La lucha contra el fraude empieza en el instituto

El grupo de estudiantes, durante la visita. /Manu Cecilio
El grupo de estudiantes, durante la visita. / Manu Cecilio

2.529 alumnos de secundaria reciben un curso de educación tributaria

OLATZ HERNÁNDEZ

El fraude fiscal no es cosa de broma, aunque diecinueve alumnos de la Ikastola Betiko de Leioa consiguieron sacarle más de una sonrisa a Joseba Garmendia, que lleva dos décadas persiguiendo estos delitos. «Trabajo de Inspector de Hacienda, ¿sabéis lo que es eso? Soy de los que dan leña», bromeó Garmendia. «¡Ah, como Montoro!», soltó uno de los estudiantes. Estos jóvenes de 15 y 16 años inauguraron las visitas que organiza la Diputación a la sede de la Hacienda Foral de Bizkaia en Bilbao dentro de un curso de educación tributaria. «El objetivo es conseguir una concienciación social desde las escuelas para evitar las evasiones de impuestos en el futuro», explicó Garmendia.

Este es el primer año que alumnos de la ESO y Bachiller visitan las instalaciones, por lo que entre trajes y corbatas, el grupo con camisetas y pantalones cortos llamaba algo la atención. El inspector, que hacía de maestro de ceremonias guió a los estudiantes por el área de recaudación: «Nos gusta contar con un buen sistema sanitario, una educación de calidad... Todo ello se mantiene con los impuestos. Y si no se pagan, el sistema falla», resumió.

Como en todas las lecciones, en esta también hay excepciones: «En Euskadi y Navarra el sistema funciona de manera diferente. Las Diputaciones recogen el dinero y al estado se le paga el cupo». ¿Y qué es eso del cupo? «Sirve para financiar las cortes, la corona y los aeropuertos, entre otras cosas», dijo Asier. Y es que en clase de Economía han dedicado siete horas a la educación tributaria. Raquel, su profesora, destacó que el proceso de aprendizaje ha sido divertido: «Les ha gustado mucho, porque hay ejercicios interactivos».

Los impuestos especiales y el uranio

Cada instituto decidió cuántas horas iba a dedicar al curso de educación tributaria: 3, 7 o 10. Entre las herramientas se incluye una plataforma tecnológica llamada 'La Isla' en la que los alumnos deben repartir el presupuesto en los diferentes servicios de una ciudad. «Hemos aprendido mucho sobre cosas que no sabíamos», valoró Hegoi. Entre los impuestos, por ejemplo, ahora ya saben que hay algunos especiales. «Como cuando compras uranio», dijo un alumno, a lo que Garmendia corrigió: «Son los que se aplican a los combustibles, el alcohol, el tabaco...»

La siguiente parada era el área de inspección donde se intenta dar con aquellos que defraudan a Hacienda. Para encontrarlos, Joseba Gardeazabal desveló que solo hay que seguir las pistas: «Con un sueldo de 20.000 euros al año si te compras un ferrari y te vas de vacaciones a Miami nos ponemos a investigar». Claro que hay estafas grandes y pequeñas. Unai, algo temeroso decidió levantar la mano: «Unos amigos y yo teníamos una lonja y pagábamos al dueño en metálico, ¿eso es fraude?».

Antiguamente la evasión de impuestos no estaba mal visto y los defraudadores se jactaban de no haber declarado sus ingresos. Sin embargo, la conciencia social ha cambiado y la respuesta unánime de los compañeros a la pregunta de Unai es la prueba definitiva: «¡Claro que es fraude!».

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