'El lago de los cisnes' sin Alazne

Alazne López, en un parque de Dortmund./E. C
Alazne López, en un parque de Dortmund. / E. C

Zorroza recuerda a Alazne López, la joven bailarina que falleció de muerte súbita

MIGUEL PÉREZ

La grandeza no está solo en ser parte de la coreografía de 'El lago de los cisnes' durante la clausura de los Juegos Olímpicos de Londres en 2012. La grandeza está en que muchas personas hagan suyo ese instante y lo conserven entre las emociones que merecen la pena haber vivido. Por eso, Zorroza se volcará durante esta semana en una serie de actos en recuerdo de Alazne López Etxebarria, la joven bailarina que falleció de muerte súbita en 2015, a los 21 años, mientras formaba parte del ballet de la Ópera Estatal de Dortmund. La iniciativa de la asociación de vecinos, en la que se han volcado también los comerciantes de este barrio bilbaíno y diversas agrupaciones culturales y sociales, concluirá el día 26 con un festival vinculado a la música y la danza. El ecosistema donde Alazne se hizo cisne.

Un espejo siempre tiene una historia que contar. Lo sabe bien Sara Echévarri, bailarina vizcaína afincada desde hace años en Madrid y que fue compañera de Alazne cuando ambas formaban parte de la escuela de Igor Yebra. Ella puede decir bien alto que la danza «es pasión y amor, pero te obliga también a ser muy fuerte mentalmente. Pasas muchas horas sola bailando delante del espejo buscándote fallos. Cuando íbamos a la escuela había una disciplina muy estricta. Y ahí estaba Alazne, todo bondad. ¿Tú sabes estas personas que te dan buenas vibraciones y tranquilidad?», pregunta, y sus palabras se cuelgan en un rincón amable de la memoria.

Sara actuará el próximo sábado en el festival. Llevará una coreografía «muy especial», con una primera parte ideada por ella, flamenca, y una segunda que incluirá un recital de poesía y fragmentos de un montaje de Ion Beitia, el 'Nijinsky vasco', fallecido en 2016. «Me parece un homenaje muy especial», explica esta brillante bailarina, que recuerda cómo tardó «mucho tiempo en asumir la muerte» de su amiga. «Seguía pensando que en cualquier momento me la encontraría en la calle».

«A mí me ha llenado la vida». Amale Etxebarria vive cerca del jardín que lleva el nombre de su hija. Un homenaje que Bilbao y su barrio quisieron rendirle hace dos años. Quizá hubo algo premonitorio cuando Alazne encarnó al otoño y la primavera en una representación de 'Las cuatro estaciones' de que un día sería hojas y hierba.

El vuelo del vencejo

Del domicilio familiar de Zorroza, donde vívía con Amale y Ángel, sus padres, y su hermana, Nagore, partió aún adolescente a Londres. Una beca foral ayudó en el salto. Formó parte de la English National Ballet School, donde se graduó. Hubo en aquel trayecto mucho coraje. O cumplías unas expectativas o te señalaban la puerta. «A veces nos llamaba: 'Ves la gente que hay aquí, su experiencia.. Yo no valgo'. Luego, seguía ensayando porque el baile era su vida. Se sentía feliz. A mí me enviaba ocho mensajes cada día: 'Ama, espabila, que la vida es muy bonita', me decía. Y eso que nadie sabe el sufrimiento que existe detrás de la danza. Más de una vez ensayaba con los pies sangrando», ilustra Amale, convencida de que «en otros países se le reconoció mucho lo que valía». De hecho, en 2013 la contrataron en la Ópera Estatal de Hannover. Allí sintió el vértigo de llenar teatros durante tres noches consecutivas. En 2015 ingresó en el ballet de la Ópera de Dortmund. Falleció meses después.

De su forma de bailar, se desprende que Alazne, además de cisne, fue un vencejo. El vencejo es el dueño del aire. Puede permanecer diez meses sin tocar suelo, es una de las aves que vuelan a mayor altura y por la noche se eleva hasta la estratosfera para dormir sin dejar de planear desde el lugar donde se ven las estrellas. «Alazne volaba. Menudita, etérea, bailaba de manera muy expresiva y elegante -se emociona Amale-. A muchos bailarines se les nota la cara seria durante una coreografía porque están concentrados en la técnica. Ella se evadía, se mostraba relajada, muy dulce. Tenía un cuello largo y unos brazos muy bonitos para la danza. ¿No te pones nerviosa?, le preguntaba. 'Cuando empiezo a bailar me olvido del mundo', respondía ella».

El festival

Día 26.
A las 19.00 horas en la pista de hockey de Zorroza. Entre otros, actuarán la orquesta Pentagrama, la soprano Elena Jimeno, Imanol Casan (piano), Giulia Neri (bailarina del Ballet de Tulsa), Imanol Zamborain (violín), Nagore Txurruka (violoncello), los bailarines Sara Echévarri, Beñat Urrutia, Unai Álvarez, Saioa Vivanco, Escuela de Danza Igor Yebra... Entradas: 2 euros (Don Patuco).

Esta última frase tiene su importancia en esta historia. Como los vencejos, Alazne podía elevarse en esas espirales verticales que solo se ven cuando, en vez de escapar de tu mundo interior, te asomas a él con paso firme. A los 5 años, comenzó a mostrar su afición a la danza. A los 7, la familia López Etxebarria tuvo una revelación. Todo ojos, Alazne se giró hacia su madre: «Yo, cuando bailo, me olvido del mundo. Es mi vida bailar». Y luego siguió a lo suyo: a su afición por los chupachups 'Kojak' y el cine policiaco «porque si no soy bailarina, quiero ser criminóloga».

Fue bailarina. Con ocho años, interpretó un papel secundario en 'Annie' en el Arriaga. A la vuelta en el taxi tras la última función, se echó a llorar de emoción. Este mes, fecha del aniversario, también es tiempo de invierno.

- ¿Cómo se sienten?

- Muy orgullosos. Alguna vez , amigos suyos de la escuela, a los que decía que debían estudiar para ser algo en la vida, me han confesado que han acabado sus carreras porque se lo prometieron a Alazne. Somos muy afortunados de haberla podido disfrutar el tiempo que la vida nos dio.

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