más», bromeaba.

Pero pasada esa primera experiencia se restableció. Y la sapiencia de Basurko en estos menesteres hizo poso: «A la mar hay que dejarle que trabaje en tu cuerpo. No enfrentarte a las sensaciones, sino dejarlas pasar. Y tomar lo que vaya apeteciendo al cuerpo». Así que el patrón les daba de comer «muchos pocos», como apuntó Elorriaga.

Su conversación es un sifón de buen humor que empapa hasta calar los tuétanos. «Toda la travesía estuve tirado, sentado en una esquina y dándoles la brasa. No he callado», rió. Pero lo cierto es que Elorriaga hace pil-pil humano. Basurko no paraba ayer de ensalzar su aportación al resto de la tripulación. Porque en las lecciones de este afectado de ELA no caben 'postureos'. «La mar nos ha unido; nos ha dado ese grado añadido de solidaridad; nos ha sacado ese ser natural por haber nacido. En el asfalto se puede producir el individualismo, en la mar no».

Intenso, simpático, conversador sobresaliente, fieramente humano, la embarcada de Elorriaga ha empapado a todos. Ha conseguido que la sociedad visualice una afección incurable, cuya labor investigadora apenas ha avanzado. Iñaki rompe barreras y requiere ayuda para todos, porque ha hecho un 'todouno' con las asociaciones de Cantabria, Asturias y de esa Galicia cuyas gentes y paisajes han enamorado a la tripulación. Porque él reclama con una sonrisa más interés y más estudios en toda España, donde hay 4.000 casos de esta esclerosis, una enfermedad cuya esperanza de vida es de 5 años.

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