El joven atropellado en Bolueta: «Me dejaron tirado en la cuneta»

Estela, una de sus hermanas, besa a Cristian, que hoy recibirá el alta médica de Cruces. /Ignacio Pérez
Estela, una de sus hermanas, besa a Cristian, que hoy recibirá el alta médica de Cruces. / Ignacio Pérez

Cristian Andrés Betancour exige al autor de sus lesiones que «asuma la responsabilidad»

LUIS GÓMEZ

Cristian Andrés Betancourt ansía levantarse por sí solo de la silla de ruedas en la que está postrado, regresar a Londres para trabajar y seguir aprendiendo inglés -su gran pasión- y volver a telefonear «tres o cuatro veces» al día, como hacía antes del accidente, a su madre, «la mujer más importante de mi vida». Pero antes, este colombiano de 33 años desearía encontrarse con el conductor del BMW que a punto estuvo de acabar con su vida al arrollarle en Bolueta el día de Navidad, cuando regresaba de la discoteca Fever, y decirle tres cosas: «Le rogaría primero que se llevara la mano al corazón, después le pediría que respondiera como una persona adulta y asumiera su responsabilidad, y finalmente ayudara a esa otra persona a cumplir sus sueños».

Esa ‘otra persona’ a la que se refiere es, evidentemente, él mismo, el joven que recaló hace diez años en Bilbao junto a tres de sus hermanas procedente de la localidad de Pereira, en Colombia. Y el mismo que ingresó en estado crítico en el hospital de Cruces el 25 de diciembre, a las 8.30 horas, al ser arrollado por un conductor que sigue en paradero desconocido. «Justo antes de llegar usted estábamos hablando de que esto es un milagro total. No nos los creemos. Somos creyentes y no nos ha quedado otra que aferrarnos al poder de Dios. El parte médico dijo que Cristian entró casi muerto en Reanimación y el ‘casi’ es prácticamente muerto», zanja su hermana Estela, que le pasea por los pasillos del centro. «Le han roto su paz, le han dañado su trabajo y a nivel familiar nos han destruido a todos», se lamenta.

La clave

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días estuvo sin abrir los ojos, por lo que los médicos se temieron lo peor.

Cristian estuvo casi tres días en coma inducido y sin abrir los ojos, por lo que los médicos se temieron lo peor. Ayer le hicieron una resonancia y probablemente hoy, «si Dios quiere», recibirá el alta «e iré a casa». Después arrancará un largo periodo de rehabilitación, que le conducirá todos los días al hospital de Gorliz. «Mis amigos pensaban que no salía de esta. He hablado con algunos y me juraron que me vieron muerto», explica con importantes dificultades al hablar.

- ¿Cómo se encuentra ahora?

- Muy enfermo, pero, gracias al Señor, recuperándome. Hay mucha diferencia de como vine a como estoy ahora. Voy sanando bien.

«Yo soy su mamá»

Licenciado en Informática, no se acuerda «de casi nada» del accidente: «Sé que regresaba a casa... Y poco más». Sí es consciente de que «hasta los médicos» se han sorprendido de la «rápida y buena» evolución de su recuperación. Estela, Sandra y Viviana, sus hermanas, y Soraya, Llesy Katherine e Isabel, sus tres sobrinas, han sido su apoyo. «Dios quiera que no le pase nada y salga adelante, pero le cuesta hablar», asegura, compungida, Estela. «Ahora es como mi hijo. Yo soy su mamá y me lo llevo a mi casita. Tendrá que realizar ejercicios de concentración porque hay veces que no maneja los tiempos. También deberá hacer terapia de movilidad, porque solo es capaz de caminar con nosotras. La terapeuta nos ha explicado cómo le tenemos que llevar, traer... Ignoramos cuánto durará esto. Ya nos han advertido que irá para largo y muy poco a poco», desvela.

También lo sabe Cristian, que acepta resignado: «Tuve bastante mala suerte, pero sigo vivo», se felicita, mientras muestra su pesar porque ninguna persona le socorriera tras el siniestro. «¡Muy mal lo que han hecho!», protesta con tono enérgico. «Me dejaron tirado en la cuneta y no han asumido la responsabilidad». Pese a su carácter vitalista, Cristian cae a veces en el desánimo y «se enrabieta. Se pregunta a menudo ‘¿por qué me ha pasado esto a mí?’. Yo intento hacerle entrar en razón y explicarle que desafortunadamente le ha tocado a él, pero que no puede vivir con esa rabia encima», afirma su hermana.

«El parte médico decía que Cristian entró prácticamente muerto en Reanimación» La hermana

Amante de la música electrónica y de los viajes, Cristian asume que tiene que empezar de cero. «Quiero estudiar todo lo que pueda, terminar con esto cuanto antes y volver a Londres, donde me están esperando. Allí trabajaba bien, aunque me hacía mucha falta España porque echaba de menos a la familia», subraya con aire cansino, pero convencido de que sacará fuerzas «de donde sea. Voy a ser capaz. Tendré que recuperarme porque quiero seguir siendo un ser humano. He vuelto a nacer y quiero cumplir mis sueños», reflexiona.

También quiere aprender «bien» inglés, «espabilarme» y, por supuesto, tampoco renuncia a seguir disfrutando de la fiesta. «Me encanta. Fue una de las razones por las que fui también a Londres». Espera escuchar pronto a Coldplay, por los que siente devoción. «Disfruto con la música electro-rap», detalla. «Casi no parece latino», bromea Estela, mientras su hermano, que no le aparta la mirada, piensa en su madre, María Edilma Londoño. Residente en Colombia, fue operada hace tres meses del corazón. «Se le averió una coronaria al hacerle un cateterismo. Preguntaba a mis hermanas ‘¿Por qué Cristian no me habla? Casi enloquece al enterarse de lo mío. Pienso en ella. La quiero mucho. Sigue siendo la mujer más importante de mi vida», concluye.

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