El Correo

Los Reyes Magos y cientos de familias desafían a la fría brisa en Gorliz y Plentzia

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Los Reyes adoran al niño en el belén de Plentzia. / Virginia Urieta

  • La Cabalgata conjunta de las dos localidades y sendos belenes vivientes convirtieron los municipios costeros en un hervidero de ilusión

Llegaron con luces, con música, con mucho glamour y cargados de emoción pero, sobre todo, de caramelos. Y de regalos. Los Reyes Magos recorrieron ayer Gorliz y Plentzia después de un viaje «muy duro» y una larga jornada en la que había que darlo todo, sí, pero no convenía acabar muy tarde. «Hoy hay que portarse bien, ir pronto a casa para ver cómo gana el Athletic al Barça y a dormir», decía Melchor a los cientos de niños que le esperaban, a él y a sus compañeros de Oriente, para pedirle, no sin un beso en la mejilla, los regalos al oído. Llegaron a Gorliz pasadas las seis y media de la tarde y recorrieron, con su carroza a todo color y al cuidado de los pajes, un buen camino hasta Plentzia, donde fueron recibidos por cientos de vecinos pasadas las ocho.

Hace 33 años que las dos localidades fusionaron sus cabalgatas. Nieves San Sebastián, vecina de Plentzia y presidenta del coro Iraunkor, que organiza el evento, lo recuerda a la perfección. «El primer año fue fantástico. Nos dejaron caballos –algunos de particulares y otros prestados de la zona de Goikomendi– y tres miembros del coro se vistieron de Reyes Magos. Pero hizo un día horrible: llovía, tronaba y hasta granizaba, fue un horror. A punto estuvieron de no salir, pero era tanta la ilusión que fueron aún con relámpagos», rememora. El coro sirvió como activo para una unión que ha perdurado siempre. «Es una cita muy tradicional y entrañable, el pueblo se vuelca», valora.

Antaño había también burros y otros animales que acompañaban a pajes y participantes en una comitiva vistosa y colorida. Iban tres carrozas, hoy sólo una, pero los mismos ánimos y hasta más ganas. Incluso cuando todavía no existía Olentzero, recuerdan los vecinos cómo también en el sanatorio de Gorliz los médicos se vestían, cuando había niños, con trajes que luego ellos heredaron. Ahora también los tejen. «Se moviliza mucha gente, también para el belén viviente, que se celebra desde hace el mismo tiempo. Yo recuerdo de pequeña hacer de ángel; muchos niños hemos pasado por allí», señala la vecina Saioa Uribaso, miembro del mismo coro.

Orgullo familiar

En el de Gorliz , organizado por miembros de la parroquia, los pequeños Aritz y Paula, de 8 años, aparentaban tranquilidad bajo sus atuendos de María y José, posando para las fotos familiares, sin dejar notar los nervios. «Lleva desde las tres queriendo venir. Está encantado, se siente un rey», bromeaba la amatxu del ‘carpintero’, Aitziber Garaiza. Para su amama, Araceli Prieto, fue todo un honor. «La mayor alegría es ver al nieto, menuda ilusión. Es un día bonito, de tradición y costumbres que últimamente parecen estar perdiéndose, pero aquí al menos se mantiene», valoraba.

En Plentzia, el nacimiento fue uno de los mayores reclamos antes de la llegada de Sus Majestades, que después coparon todas las miradas. Se hicieron esperar, sí, pero mereció la pena. Aunque sólo fuera para colmar de ilusión a los más txikis, que con respeto, aunque poca calma, aguardaron su turno para sentarse a sus rodillas y contarles algún que otro secreto. El más importante: que este año todos se han portado bien.

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