A lomos de la Gaviota

Vista panorámica de la plataforma Gaviota, con la costa vizcaína al fondo./Sergio García
Vista panorámica de la plataforma Gaviota, con la costa vizcaína al fondo. / Sergio García

Una visita a la plataforma de Enagas, situada a ocho kilómetros de la costa y utilizada desde 1994 para almacenamiento

Carlos Benito
CARLOS BENITO

Si clasificáramos los puestos de trabajo de Bizkaia en función de las mejores o peores vistas, seguro que los operarios de la plataforma de la Gaviota acabarían encabezando la tabla. Para ellos se ha convertido en rutina lo que otros contemplarían como una envidiable aventura: los lunes, las personas que prestan sus servicios en la instalación –esta semana, 39, aunque la cifra varía en función de las necesidades– toman en el aeropuerto el helicóptero que las lleva al trabajo, el enlace entre La Paloma y la Gaviota. El aparato realiza cuatro viajes, los mismos que harán falta el viernes para devolverlos a todos a tierra. El trayecto, en un día despejado, proporciona el espectáculo maravilloso de la costa, con nítidas panorámicas de San Juan de Gaztelugatxe y la boca de Urdaibai, desde donde el helicóptero se interna mar adentro hasta alejarse ocho kilómetros de Matxitxako.

Allí se alza la Gaviota, que desde arriba parece un diminuto mecano perdido en el mar. Consta de varias cubiertas con unas medidas de sesenta por treinta metros, aupadas sobre ocho columnas en las que se instalan cantidades inconcebibles de mejillones: todos los años hay que limpiar esas patas, ya que las colonias de moluscos añaden peso a la estructura. En un día tranquilo, la plataforma se balancea de manera levísima, imperceptible para los menos sensibles, pero las cosas deben de cambiar bastante si la meteorología se pone brava. «Cuando hay mala mar, impone mucho respeto, porque se mueve de verdad», detalla Unai Madariaga, que lleva diez años trabajando en la Gaviota. ¿Cómo se lleva un empleo tan poco corriente? Al principio, recuerda, «cualquier cosa cotidiana se volvía excepcional», pero después ocurre un poco lo contrario: con su veteranía, ya está más que acostumbrado a un entorno tan extraordinario como este.

EN CIFRAS

1984
fue el año en el que arrancó la construcción de la plataforma.
105
metros de profundidad tiene el Cantábrico bajo la Gaviota.
2.500
metros es la profundidad a la que está la roca que almacena el gas.

Aunque la plataforma se ha incorporado al paisaje vizcaíno, igual que si a Izaro le hubiese salido una hermana un poco extravagante, todavía hay mucha gente que no tiene del todo claro qué se hace aquí. Levantada a mitad de los 80 a partir de una estructura básica fabricada en Cádiz, la Gaviota explotó a partir de 1986 el yacimiento de gas situado a unos 2.500 metros de profundidad. Pero, desde 1994, su función consiste en almacenar: el gas llega por tuberías y se inyecta en el antiguo yacimiento, una roca porosa y permeable que se podría comparar con una esponja, recubierta por una formación geológica diferente que impide que escape el fluido. «Es un recurso excelente, unas calizas fracturadas de manera natural en el Cretácico Superior», explica Íñigo Vicario, el responsable de la Gaviota, que desde 2010 pertenece a la empresa Enagas.

Tubos calientes

La sala de control está vacía. El visitante no puede evitar preguntarse qué pasaría si apretase algún botón, quizá el etiquetado como 'pulsador alarma general', pero después se entera de que parte de los equipos son antiguos y están inutilizados. Aunque es posible controlar todas las operaciones desde esta habitación, normalmente se hace desde la planta de tierra, en Matxitxako. Los trabajadores presentes en la plataforma se dedican a tareas de mantenimiento, que aquí, con las exigencias de precisión y seguridad que impone el gas, se convierte en un esfuerzo constante y meticuloso: «Un barco de 1985 estaría desguazado, pero esto sigue operando porque el mantenimiento es continuo», resume Juan Andrés Díez de Ulzurrun, director general de Enagas. Hay que comprobar y recomprobar piezas, válvulas, sensores, todo lo que pueda verse afectado por las averías, el desgaste, el tiempo y la corrosión. En el módulo de las cabezas de pozo, donde van a parar los seis conductos que enlazan la plataforma con la roca de dos kilómetros y medio más abajo, se escucha el siseo del gas que fluye, como si alguien hubiese abierto una espita gigante. Es un gas que conserva todavía el calor de la tierra, y eso se nota al apoyar la mano en los tubos.

Pero la Gaviota es también una vivienda. El módulo cuatro, el residencial, tiene pasillos de motel con puertas que se abren directamente a la inmensidad. Las paredes de los camarotes, con dos literas y recién reformados, están decoradas con bandas ocres, al estilo relajante de una habitación de hotel. Hay dos salas de recreo, con su televisor, su pequeña biblioteca (de Raymond Chandler al 'Libro de oro del Athletic'), tres montones de revistas ('PescaMar', 'Tiempo', 'Woman'...), una colección de DVDs y varios juegos de mesa. En el comedor, el menú de hoy incluye garbanzos, alcachofas y crujiente de verdura, como opciones de primero, y codillo o chipirones de segundo. Y también se ha habilitado una mínima sala para hacer ejercicio que tiene la cinta de correr orientada hacia la ventana, un cegador rectángulo azul de cielo y mar por donde cruzan las otras gaviotas, las de verdad. Seguro que es el gimnasio con mejores vistas de Bizkaia.

EN SU CONTEXTO

Las instalaciones
La Gaviota es uno de los pocos almacenamientos 'offshore' (es decir, en mitad del mar) que existen en el mundo. La plataforma, situada sobre la roca donde se inyecta el gas, está comunicada mediante un gasoducto a la planta de tratamiento en tierra.
La capacidad
El almacenamiento de la Gaviota tiene una capacidad total de 2.681 millones de metros cúbicos y un volumen operativo de 980 millones, equivalente al consumo de gas de Euskadi a lo largo de cuatro o cinco meses excluyendo la generación eléctrica.
Las empresas
Enagas es una empresa privada en la que el Estado mantiene una participación del 5%. Opera la red de alta presión de gas, que en España cuenta con 11.000 kilómetros de gasoductos, seis plantas de regasificación y tres almacenamientos subterráneos.

Contenido Patrocinado

Fotos

Vídeos