El guardián de Akarlanda

Antes de jubilarse, fue empresario del sector metalúrgico. / G. CUESTA
Antes de jubilarse, fue empresario del sector metalúrgico. / G. CUESTA

Luis Pérez, jubilado de 87 años, ha rehabilitado un merendero y una quincena de caminos del emblemático parque de Erandio

GABRIEL CUESTA ERANDIO.

Akarlanda había perdido su corazón. Hace décadas los vecinos acudían a uno de sus merenderos, surtido de fresca agua gracias a dos fuentes de piedra. Poco a poco ese lugar donde se divertían las familias fue engullido por la maleza y la vegetación hasta quedar oculto. El destino quiso que Luis Pérez lo encontrara después de muchos años en el olvido. Este jubilado, nacido en Erandio hace 87 años, acude dos horas todos las mañanas a este parque para disfrutar de la naturaleza. Hace seis años, mientras podaba unos setos, se encontró con dos vecinas. «¿Sabe dónde está este merendero? En nuestra juventud veníamos a pasear y a merendar. Tratamos de dar con sus fuentes y no hay manera», le preguntaron. Luis tampoco lo sabía, pero le picó la curiosidad. Comenzó a buscar, luchando contra la maleza con solo sus manos y sus herramientas.

En pocos días dio con las fuentes centenarias, solo a 500 metros donde las dos mujeres le habían preguntado por el olvidado lugar. No era como ellas lo recordaban. Ya no brotaba agua de las fuentes, que permanecían completamente secas en su letargo. Es entonces cuando Luis comenzó su laboriosa tarea. Desbrozó las ramas molestas, quitó las malas hierbas, retiró el barro que impedía el paso... También cavó zanjas para reconducir el caudal hasta las fuentes. Entonces el sonido del agua golpeándose contra la piedra volvió a sonar. Fue el resultado de un gran esfuerzo físico durante seis años, realizado por un hombre con más de ocho décadas a sus espaldas. «Que la gente visite y disfrute de este lugar. Es precioso», invita. Luis colocó tablones para facilitar el paso, incluso creó una especie de pequeño pozo para que las mascotas pudieran beber y refrescarse. «Tiene forma de corazón, pero no ha sido premeditado», explica. Una casualidad que puso un nuevo nombre al lugar: 'El corazón de Akarlanda'.

Esa poza es uno de las más de 20 caños que el mismo ha construido alrededor de este paraje. Luis también colocó esculturas de setas gigantes y seres mitológicos. «Me siento afortunado de poder hacer esto a mi edad», confiesa.

«Las sendas me encuentran»

Y es que, además de rehabilitar el merendero, también ha hecho accesibles aproximadamente 15 senderos de Akarlanda. «Yo no encuentro los caminos, los caminos me encuentran a mí», asegura este jubilado, que no «busca nada por hacer esta labor». «Muchas veces me pregunta la gente si cobro por ello. Si me pagasen, no lo haría». Luis sostiene que «hacer este trabajo le sale del alma. El Ayuntamiento tenía algunas zonas de Akarlanda abandonadas. Lo que hago yo en un año se hace en cuatro días si se usaran máquinas especializadas», lamenta.

Luis es un manitas. Incluso él mismo ha diseñado y construido herramientas para poder llegar a las ramas más altas. Ha creado un mango para un serrucho, un sistema con el que puede alcanzar los cuatro metros de altura. Antes de jubilarse era un empresario del sector metalúrgico. 'El corazón de Akarlanda' resultó finalista de la segunda edición del Concurso de Iniciativas de Mayores de Erandio. Durante la ceremonia se reprodujo un vídeo donde podía verse la labor de Luis. «No tiene nada que envidiar a Artxanda», recalcó durante la entrega de premios.

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