Las joyas ocultas de Bilbao abren sus puertas

Las joyas ocultas de Bilbao abren sus puertas
LUIS ÁNGEL GÓMEZ

El festival arquitectónico Open House permitirá visitar al público 46 edificios de la villa el 23 y 24 de septiembre. El CORREO recorre cinco de ellos

MARÍA DE CASTRO

Las ciudades son algo más que hormigón y ladrillo. Su intrahistoria se escribe entre edificios que son organismos vivos. Crecen, mutan, se multiplican ajenos a la mirada del transeúnte apresurado. «Queremos acercar la arquitectura a la ciudadanía», sostiene Ainhoa Fernández, una de las promotoras del Festival Open House, que los días 23 y 24 de septiembre abrirá de manera gratuita las puertas de 46 edificios bilbaínos que normalmente permanecen ocultos al público y que todavía necesitan voluntarios que hagan de cicerones en las visitas. EL CORREO se sumerge en cinco de los inmuebles participantes en la iniciativa, que ya ha recalado en ciudades como Melbourne, Madrid, Buenos Aires y Londres.

Harino Panadera Irala La fábrica que hizo florecer un barrio

Un modesto edificio de cinco plantas es el único vestigio que resiste del titánico complejo industrial que fue Harino Panadera. Tan solo su fachada, que parece de harina blanca espolvoreada, retrotrae al origen de esta fábrica creada en 1902, que fue pionera a la hora de crear pan en serie y llegó a alimentar a mil empleados. Aunque fueron muchas más las bocas que devoraron los crujientes panecillos y las vienesas que desde allí se expedían «a todo Bizkaia, a Santander y a parte de Gipuzkoa», como explica Javier Orduna, director del área de consumo y sanidad de Bilbao, cuya sede se ubica en un edificio anexo.

Aunque llevan décadas en desuso, los tubos coloridos, cilindros de molturación y tornos se retuercen en el edificio de la molienda, donde aún funcionan renqueantes máquinas. Su sonido prende en la imaginación el rasgueo del grano cayendo y el trajín de los empleados que en otro tiempo recorrían sudorosos las salas. Muchos vivían hacinados en cuartos de la Palanca, así que Juan José Irala - el fundador de la industria- proyectó para ellos viviendas junto a la fábrica. Floreció así el barrio homónimo de Irala, repleto de casitas coloridas de un estilo inglés del que el empresario se enamoró en sus viajes al país sajón. Allí se abastecía de la maquinaria con la que puso en marcha una fábrica que, a su vez, espoleó un barrio. En ocasiones, la vida puede florecer desde una cadena de montaje.

Palacio Olabarri Campo Volantín Reflejo de un siglo convulso

El espectacular aspecto externo del Palacio Olabarri atesora en su interior un reverso de estancias vacías bullentes de memoria. En este edificio, proyectado por Julián Zubizarreta a finales del siglo XIX, se encuentra fijada gran parte de la historia reciente de la ciudad. Sus escalinatas de mármol y portones de caoba adintelados son el reflejo material del auge industrial que experimentó la villa y hizo que, en su época de esplendor, hasta 37 criados desfilasen por sus estancias a instancias de la familia que da nombre al inmueble. Muchos de ellos se acodaban a diario en la balconada de la capilla, desde donde el servicio presenciaba las eucaristías.

Durante la Guerra Civil, la onda expansiva de un obús redujo a añicos la vidriera que presidía la sala. No fue la última vez que el devenir histórico agitó sus muros. En 1983, cuando el inmueble ya pertenecía a la Autoridad Portuaria de Bilbao, las inundaciones dañaron la fachada del palacio. Fue envolviéndose así por un aura enigmática que se redondeó cuando los productores de ‘Juego de Tronos’ instalaron allí su campamento base mientras rodaban en el territorio el año pasado.

Casa Montero Alameda Rekalde Ecos de esplendor burgués

Si se afina el oído, es posible evocar el reverbero de los carruajes de caballos que en tiempos de esplendor burgués atravesaban la puerta de la Casa Montero. «Es el único edificio modernista destinado a viviendas en Bilbao», apunta Andoni Pombo, que impulsa el festival junto a Ainhoa Fernández, Jokin Santiago y Marta Sola. Por ello, explica, todo el mundo la conoce como ‘la casa Gaudí’ a pesar de que fue diseñada en 1904 por Luis Aladrén, uno sus discípulos.

Si su exterior -cuajado de ondulantes balconadas con motivos vegetales- es un festín para los sentidos, en cada rincón de sus entrañas explota un motivo exquisito. Las escaleras forjadas se expanden trazando mil formas orgánicas imposibles, los timbres son flores metálicas trabajadas con mimo y las vidrieras arrojan un caleidoscopio de colores sobre el pavimento. «El modernismo surge como reacción a las construcciones en serie que se dieron en la industrialización; por eso premia el detalle», reflexiona Ainhoa, absorta con la puerta giratoria que da acceso al vestíbulo del edificio. «Tiene un mecanismo único en el mundo que le permite plegarse. Hay especialistas que han venido a verla desde Japón».

LOS EDIFICIOS

1. Museo de Arte Sacro17. Mercado Castaños33. Palacio Euskalduna
2. Iglesia de San Vicente18. La Comercial de Deusto34. Hotel Meliá
3. Palacio «La Bolsa»19. Centro Municipal de Zankoeta35. Sede EITB
4. Instituto Emilio Campuzano20. Torre Urizar36. ETXARGI
5. Estación de la Concordia21. Hotel Carlton37. Iglesia de Miribilla
6- Aulas de la Experencia22. Biblioteca Foral38. Biblioteca de Deusto
7. U. de Deusto23. Mercado de la Ribera39. Bizkaia Aretoa
8. Biblioteca de Bidebarrieta24. Viviendas de Solokoetxe40. Bilbao Arena
9. Teatro Arriaga25. Complejo escolar de Luis Briñas41. Torre Iberdrola
10. Ayto de Bilbao26. Museo de Bellas Artes42. Sede Idom
11. Palacio Chávarri27. Torre Bailén43. IMQ Zorrozaurre
12. Palacio Olabarri28. Torre Madariaga44. Sede Policía y Bomberos
13. Palacio Ibaigane29. Casa de los americanos45. Archivo histórico de Euskadi
14. Harino Panadera30. Iglesia del Carmen de Indautxu46. Auzo Factory
15. Casa Montero31. COAVNbiz-
16. Azkuna Zentroa32. Sifón de Deusto-

Sede de Policía y Bomberos Miribilla Una atalaya en las montañas

En Miribilla se alza un edificio que parece papel albal posado sobre las montañas. Desde allí, Policía Municipal y Bomberos velan por la seguridad de unos vecinos para quienes el inmueble, construido en 2012, se antoja un fuerte inexpugnable. Sus tripas albergan calabozos, galerías de tiro y una torre de entrenamiento que dispararía la adrenalina de los amantes del cine de acción. También rincones ocultos como una sala de crisis a la que podrán asomarse los visitantes, que serán guiados por los propios arquitectos que idearon el edificio. «Aquí también realizamos reuniones preventivas» explica uno de los responsables de la comisaría mientras se acerca a la pared acristalada de la sala. Al otro lado se despliega un habitáculo conocido como ‘centro de mando y control’, donde bomberos, policía municipal y Ertzaintza trabajan frente a doce pantallas que barren de manera exhaustiva cada rincón de la ciudad. Ollerías, Arriaga, Gran Vía... allá donde estalla un problema recaen los ojos de los guardianes de la villa, que por unas horas abrirán su mirada a todos los ciudadanos.

Palacio Chávarri Moyúa Rincones secretos

Pocos edificios sugestionan tanto la imaginación como los palacios. Y el de Chávarri no es una excepción. Las estancias de la sede de la subdelegación del Gobierno han alojado a monarcas, embajadores y, según la leyenda, incluso al espíritu de una antigua empleada. Fue Víctor Chávarri, un prolífico empresario y político vizcaíno de finales del XIX, quien encargó su proyección al arquitecto belga Paul Hankar tras quedar prendado del estilo neoflamenco durante sus años de estudiante en Lieja. El resultado se aprecia en una de las fachadas más emblemáticas de la ciudad, que aún atesora detalles desconocidos. Prueben, por ejemplo, a tratar de encontrar dos pares de ventanas idénticos en ella.

Si les quedan fuerzas tras intentarlo quizá ha llegado el momento de seguir ahondando en sus misterios, que desbordan su interior. Los juegos de espejos de una sala que muchos comparan a Versalles desembocan en otra estancia, que Chávarri usaba como despacho. En la chimenea aparecen tallados un sol y un águila de inspiración masónica. «Siempre se ha dicho que Víctor Chávarri era masón», apunta Elsa, una de las trabajadoras del palacio que guiará la visita, tras cruzar el umbral de la sala de los fumadores. La estancia, donde las conversaciones flotaban entre humo denso, está revestida por panelados de madera. Tras uno de ellos se oculta un ascensor. Aquí nada es lo que parece.

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