Olentzero llena de magia Bilbao

Olentzero llena de magia Bilbao

El carbonero ha recorrido un año más el corazón de la villa para ilusionar a los más pequeños antes de su gran noche

SAYURI NISHIME y GABRIEL CUESTA

El Olentzero ha vuelto un año más a Bilbao para llenar de ilusión a pequeños y mayores. Esta vez no ha sido muy puntual el mítico carbonero, que se ha hecho esperar. Casi a las seis de la tarde -estaba prevista su salida a las cinco y media- ha aparecido con una sonrisa de oreja a oreja desde el balcón del hotel Carlton. Luego se subiría a su altísimo caballo de madera para recorrer la Gran Vía desde lo alto. En cuanto puso un pie en el asfalto bilbaíno se escuharon los irrintzis de sus traviesos galtzagorris para anunciar su llegada. Como siempre, lucía su barba gris, txapela y un gordo jersey granate para combatir el frío de su hogar, lo más profundo de las montañas. «¡Olentzero! ¡Hola Olentzero!». Saludos desde las alturas a sus seguidores, que le respondían sacudiendo de un lado a otro su mano justo cuando comenzaba la kalejira.

Poco antes aparecía en escena su esposa Mari Domingui,siempre acompañando a su marido y ayudándole en estos días de faena, en los que toca repartir regalos e ilusión a los 'txikis' de la casa'. Con traje blanco y su peculiar sombrero a juego se subió a su gigantesca oca para recorrer el corazón de la villa. Saludaba con ilusión a las familias que se agolpaban en Moyua para recibirle entre aplausos. «¡Mari Domingi! ¡Mari Domingi! ¡Kaixo, Mari Domingi!». Se escuchaba entre la multitud para intentar llamar su atención y ser su ojito derecho para la esperada noche de Navidad. A la fiesta se unió el basajaun. El sonido de las trompetas, el confeti y los bailes dieron calor a la principal arteria bilbaína en pleno Invierno.

Los niños le arropaban. Y es que una enorme carroza portaba los paquetes que esperan con inquietud los chiquillos por Navidad. Sus guardianes y carteros eran los inquietos galtzagorris. Los duendecillos hicieron de las suyas hasta el Arriaga. Muecas, risas, vengalas y caramelos con los que sacaron una sonrisa a los jóvenes que esperan con ilusión su regalo. Por eso les entregaron sus sobres para que el Olentzero pueda saber cuáles son sus preferencias. Lentamente la kalejira recorrió la Gran Vía hasta el teatro Arriaga, el recorrido habitual de cada año. La climatología respetó al emblemático carbonero en un sábado donde la magia llegó hasta el corazón de Bilbao.

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