Amistad separada por varias generaciones

Mayores y jóvenes compartieron actividades en Algorta. / T. I.
Mayores y jóvenes compartieron actividades en Algorta. / T. I.

Mayores y estudiantes del colegio San Ignacio comparten bromas, juegos, experiencias y confidencias en Algorta

TXEMA IZAGIRRE GETXO.

«La gente joven piensa a veces que los mayores son como una especie de muebles que no aportan, pero con esta experiencia en que niños y mayores comparten cosas, se dan cuenta de que estas personas conocen, les cuentan historias y vivencias, son felices juntos. Comparten». La andereño Idoia Martínez explicó así ayer el beneficio mutuo que se produce en la relación entre quienes están al final de su etapa vital y los que la empiezan. Esta maestra del colegio San Ignacio participó en el encuentro intergeneracional que organizó el Ayuntamiento de Getxo como remate de fin de curso a una iniciativa que lleva a reunirse cada 15 días a usuarios del Centro de Día de la residencia Sagrado Corazón y a alumnos de cuarto y quinto de Primaria de este centro. La idea es ampliar este programa -que ayer reunió en la plaza de la Estación de Algorta a 20 mayores y 30 escolares-, a otros colegios o ikastolas del municipio.

La reacción de los pequeños cuando llegan por primera vez al encuentro es extraña, pero bien pronto la aceptan. «Para el segundo día todos están felices», asegura Martínez. Para ella el bienestar logrado «es recíproco. Los mayores aportan su saber estar, la tranquilidad, la experiencia que le dan los años, la sabiduría que tienen...».

Esta maestra está convencida de los beneficios aportados por el intercambio. «Nuestros chiquillos aprenden solidaridad, empatía, que hay otros valores diferentes a los suyos, otros puntos de vista...». La iniciativa lleva su trabajo, porque a los estudiantes hasta les ambientan en aquellas cosas que les gustaban a sus antepasados. Una de ellas es la música. Esos boleros y rancheras, el Santurce a Bilbao... En muchos casos ni las conocen. «Mi padre suele escucharlas, pero a mí me gusta lo moderno», confiesa Edelweiss, una estudiante que está más cerca de la música de Shakira que la de Los Panchos. Los tiempos mandan.

Particularmente a esta joven le gusta ir «a la residencia a ver cómo están los mayores, porque nos dan mucha alegría, hablamos y jugamos mucho». ¿Cuáles son sus preguntas a los ancianos? «Cuántos hijos han tenido, cómo ha sido su infancia, su vida, lo que han pasado...».

«Me lo paso genial», destaca Fernanda Romo, usuaria del centro de día, mientras hacía brochetas de frutas junto a varios menores. Hay que tener en cuenta que las personas con más de 75 años ya dejaron constancia de que se les trata «como a muebles» a partir de esa edad, en que se consideran «un estorbo».

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