El Erandio celebra medio siglo en Ategorri, el único campo privado de Bizkaia

Los equipos de barro «Aurrera» y «Ya Veremos», alumbraron en 1915 la Sociedad Deportiva Erandio Club. El actual Ategorri no se inauguró hasta el 13 de octubre de 1967. / S. D. ERANDIO

La familia del club, representantes del Ayuntamiento y de la Federación Vizcaína celebrarán desde las 11.15 horas de mañana la efeméride

IÑIGO SÁNCHEZ DE LUNA ERANDIO.

Ategorri está de cumpleaños. La S.D. Erandio es el único club de Bizkaia que a día de hoy continúa disponiendo de un campo de fútbol de su exclusiva propiedad. Y a las 11.15 horas de mañana, coincidiendo con la cuarta jornada de la División de Honor que disputarán los locales y el Zalla, se conmemorará su cincuenta aniversario con un saque de honor a cargo de Txelo Ezkerra, viuda de Txolo Zuazo, expresidente, exdirectivo y exjugador blanquiazul a quien la Federación Vizcaína de Fútbol condecoró recientemente, a título póstumo.

La de mañana será una cita importante para un club que forma parte de la religión local, que contará con la presencia de representantes de la empresa Viconsa, constructora del campo, concejales y expresidentes, patrocinadores y representantes de todos los clubes centenarios de Bizkaia así como de las federaciones vasca y vizcaína.

La historia de este mítico campo arrancó en 1918, cuando la directiva encabezada por Basilio de Lores, primer presidente de la entidad, solicitó al ingeniero y filántropo Laureano Jado los terrenos de su propiedad denominados El Machaqueo, ubicados al lado de la ría. Estas gestiones iban encaminadas a conseguir un feudo particular para el club después de verse obligados a jugar en otros municipios. En 1921,y tras el beneplácito para tapiar el recinto, nació definitivamente el viejo Ategorri. En 1949 fue el año en que la Sociedad se quedó sin él, porque el propietario vendió el solar, viéndose obligado el equipo a emprender un largo peregrinaje por otros terrenos de juego como lbaiondo, Leorbaso, Lasesarre, San Ignacio, Garellano y Etxebarri.

La travesía por el desierto duró 18 años hasta que el 13 de octubre de 1967 el ‘Nuevo Ategorri’ abrió sus puertas. Poco después, y por los caprichos del destino, un corrimiento de tierras obligó a su clausura, hasta que, por fin, en 1968, se estrenó el estadio que ha perdurado hasta hoy.

Ategorri, en su dilatada historia, ha forjado a grandes futbolistas de Primera. Y ha visto crecer a magos del balón como a Máximo Martín, uno de los capitanes del histórico equipo que logró el ascenso a Segunda B en la temporada 1980-1981 de la mano del mítico entrenador Blas Ziarreta. Es un jugador que tiene recuerdos imborrables de este campo en el que «jugué seis años que me marcaron bastante. Por todo el apoyo de la gente y por ser un terreno muy acogedor donde se siente muy de cerca el aliento de una afición enamorada del fútbol y que respetaba al rival». El club de sus amores le deparó anécdotas entrañables, como el día en el que su hijo de dos años «sin prácticamente saber hablar, nos sorprendió a todos gritando ¡Aupa el Erandio!», el grito de guerra de la afición albiazul que atrona cada vez que el equipo juega en casa.

Alejandro Sagarduy, que reside en Cartagena, es otro histórico erandioztarra que ahora vive donde acabó su trayectoria como jugador. En Cartagena. «El Erandio me lo ha dado todo. Me ha permitido vivir del fútbol», explica. Con dieciséis años vistió por primera vez la camiseta blanquiazul y «ahí empezó todo». Cuando viene a visitar a su familia, suele acudir a Ategorri, «para recordar los viejos tiempos». En el baúl de los recuerdos atesora anécdotas como «cuando jugamos contra el Almansa el Campeonato de España de aficionados y se acercó un rival para agradecerme lo bien que se lo pasó y el buen trato recibido por la afición. Y también los ricos pollos que degustaron en la cervecera», uno de los legendarios reclamos del campo.

Achaques

Aun así, Ategorri no pasa ahora por sus mejores momentos. Este medio siglo ha pasado factura a las instalaciones situadas en una privilegiada atalaya que domina la ría, y que llegó a contar con un césped que era la envidia del fútbol vasco. Sufre varios achaques. «Es una pena verlo tan viejo», apunta Sagarduy. Martín recuerda que «la última vez que lo visité, los vestuarios estaban prácticamente igual que cuando jugábamos». También las gradas de madera colocadas «cuando las retiraron de San Mamés perduran. Y si eran viejas cuando jugaba, no te digo nada ahora». Por todo ello, reconoce que «es una pena que un club con tanta solera atraviese esta situación» y desea que «las instituciones puedan aportar algo para que pueda ascender a Tercera, que es donde se merece estar por historia».

El directivo y presidente del Comité del Centenario, Jesús Mari Carazo, se muestra muy combativo a la hora de buscar una solución a su deplorable estado. «Estamos celebrando el 50 aniversario de un campo que no reúne las mínimas condiciones. Es verdad que el Ayuntamiento nos paga algunos gastos como el agua o la luz. Unas ayudas por las que estamos muy agradecidos pero que no son suficientes».

En este sentido, Carazo recuerda que «llevamos más de quince años con el tema de municipalizar el campo y siempre hay disculpas para no llegar a un acuerdo». Las arcas de la S.D. Erandio deben afrontar los arreglos. «Pero es tirar este dinero a un saco roto, debido a que al año siguiente debemos afrontar los mismos gastos para parchear un campo de hierba natural que dificulta mucho la práctica del fútbol», explica. Para evitar en lo posible el desgaste que desemboque en la clausura de Ategorri, lo que abriría un cisma en la sociedad deportiva y en el municipio, los pequeños juegan en la casa del Apurtuarte.

«Pero trasladar a los 150 niños que componen la escuela a entrenar y jugar en Arteaga es un coste añadido. Además, con el consiguiente peligro para la seguridad que siempre acarrean los desplazamientos por carretera», apunta. Los gastos «nos impiden confeccionar un primer equipo en condiciones para ascender a categoría nacional, que es donde debe militar el Erandio», defiende. A su juicio, la solución a todos estos problemas pasaría por «llegar a un acuerdo con el Ayuntamiento para que habilite un campo de hierba artificial donde puedan entrenar y jugar todos los equipos».

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