«Lloro al ver cómo me salvaron»

EL CORREO

Sergio Areilza, el surfer que hace un año fue rescatado 'in extremis' al sufrir un infarto en el agua, regresa a las olas

Sergio Areilza se dispone a entrar al agua en la playa de La Salvaje. / IGNACIO PÉREZ
ÓSCAR B. DE OTÁLORA

Este reportaje estuvo a punto de no escribirse. El 10 de julio de 2016, Sergio Areilza, un surfero vizcaíno, agonizaba sobre la arena de la playa de La Salvaje tras haber sufrido un infarto mientras surcaba una ola. Su rescate fue una batalla contra la muerte de todo un grupo de surfistas que veían como su compañero se les iba. Un año después, tras una ardua lucha por la vida, Sergio ha regresado al agua. Ahora sí puede contar su historia y explicar el desafío de volver a ponerse a prueba frente al mar.

«No tengo miedo porque no recuerdo nada», confiesa Sergio Areilza un año después, cuando ya ha entrado en el agua de nuevo y experimentado las primeras sensaciones en las olas. «Aquel día sentí que me apagaban. Como si alguien hubiese apretado un interruptor». Una malformación congénita le había provocado el accidente cardiovascular sin previo aviso. Este arquitecto técnico de 39 años no recuperaría la consciencia hasta varios días después. «Tras un coma inducido desperté en un habitación de Cruces, intubado. Mi primera reacción fue arrancarme todos los tubos porque sentía que me ahogaba. La verdad es que empleé toda mi fuerza y tuvieron que atarme. No sabía nada de lo que me sucedía ni no lo que me pasaba. Tengo una imagen borrosa en la que mi mujer me avisaba de que estaba en Cruces. Pero soy incapaz de recordar nada del incidente».

«Yo estaba azul»

Ese olvido causado por las secuelas del infarto y el tiempo que pasó sin oxígeno, a la deriva y boca abajo entre las olas, ha conseguido que no tenga una memoria vivida del rescate. Su único recuerdo es el vídeo difundido por ELCORREO.COM en el que se ve como sus compañeros y los servicios de rescate luchan por salvarle la vida. «Lloro cada vez que lo veo», confiesa. En las imágenes puede distinguir a los siete chavales que le sacaron del agua y a Arrotxa, el trabajador de la construcción que había tenido que participar en un curso de RCP (Reanimación Cardio Pulmonar) para poder entrar a trabajar en la obra. Él fue quien se lanzó a ayudarle en cuanto le vio en la orilla. «Le debo la vida a todos, pero en especial a Inés, una anestesista que comenzó a animar a todo el mundo para que no parara. Para que no me diesen por perdido. Yo estaba azul, me salía espuma por la boca y algunos bomberos que ese día, en su tiempo libre, habían entrado en el agua con las tablas, y ayudaban en el rescate me dijeron que no daban un duro por mí».

Sergio es ahora un apóstol de lo imprescindible que resulta que la gente aprenda a salvar la vida a un amigo en casos desesperados como el que le tocó sufrir. «No se trata solo de saber hacer una reanimación, hay que tener el valor para hacerla», afirma ahora. «Quizás tendría que ser obligatorio aprender en las escuelas a practicar la RCP. Y tomárselo en serio, si no apruebas no pasas. El haber aprendido la reanimación puede ser la clave para salvar a tu padre, a tu madre, a tu mujer». A Sergio le salvó. Le devolvió a la vida aunque solo para darle paso a un batalla más larga por la vida. «Pasé una semana en coma y luego tuve una infección que me provocó otra para cardiorespiratoria. Tras operarme tuvieron que reabrir por un coágulo que se había formado detrás del corazón y me estaba dañando. Y en el preoperatorio se me volvió a parar el corazón».

Arriba, Sergio surfea una ola. Abajo, el deportista mientras se dispone a entrar al agua. / IGNACIO PÉREZ

Mientras superaba esas crisis y se empeñaba en luchar por la vida, en la calle y las redes sociales, sus amigos se volcaban con él. Se difundieron imágenes en las que les recordaban bajando una ola. En otras, sus amigos le deseaban que su corazón volviese a ser una máquina perfecta. Y en el hospital, Sergio soñaba con volver a surfear. Con regresar al momento en el que la vida estuvo a punto de abandonarle.

«Adicción extraña»

«Sé que para muchas personas puede ser difícil de entender el que vuelva al agua....en el surf...hay cierto masoquismo y eso es adictivo», explica. «Cuando estás surfeando grandes olas te estás jugando el pellejo pero quieres más. Y es una adicción extraña. Es un deporte, estás en contacto con la naturaleza, te equilibra...pero también destroza familias y vidas laborales si no sabes vivirla de una forma equilibrada. Es difícil de entender para alguien que no lo ha probado».

En 2016, mientras Sergio se recuperaba de sus lesiones, se publicó el libro ‘Años salvajes’, en el que el corresponsal de guerra William Finnegan desmenuza su pasión por el surf. El autor del texto -una obra convertido ya en una Biblia surfera- ha dictado algunas de las máximas claves para entender este deporte. Una de ellas dice:«Nadie se va a jugar un partido de fútbol pensando en que puede morir, pero en el surf esa posibilidad siempre está ahí, bien presente». Areilza conoce la obra y comparte el pensamiento del escritor. «Con el surf estás en medio de la naturaleza y te das cuenta de que no eres nada. Ayer mismo estuve surfeando con un bombero que participó en mi rescate y vimos cómo se acercaba una tormenta. Él me explicó que si cae un rayo cerca y estás en su área de influencia se te corta la respiración y vas al fondo. Lo que yo hice fue remar hacia la orilla y salirme».

Ahora, Sergio entra al agua con un pulsómetro y vigila su corazón mientras surfea. Sueña con viajar a Sudáfrica, donde ya ha cogido olas y en estos momentos se celebra el campeonato del mundo. «Estoy con los dientes largos pero, después de lo que me ha pasado, ¿cómo le explico a mi mujer que me quiero ir al otro lado del mundo a surfear».

«Al final tuve que pagar 63 euros por ser rescatado de la playa»

Las imágenes del rescate de Sergio Areilza son estremecedoras. Cuando los enfermeros de urgencias y los bomberos lo intentan sacar de la playa en un vehículo para llevarle al hospital, el todoterreno se atasca en la arena. Sus amigos tienen que correr y llevar la camilla hasta la carretera para que una ambulancia lo conduzca al hospital. «Al final tuve que pagar el rescate porque la federación se negó a hacerse cargo de mi tratamiento», comenta ahora con una sonrisa. «Entendieron que era consecuencia de una malforación congénita y no un accidente de surf. El salvamento costó un total de 63 euros», explica. «De esta forma no tuvieron que hacerse cargo de la factura de hospital que podría haberles enviado Osakidetza...y creo que salí muy caro».

Sergio es un surfero de toda la vida, federado, preocupado por la forma física -más desde el accidente- y de las normas de seguridad y respeto en el agua. Por eso es crítico con la imagen actual del surf. «Las escuelas y la publicidad venden una imagen que no es real. Ofrecen ese tópico del rubito bronceado cuando muchos estamos en el agua en invierno, cuando la arena está dura de la helada que ha caído», se queja. Su lamento incluye el malestar hacia la masificación en las olas y la falta de preparación de muchos jóvenes. «Hay gente que se compra una tabla, ve cuatro tutoriales de Youtube y considera que eso es suficiente. Y no es así. en el surf hay un código de circulación y de respeto». «Muchos deberían saber que los veteranos de las olas son quienes le van a salvar si tiene un problema. Es lo que me sucedió a mí».

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