Los maestros Jedi de Bizkaia

Ricardo Herbosa y Asier Larrondo, en la imagen con algunos de los iconos de la franquicia galáctica, forman parte de la ONG Legión 501. /Borja Agudo
Ricardo Herbosa y Asier Larrondo, en la imagen con algunos de los iconos de la franquicia galáctica, forman parte de la ONG Legión 501. / Borja Agudo

Dos fans coleccionan más de un millar de piezas vinculadas a 'Star Wars' que mostrarán en una exposición en Santurtzi

SILVIA OSORIO

Para Ricardo Herbosa y Asier Larrondo, el coleccionismo de 'Star Wars' va más allá de tener un Yoda de peluche o un llavero con forma de R2-D2. Estos dos amigos, que se conocieron hace pocos años después de coincidir en una exposición, sienten auténtica devoción por la famosa saga. Navegan a todas horas por internet a la caza de nuevos artículos que añadir a su universo particular. «Es una ruina. Cada mes aparto 100 euros para comprarme algo», confiesa Asier, que reside en Bilbao.

Sus mujeres 'padecen' su pasión, pero la comprenden, aunque solo les permiten guardar todo su arsenal galáctico en una habitación. Y ya se queda pequeña. «Tengo tantas cosas... ¡Ya no sé dónde meterlas!», comenta Ricardo, santurtziarra y motero, que se encaprichó hace poco de un casco de 270 euros. «Era una réplica de uno que llevó Luke (Skywalker) y que se puede usar. Tenía que ser mío... Ahora ando buscando cosas que han salido en rodajes, que suelen ser caras».

Ninguno duda en enfundarse el traje de Darth Vader cuando se trata de aportar un granito de arena a diferentes causas solidarias. Forman parte de la Legión 501, una organización mundial sin ánimo de lucro que ayuda a niños y a personas desfavorecidas y que en Bizkaia tiene una delegación con unos 40 integrantes. «Mi frikismo lo pude enfocar hacia una causa solidaria, de lo cual estoy muy orgulloso», afirma Asier, que se ha unido al colectivo hace un año motivado por la relación de amistad que han fraguado gracias a la obra de George Lucas.

Homenaje a la princesa Leia

Las estanterías están plagadas de muñecos, juegos de mesa, naves espaciales, películas, carteles, álbumes de cromos y, cómo no, la espada de Darth Vader. La exposición de Santurtzi reunirá más de un millar de objetos. Se mostrarán en 32 vitrinas, con una sección dedicada en exclusiva a Carrie Fisher, que encarnó durante años a la princesa Leia. «Nos ha dado mucha pena que muriera», se sinceran Ricardo y Asier. También habrá artículos curiosos como paquetes de clínex, caramelos Pez o latas de refrescos comercializadas con imágenes de la saga. Se trata de la segunda muestra que la sala santurtziarra dedica a esta joya del séptimo arte. La primera mantiene el récord de ser la exposición más visitada de la localidad, con 2.000 personas en un solo día.

Rondan la cuarentena y son dos de esos fanáticos empedernidos que en su boda no pudieron resistirse a sustituir la marcha nupcial por la 'Marcha Imperial'. Entre los dos atesoran más de un millar de objetos: «Son tantos años coleccionando... ¡Ya he perdido la cuenta!», señala Asier. Tesoros que guardan como oro en paño, pero que a partir del 15 de diciembre, coincidiendo con el estreno de 'Episodio VIII, los últimos Jedi', se pondrán al descubierto en la Casa Torre de Santurtzi.

En un cine al aire libre

Tanto Asier como Ricardo se enamoraron de Obi-Wan Kenobi, Darth Vader y compañía cuando eran críos. El primero, viendo el 'Episodio IV' en un cine al aire libre en Laredo. «Siempre he sido muy fantasioso, pero aquello fue el no va más». Ricardo, en la antigua sala Consa de la localidad marinera: «En aquel momento nadie se imaginaba en lo que se iba a convertir».

Confiesan que se quedaron con la «boca abierta» y desde entonces no han dejado escapar la oportunidad de adquirir algunos de los objetos que han aparecido en las películas - las piezas originales son las más cotizadas- o artículos relacionados con ellas. Ricardo puso incluso a prueba su atrevimiento para conseguir una chapa exclusiva de los años 70 que la productora sólo distribuyó entre el personal de los cines en los que se proyectaban las películas. «Me metí en un contenedor de basura. Salí lleno de porquería, pero mereció la pena. No la he visto en ningún sitio».

Asier tampoco se queda corto. Le gusta viajar y en París le llegaron a ofrecer un cheque en blanco por una nave, pero no aceptó. «Un chico mexicano me daba el dinero que yo quisiera. Miré en internet y no costaba demasiado, pero, por lo que sea, aquel chaval quería esa en concreto».

Para ellos, el valor económico de sus tesoros no es lo primordial. Se pirran por las réplicas exactas, que cuestan un pico, pero dan más importancia a las piezas que han marcado sus vidas. Sentimentalismo puro y duro. Asier aún busca unas figuritas de los años 70 y 80 que vendió en la plaza Nueva siendo un niño. «Me arrepentí mucho. He ido recuperando algunas, pero me falta Jabba».

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