El Correo

«Cada vez que tiembla el suelo tengo miedo»

La primera fase del tajo terminará esta semana.
La primera fase del tajo terminará esta semana. / TXEMA IZAGIRRE
  • Vecinos de Romo denuncian que una obra para soterrar contáiners genera ruido, vibraciones y grietas que siembran el temor en el barrio

Parte de Romo tiembla y se raja. Las tareas de una máquina vibradora que trabaja en una calle peatonal han afectado principalmente a uno de los bloques, en el que han empezado a salir grietas en la fachada y en el interior de algunas viviendas y comercios. Los temblores se notan en el suelo y a algunos vecinos se les han caído objetos de las baldas, armarios y mostradores. Los residentes temen que semejante artilugio acabe por derribar un edificio viejo y endeble, con los cimientos sin anclar en un suelo de arena que en su día fue parte del gran estuario del Nervión, que se extendía más allá de la estación de Areeta hasta la finca Artaza. El tajo abierto es para construir un depósito soterrado de basuras y sacar los contenedores de la calle. «Cada día que vengo me pregunto si la tienda estará ahí y la casa también». Lo dice casi temblando María Begoña Pablos, que regenta el comercio ‘Multiprecio eurito’, situado en el número 13 de la calle Ibaiondo, una de las arterias principales de Romo. Reconoce sus peores temores.

«Todos los días se me cae algo de las baldas», apunta. Cuando la vibradora está en marcha, tintinean los vasos, copas y artículos de cerámica. «Esta grieta que han provocado en la tienda era una raya finita y se está haciendo enorme». Está en la parte alta del establecimiento, y recorre parte la pared y del techo. Otra más aparece en la parte baja de esta tienda en la que el movimiento causado por la máquina ha deteriorado el alféizar de la ventana, donde se ha desprendido parte del cemento del revestimiento. En el bloque son más evidentes las fisuras aparecidas. Pablos llega a meter el puño en el hueco abierto entre las piedras que asoman en la parte baja de la fachada. Los expertos analizan si los daños van a más. Por eso los técnicos hasta han puesto testigos en las grietas para detectar si aumentan. Son sellos que no se desprenden pero «el suelo de este edificio viejo es de arena». Y es que de poco les valen a los residentes las advertencias y llamadas a la tranquilidad de los responsables de obra. «Dicen que no nos preocupemos, que cuando terminen la obra nos lo van a arreglar todo», comenta una vecina, que reconoce sentir «miedo cada vez que tiembla el suelo».

Acta notarial

La máquina vibradora que hace los fosos en mitad de la calle para construir los depósitos «también mete un ruido ensordecedor», como se queja Marta, otra residente. «Las bombas de agua no paran de achicar. Están funcionando toda la noche. Producen molestias porque no las pueden insonorizar del todo», se queja Óscar, un hombre que trabaja en el barrio. No obstante, el responsable de Urbanismo, Joseba Arregi, reconoce que «para aminorar los ruidos se ha puesto un sistema específico». Además, «se ha levantado un acta notarial previa con imágenes», explica. Asegura que «cada vez que hay una reclamación nos ponemos en contacto con la persona afectada de manera inmediata» y ayer afirmó que los trabajos de la máquina vibradora ya han acabado y que la obra civil termina su primera fase esta semana. A continuación se instalarán los equipos de los contenedores soterrados y se finalizará con los remates en superficie, dijo.

Recibe nuestras newsletters en tu email

Apúntate