jugar fuera

Jóvenes vizcaínos compaginan estudios y deporte de élite en universidades de Estados Unidos

Aitor López acaba este curso sus estudios de Computer Science with Mathematics. Tiene una beca de 40.000 dólares. /
Aitor López acaba este curso sus estudios de Computer Science with Mathematics. Tiene una beca de 40.000 dólares.
Pablo Martínez Zarracina
PABLO MARTÍNEZ ZARRACINA

Tampoco es inusual que el universitario vizcaíno tenga, durante los años de carrera, una actividad atlética de gran intensidad: mus, pachangas futbolísticas, torneo de basket 3x3 de la UPV, futbolín, competición de rana en el baserri de Leioa, dardos, billar olímpico en el Ruedas de Iturribide, episodios de gimnasia rítmica (equilibrio, saltos, giros, flexibilidad) en la pista de baile de las fiestas Erasmus de los jueves. Si lo vemos por el lado de la versatilidad, no tiene mucho que envidiarle nuestro universitario medio a cualquier decatleta. Solo podríamos conceder, aunque a regañadientes, que su exigencia disciplinaria pueda ser algo menor. Al fin y al cabo, no hay una sola de las actividades deportivas anteriormente citadas que no pueda llevarse a cabo con una cerveza en la mano. En varias de ellas creo que es incluso obligatorio llevarla.

Lo inaudito es desde luego que la universidad de Cincinnati, pongamos por caso, se fije en la joven promesa vasca del futbolín en horas lectivas y le haga una propuesta irrechazable: continuar con sus estudios en Ohio, gracias a una beca ventajosa, mientras se incorpora al equipo universitario. ¿De futbolín? Ahí está parte del problema. En las universidades estadounidenses lo del deporte va muy en serio. Piensen que sus ligas de baloncesto, béisbol o fútbol americano son, directamente, la antesala de la profesionalidad. Los partidos se televisan, los chicos se hacen famosos, los agentes se mueven y los profesores lo comprenden. Tom Wolfe lo contaba en ‘Soy Charlotte Simmons’. Hay alumnos que llegan a esos campus, no como si fuesen Michael Jordan, sino como si fuesen a serlo. Se les distingue porque sus coches ya parecen portaaviones. Y porque los profesores no siempre se atreven a suspenderles.

Pero pensémoslo al revés. Estudiar en un país extranjero es una buena opción por múltiples razones que van desde el idioma a la experiencia de cambiar de aires. Si además puede hacerse en una universidad con buen nivel, mientras se sigue practicando en serio el deporte que a uno le gusta, y disfrutando de una buena beca, todo parecen ventajas. Más de veinte jóvenes vizcaínos están ahora mismo participando en esta clase de programas en universidades americanas. Quizá alguno llegue a destacar como John Rahm en el deporte profesional. Los que no lo hagan, también saldrán ganando.

Temas

Bilbao

Contenido Patrocinado

Fotos

Vídeos