Héroes en la sombra

La institución quiso tener un gesto con estos vecinos por su desinteresada labor. El acto tuvo lugar en Urduliz. / GABRIEL CUESTA
La institución quiso tener un gesto con estos vecinos por su desinteresada labor. El acto tuvo lugar en Urduliz. / GABRIEL CUESTA

La Mancomunidad de Uribe Kosta homenajea a 38 cuidadores de la comarca por su abnegada tarea

GABRIEL CUESTA URDULIZ.

Solo nueve peldaños separan a Inés Mota de la casa de su vecina de toda la vida. Los sube y baja varias veces el día desde hace seis años para cuidarla, hacerle la compra, adecentar su piso... Son unas tareas que ha asumido después de que su compañera de bloque se quedase sola y necesitara asistencia. «Subir una escalera no es nada. No podía dejarle sabiendo que no puede valerse por sí misma», afirma esta mujer de Berango, que ha prestado desinteresadamente su ayuda a «una vecina con la que he compartido un montón de experiencias». Inés es una de las 38 personas cuidadoras que recibieron ayer un homenaje por parte de la Mancomunidad de Uribe Kosta -que agrupa a los municipios de Berango, Sopela, Urduliz, Barrika, Plentzia, Gorliz y Lemoiz- en la casa de cultura de Urduliz. El primero que realizaba. Y un acto que pretende «visibilizar la tarea de estas personas», explica la presidenta de la institución, Anabel Landa.

La también alcaldesa de Berango defendió que realizan una «labor social importante, dura y que está a la sombra» por la que «deben ser reconocidas». Y es que todos han asumido la responsabilidad de cuidar a personas dependientes. «Es muy duro», sostiene otra vecina de Berango, Ascensión Núñez. Muchas han dedicado parte de sus vidas a brindar cuidados. «Comencé hace 41 años con la suegra de mi hermana mayor y, desde entonces, he prestado ayuda a muchos familiares y personas cercanas», explica esta mujer de 54 años. Algo que hace desinteresadamente porque «me gusta cuidar de los demás. Si yo no pudiera valerme por mí misma, también me gustaría que alguien me ayudara», reflexiona. Y no vale cualquiera. Es clave conocer cómo se deben afrontar sus cuidados, como, por ejemplo, el encamado. Se trata de una acción que precisa de «mucha delicadeza». «Me gusta ayudarles, me siento bien conmigo misma», defiende. Javier Palomero, un bilbaíno que vive en Berango y que atiende junto a su mujer desde hace más de tres años a sus suegros, que superan los noventa, fue otro de los homenajeados.

Responsabilidad

«Les ayudo en todo», confiesa este vecino al que le toca diriamente lavar, cocinar, ir a la compra o acudir al médico. Lo que las circunstancias requieran. El problema es que recientemente la artrosis en su espalda le pasa factura. Así que han decidido contratar a una persona de lunes a viernes, para poder tener un respiro. Ahora el gran sacrificio es el fin de semana, cuando quedan completamente a su cargo, desliza un Javier que siente que ayudarlos es «su responsabilidad después de vivir con ellos todo tipo de experiencias durante 30 años».

«Es un esfuerzo. Por ejemplo, llevamos años sin ir de vacaciones porque es un desembolso considerable cuidar de dos personas tan mayores. Estos años tocó apretarse el cinturón». Cuando una familia se ve en estas circunstancias, defiende, «cualquier ayuda es bienvenida, pero nunca es suficiente». El factor económico es una de las grandes dificultades para estos héroes que se sacrifican de forma desinteresada por el bienestar ajeno.

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