«Hay muchos laicos que ponen el belén por tradición»

Jesús Uresandi, rodeado de las figuritas artesanas que ofrece en su puesto de la Feria Belenista de El Arenal./Manu Cecilio
Jesús Uresandi, rodeado de las figuritas artesanas que ofrece en su puesto de la Feria Belenista de El Arenal. / Manu Cecilio
Jesús Uresandi | Presidente de la Asociación Belenista de Bizkaia

Recomienda esta manifestación artística popular para «un desarrollo óptimo del envejecimiento activo»

ALBERTO CASTILLA

A los ocho años su hermano le metió el gusanillo en el cuerpo, y desde entonces no ha dejado de hacer belenes. Su tío pertenecía a la Junta Directiva de la asociación, y le pagaba la cuota sin que él lo supiera. En cierta ocasión, le llevó a conocer el proceso de montaje de los nacimientos desde dentro, «las tripas», y aquello le enganchó para toda la vida.

– Caminamos hacia un modelo de sociedad cada vez menos religiosa. ¿Se percibe en la actitud de la ciudadanía hacia las tradiciones navideñas?

– Se nota más en las entidades que en la gente. En nuestro caso, hablamos de arte popular tradicional. La Iglesia no nos ha formado ni nos ha enseñado. Las asociaciones federadas en toda España superan el centenar, y las exposiciones reciben en conjunto más de un millón de visitas por temporada. Muchos enseguida lo vinculan al aspecto religioso, pero lo cierto es que buena cantidad de laicos montan belenes por tradición, porque en su casa se ha hecho siempre. La afición no se está perdiendo, diría incluso que hay un repunte.

– Este año su asociación presenta ocho exposiciones. ¿Con cuántos socios y colaboradores cuentan?

– Actualmente tenemos 125 socios pero, en la producción trabajamos entre 20 y 30 personas. Me gustaría hacer hincapié en que es una ocupación muy recomendable para favorecer el envejecimiento activo. Cuando la gente mayor ve los montajes, en un principio se asusta por la dificultad que conllevan. Pero pueden participar en la electricidad, la pintura, el atrezzo, la soldadura, el diseño...

– Recomiende un belén que el público no se debe perder.

– Esto es como lo de los hijos cuando te preguntan a quién quieres más. Tengo un particular cariño al que hemos colocado en Gernika, porque es el que empecé hace un año, coincidiendo con la fecha de mi jubilación. Por factura visual, el expuesto en el Museo Marítimo nos ha quedado impresionante.

– ¿Qué le parece que se coloquen figuritas de personajes famosos en el nacimiento?

– Hemos montado uno con la kalejira de Olentzero, y otro en conmemoración del cincuenta aniversario de la Guerra de los Seis Días, en el que podemos observar a un hebreo y un palestino compartiendo dátiles. A mí me parece bien que personajes públicos formen parte de los nacimientos.

– Cada vez hay más nacimientos que representan otras culturas.

– Es algo que ha existido siempre. Contamos con una colección de casi cien figuras procedentes de todas partes del mundo que han ido adquiriendo los socios en sus viajes al extranjero.

– ¿Y qué tiene que decir de la controversia surgida con la mula y el buey?

– Son polémicas tontas que se crean. En los Evangelios canónicos no salen, pero en los apócrifos (textos que no fueron aceptados en la Biblia), sí.

Figuristas y constructores

– Cada vez es más difícil encontrar figuras de cerámica en las tiendas. La mayoría están hechas con resina.

– Hoy en día incluso los artesanos, sobre todos los del sur, están elaborando las piezas en serie, y se han pasado a la resina. El barro tiene el inconveniente de que los moldes no duran siempre, se deterioran, y es muy costoso hacer las réplicas.

– Disponen de un local para construir los belenes. ¿Cómo es el proceso de elaboración?

– El patrimonio de las asociaciones son las figuras. Nosotros contamos con un stock muy amplio, en torno a 2.500 piezas, que aumenta por las donaciones de las familias de socios ya fallecidos. Este año hemos montado dieciocho nacimientos, y no hemos llegado a utilizar la mitad de lo que tenemos.

– ¿Todos los belenistas conciben las recreaciones de igual manera?

– Podemos distinguir dos corrientes: los figuristas, que, como su propio nombre indica, parten de los personajes para llegar al conjunto final; y los constructores, que primero proyectan el escenario, y luego colocan las piezas. Yo me considero del segundo grupo. Ahora mismo, hay un 'boom' de artesanos en el oficio, porque jóvenes licenciados en Bellas Artes, sobre todo andaluces, están encontrando una salida profesional.

– De todos los nacimientos que ha visto a lo largo de su vida, ¿cuál es el que le ha dejado una huella imborrable?

– Quizá uno de pequeñas dimensiones que hice en el claustro de la catedral. No era más que un caserío, unas figuritas y un río, pero se podían contemplar las cimas de los montes iluminadas y yo, que he sido montañero, lo recuerdo con especial cariño. Y luego están los belenes de Olazagutía, en Navarra, que me impactaron desde un punto de vista técnico. Nos hicieron cambiar el rumbo de la elaboración, pasando de la escayola al 'poliespan'.

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